Los Loas y la religión haitiana (9) La familia Rada

La familia Rada es una de las más benevolentes de la tradición del vudú, se caracteriza por el color blanco (la claridad), aquella que permite ver y dar luz a los problemas. En ella se aparecen antiguos dioses africanos como: Papa Legba, Damballah, Ogoun, Sogbo, Agwe, Loco; otros dioses mutan, tales como: Oya-Yanza que se transforma en Ayizan, los Ibisy en los Marassas; Nana, Oshun y Yemanja se funden y dividen en Erzulie Freda, La Sirena y La Ballena. Aparece Zaka, reemplazando o Orisha Oko, y las santas Filomena y Clara se reconfiguran en Filomez y Clermezis (Klemezin Klemay), entre otros miembros.

Papa Legba (Ellegua, Legba, Exu, Eshu), como sus equivalentes africanos, es el intermediario entre los espíritus y la humanidad, abriendo y cerrando las puertas entre este mundo y el otro; es por ello él más importante de los dioses del panteón vudú, ya que es el que permite la comunicación entre los vivos y los muertos, entre los hombres y los Loas. Los ritos inician con él y cierran con él. Se dice que Papa Legba habla todas las lenguas humanas; generalmente aparece como un anciano con muletas o con bastón, con un sombrero de paja de ala ancha y fumando una pipa, o rociando agua. El perro y el gallo son sagrados para él. Debido a su posición como ‘portero’ entre los mundos de los vivos y los muertos, es a menudo identificado con San Pedro, que ocupa una posición comparable en la tradición Católica, pero también con San Lázaro (representado como un anciano con dos perros), o con San Antonio (un santo que carga al niño dios). Otras versiones lo describen como un niño, y en esta apariencia se sincrétiza con el Santo Niño de Atocha. Cuando se le invoca su presencia se reconoce por que le gustan los dulces, los juguetes y el coco como ofrendas.

Papa Legba

Hace mucho tiempo, Mawu, el más grande de las diosas, vivió entre los demás Loas. Sus dos hijos (gemelos), Legba y Kalfu, llevaban a cabo su voluntad, si algo bueno hacian los pobladores del pueblo, Legba iba a contárselo a la diosa madre; pero si incurrian en en el mal, Kalfu era quien cumplia esta labor. Legba y Kalfu eran tan parecidos, sin embargo, que la gente creía que eran una persona y comenzaron a odiarlos a ambos por igual. Legba encontró que la gente lo evitaba por pensar en las cosas que Kalfu había hecho, y se dirigió a su madre para quejarse. Mawu le dijo que eso era algo que tendría que aceptar, ya que nunca iba a cambiar. Cansado de ser visto como un dios maligno para su pueblo, Legba escuchó el decreto de Mawu al pueblo, de que todo aquel que le robara los ñames sería duramente castigado. En la oscuridad de la noche, Legba se puso los zapatos de su madre y le robo el jardín, tomando todas las ñame. A la mañana siguiente, Mawu estaba furiosa por perder su cosecha y exigió que se encontrara al culpable, pero los pies de nadie era iguales a las huellas en el jardín, por fin, encontraron que sólo los zapatos de la diosa se correspondían con las huellas, y todo el mundo creyó que se había robado sus propios ñames. Humillada, ella se retiró del mundo humano, pidiéndole solamente a Legba que le recordara de decirle cómo iban las cosas de vez en cuando, a partir de entonces, Legba es libre de ser benevolente, y la gente llegó a reconocer que él y Kalfu no eran los mismos.

Damballah, llamado entre los brasileños Oxumare (Oshumare), es uno de los más importantes Loas; es el dios del cielo y considerado el creador de toda vida, padre de todos los Loas. Como fuente de la vida, también está fuertemente asociado con el agua y la lluvia.

Damballah

Tiene más asociación con la sabiduría, la paz, la pureza, la benevolencia, la vida misma y la inocencia; rige la mente, el intelecto y el equilibrio cósmico; es el protector de los minusválidos, los deformes, tullidos, los albinos y los niños pequeños. Damballah es también conocido como Bon Dieu (El Buen Dios). Su veve (símbolo) comprende dos serpientes prominentes; ello es indicativo de su origen en los dioses Damballah Wedo y su contraparte femenina Aida Wedo. Damballah es representado con una serpiente y con la imagen católica de San Patricio (el santo que expulso las serpientes de Irlanda). Como jefe de la familia Rada se la asocia el blanco, los huesos, el marfil y el jueves, día en que la gente viste de blanco, y utiliza paños blancos para decorar sus santuarios. No se le invoca usando tabaco y alcohol (las razones de esto en su mito originario, salvo el anís blanco), se le invoca con leche, leche de coco, arroz, pan blanco, huevos blancos, aunque acepta nueces, miel y harina de maíz blanco. Las ceremonias para Damballah son muy elaboradas, y todas las reglas se deben seguir al pie de la letra, destacando en primer lugar que todo el mundo debe estar vestido con ropa recién limpias, blancas inmaculadas, las mujeres tienen que tener la cabeza atada con pañuelos blancos de seda. Cuando entra en el invocante no habla, sino que emite silbidos similares a los de las serpientes. Así como Shangó y Ogoun suelen ser los principales Loas, Damballah es reconocido como la figura del padre sabio que guía a todos. Un dios de la creación y de los ritos misteriosos que nunca explicó incluso a sus seguidores, es un portavoz de los muertos y una figura que inspira respeto incluso de los más exaltados de los guerreros, él ejerce poderes desconocidos de sanación y bendición; y almacena el recuerdos de todo en el panteón de su mente insondable.

Entre las historias que se cuentan de sus poderes tenemos aquella de un campesino pobre llamado Kakpo que hacía mangos de madera para ganarse la vida, y un día llegó a un árbol y comenzó a cortar la madera. Damballah, que vivía en el árbol en su forma de serpiente, habló al hombre y le dijo que no cortara el árbol, proclamando que era sagrado y que se ofrecía a concederle grandes riquezas si se iba y recordaba hacer un sacrificio de un buey a él dentro de un año. Pensando que el árbol mismo estaba hablando con él, Kakpo tuvo miedo y estuvo de acuerdo, y Damballah dejó caer siete frutos del árbol, dándole instrucciones para llevarlos a otra parte y abrirlos. Cuando lo hacía, grandes riquezas surgieron de ellos, y pronto el hombre tenía muchas casas, siervos y bestias finas, que surgieron de los frutos, y empezó a vivir como un rey. Sin embargo, se olvidó de hacer el sacrificio que debía a Damballah, pensando seguramente que a un árbol no podría importarle tanto.

Damballah bajó del árbol en la forma de un hombre y se fue a la ciudad de Kakpo, donde pidió verlo. Los campesinos lo trataba con amabilidad, pero los guardias y ministros de Kakpo lo golpearon y lo despidieron, diciendo que era muy poco para hablar con un gran hombre. Damballah volvió otra vez, mientras la gente estaba celebrando a Kakpo, y se unió a la multitud y clamó a gran voz cantando claro para todo el pueblo bailara. Todos quedaron encantados al instante por su voz potente y uno por uno bailaba hasta que desapareció, y las bestias y los edificios de la ciudad se vaciló y desapareció, hasta Kakpo no fue una más que otra cosa que un pobre campesino. Molesto, Kakpo regresó al árbol para rogarle re-consideración y prometió un nuevo buey, pero el dios nunca habló con él de nuevo.

Ogoun (Ogun, Oggún) se transformó en el principal dios de los haitianos, tras la revolución de Haití en 1804, a quienes los esclavos invocaron para pedir que los liberara; es equiparable así al Zeus griego o al Júpiter romano. Ogoun como dios africano de la guerra, la sangre y hierro, es un líder, un luchador feroz y de indomable mente; ataca con un puño de hierro. Nunca explosivo o impetuoso, representa la cabeza fría y el liderazgo confiable en el campo de batalla. Se le describe como el primero en descender al mundo para enseñar a la humanidad, es un líder entre su pueblo y dios patrono de la industria y la artesanía, un obrero metalúrgico de gran habilidad, dios del fuego y hierro, además de ser crador de la política y la discusión entre hombres y Loas; por ello es el patrón de civilización y la tecnología, de las herramientas de progreso (arados, cuchillos, armas), se le llama ahora para ayudar a las personas a obtener un gobierno más sensible a sus necesidades. Por su vinculación con el fuego y la sangre se le invoca también para curar las enfermedades vinculadas al vital liquido. Es además invocado para llevar el trabajo a los desempleados, así como un dispensador de la venganza en nombre de los agraviados.

Ogoun -

Ogoun, a diferencia de sus muchos hermanos, es conocido por recibir ocasionalmente sacrificios de sangre. Como él es tan poderoso, potente y triunfal, puede también ser peligroso y destructivo. Las descripciones tradicionales lo ponen como un fuerte hombre que viste ropas verdes y negras, armado con un machete. Cuando el invocador, quien por lo general es de sexo masculino ya que el dios se le vincula con la imagen fuerte y agresiva de este genero, llama al Loa, lo hace masticando un puro y bebiendo el licor, el cual se vierte en el piso y se le enciende. Al dios le agradan las ofrendas de licor y los puros; su presencia se reconoce por agarrar objetos de metal (cuchillos, machetes, etc.). En la tradición africana Ogoun es esposo de Oyá y Oshun, e hijo de Yemanja y Orungan (o de Obatala y Yembo); pero en la tradición americana su esposa en Erzulie (una diosa nacida en América y vinculada a la fertilidad y el amor).

En el Candomblé Brasileño se asocia a Ogoun con San Jorge, el matador de dragones, en el Lucumí, la Santería y el Palo Mayombe se sincrétiza con San Pedro (por las llaves de hierro), en el vudú con San José (el constructor) y con Santiago el Mayor (que el algunas de sus imágenes recuerda a San Jorge, a caballo y con lanza, ya que se le conoce también como Santiago el Matamoros).

Agwe

Otro dios importante en la tradición haitiana es Agwe el Loa que gobierna el mar, los peces y las plantas acuáticas, es el patrón de pescadores y marineros (a semejanza del Neptuno romano). Agwe, conocido también como Almirante Agwe, es llamado más como Met Agwe Tawoyo (Master Agwe is the highest = El amo Agwe es el más grande) se le concibe como un atractivo mulato, de ojos verdes y a menudo vestido con un uniforme de oficial naval. Es considerado como un caballero que inspira respeto y encarna los ideales de masculinidad, incluyendo valentía, protección y provisión. Las ofrendas a Agwe son hechas en balsas construidas que se dejan flotar al mar (tradición que ha pasado a la Yemanja en Brasil, donde en año nuevo los devotos hacen sus ofrendas a la diosa del mar y piden sus deseos para el nuevo año). Si las balsas se hunden es que Agwe ha aceptado la ofrenda, por el contrario si la balsa regresa a la costa la ha rechazado y es necesario buscar una nueva ofrenda.

Agwe es maniático de la puntalidad, el reloj es uno de los objetos que suele agarrar cuando es invocado. A diferencia de otros Loas, él no pide más de lo que necesita, a veces ni siguiera pierde el tiempo en eso; en su invocación quien practica el rito debe tener cerca mucha agua, ya que se siente mucho calor cuando entra en el cuerpo del invocante; pero hay que tener cuidado de no estar cerca de fuentes de agua, porque el dios puede hacer saltar al invocante en la misma y ahogarlo. Su veve (símbolo ritual) es un barco con velas.

Agwe es el dios del mar, el gobernante de todos los peces y la vida acuática y el dios patrono de los que se ganan la vida en el océano. Uno de los más antiguos Loas, está casado con la volátil Erzulie y la sensual Mami Wata (Yemanja / La Sirena), dos mujeres que encarnan las corrientes impredecibles de su casa en el mar, también es el señor del inframundo, transportando almas muertas de un lado a otro en su. Más viejo y más venerado que muchos otros Loas, él es un hombre cuyo porte inspira respeto pero cuyo aire de otro mundo le hace incómodo estar ahí, y su temperamento nunca es predecible, a veces profundo y melancólico como las profundidades insondables y, a veces tan rápido furioso como una tormenta en el mar.

Agwe llevaba mucho tiempo casado con Mami Wata, el gran espíritu del mar, cuando su porte orgulloso llamó la atención de Erzulie, la diosa del amor. Ella lo encontró misterioso e intrigante, ya que rara vez llegaba a la costa y hablaba con otros Loas, queriendo para sí misma, ella trató de seducirlo; pero encontró para su sorpresa que él apenas se dio cuenta de su presencia. Sorprendida y enferma de amor ahora, Erzulie comenzó a ser consumida por un estado tal que los otros Loas llamaron a Agwe a que volviera a la orilla y restaurar su salud para con su presencia. Agwe consentido llegar a la orilla, pero cuando Erzulie exigió que se casara con ella, él le dijo que no podía, Mami Wata, el océano indomable, era un ser celoso y se enfadaría mucho si ella pensaba que podría amar a otra más que a ella. Sin desanimarse, Erzulie llegó a un acuerdo con Agwe, se casó con ella esa noche en la tierra, y cada vez que visitaba la costa actuaba como su marido, pero cuando volvía al mar le pertenecía sólo a Mami Wata, la diosa del mar que nunca tocaba la costa y se mantuvo desde entonces la relación.

La Sirena

La esposa oficial de Agwe es La Sirena (nombre dado en Haití a Mami Wata o Yemanja); mientras Agwe es representado como hombre, La Sirena es mitad mujer y mitad pez, y la madre de esta es La Ballena, un ser totalmente marino. Así esta trilogía representa los tres niveles en el mar; Agwe se ubica sobre la superficie, La Sirena entre el aire y el mar, puede ir de la superficie a la profundidad marina y La Ballena habitante de las aguas profundas, mostrando los distintos niveles de los sentimientos y las emociones, profundamente escondidos, aflorando y plenamente visibles. La Sirena y La Ballena suelen estar juntas, y cuando La Sirena entra en un invocante habla en perfecto francés, algo que puede ser ofensivo a las clases más humildes, señalando con ello que ambas (La Sirena y La Ballena) pertenecen a la clase alta.

Agaou

El dios de las tormentas, el poderoso huracán que llega desde el mar; el gran tronador (truenos y relámpagos) se le conoce como Agaou, también es asociado a los sonidos aterradores vinculados a temblores de tierra y los maremotos (lo que hace que algunos lo pongan como una forma de Agwe, el loa del mar y sus tormentas). Cuando el invocador recibe a Agaou, los trances inducidos son tan violentos que ha habido muertes asociadas a su fuerza incontrolable. Se presenta a si mismo señalando que ‘Yo soy el artillero de dios, el rugido cuando la tierra tiembla‘. Agaou se sincretiza con San Miguel Arcángel, misma imagen usada para el dios Shangó. En la tradición vudú de la República Dominicana, esta imagen recibe el nombre de Belie Belcan, cuya pareja es Anaisa (una forma local de Erzulie), una Loa sincretizada con la imagen de Santa Ana (a Anaisa le corresponde la imagen de la niña María que siempre acompaña a Santa Ana), Anaisa  es equiparable a la Oshun de los Yoruba, esposa de Shangó (una clara correspondencia de dioses). Belie Belcan se le considera el santo patrón de la justicia que nos defiende contra el mal y los enemigos.

Agaou suele ser acompañado por dos hermanos gemelos: Sogbo (el dios del rayo) y a Bade (el dios del viento). Sogbo, o Gran Sogbo, como también se le denomina es el dios del cielo africano de los pueblos Fon y equiparable al Shangó del pueblo Yoruba. Sogbo es el Loa de la fuerza; conocido por su poder y valor como guerrero. Cuando posee a alguien, esa persona debe vestir como un general en el ejército; y se dirige a la congregación como un general dirigiendo a sus tropas. Los sacerdotes vudú usan su imagen para ser figuras respetadas en sus comunidades; y debido a la fuerza que adquiere de sus seguidores, la presencia Sogbo es continuamente solicitada para brindar seguridad y protección a la congregación. Él protege contra los espíritus salvajes, tiene poderes curativos y se le invita a menudo para curar la enfermedad del origen sobrenatural de sus devotos (características que comparte con Shangó). Sus ofrendad favoritas son la carne de cabra y oveja; y sus servidores usar pañuelos de color blancos y limón, que son sus colores favoritos.

Sogbo & Bade

Pero fuera de este contexto, Sogbo y Bade son representados en la tradición vudú siempre juntos con las imágenes de los santos hermanos Cosmos y Damián. Representación se corresponde también a los Marassa Jumeauxare, los gemelos divinos, niños que la tradición los pone más antiguos que cualquier otro Loa, algo que los iguala también a los dioses del pueblo fon: Sogbo y Sagbata. Otro elemento de correspondencia entre Sogbo y Bade y los Marassa es que estos ambos son símbolos de las fuerzas elementales del universo; los Marassa bajo la forma de dos niños son equiparables a los Ibisy Yoruba, siendo en la tradición vudú dos niños muertos y ahora como fantasmas son símbolos de las fuerzas elementales del universo personifican el enlace entre el cielo y la tierra. En la tradición Dahome tenemos que Sogbo es dios del cielo y Sagbata señor de la tierra. Existe una versión de trillizas, bajo este aspecto de tres chicas representan: el amor, la verdad y la justicia, en este caso se les pone como imagen las Tres Damas de Egipto (María, María Magdalena y María de Betania) o con las tres virtudes teologales (Fe, Caridad y Esperanza), siendo conocidos en esta forma como Marassa Twa.

Ayizan

Oyá (Yansa) es la diosa yoruba de las fiestas, los vientos, los huracanes, los relámpagos, la fertilidad, el fuego y la magia. Ella es también guardiana de los cementerios y el inframundo. En la mitología yoruba, Oyá es la diosa del río Níger. Su propósito es la conexión ancestral y el éxito en los mercados, y se la llama cuando un gran cambio cuando se necesita. Oyá es una guerrera poderosa. Ella personifica el poder femenino y la justa ira. Oyá ha sido sincretizada en la santería con las imágenes católicas de Nuestra Señora de la Candelaria (Nuestra Señora de la Presentación), Santa Teresa, Santa Barbara y Juana de Arco. En el vudú, y especialmente en Haití, se le reemplaza por Ayizan (también Ai-Zan , Aizan o Ayizan Velekete) que es la Loa del mercado y el comercio; entendido más como el acto que permite el trato entre este mundo y el otro, recordemos que Oya Yanza es la diosa que cuida las puertas del otro mundo.

Loko

A Ayizan se le pone como esposo al dios Loco (Loko), desplazando a la compañera natural del dios africano, la diosa del hogar Ayaba. La razón de este acomodo se presenta en el papel de la diosa Ayizan, que representa a la Mambo (la sacerdotisa), mientras que Loco es Hougan (el sacerdote). Loco es por un lado un dios y por otro el nombre de un árbol que crece en Benin (África) de unos quince metros de altura. En el culto africano se tiene correspondencia entre Loco y los dioses: Iroko (el árbol de los deseos) y Ossain (Osanyin, dios de la naturaleza virgen, de la salud y la curación). A Loco se le ubica con la imagen de San José (el esposo de María), y se le muestra en la estampas cargando al niño; por tanto se le vincula como el ‘padre’ que guía a los futuros Hougans; mientras que la diosa Ayizan se sincretiza con Santa Clara de Asís (de la rama femenina de la congregación de San Francisco de Asís), siendo su símbolo más común el de la hoja de palma, (otro símbolo cristiano vinculado a Cristo y a las fiestas de Pascua) siendo los colores de ambos dioses (Loco y Ayizan) el amarillo (oro) y el blanco (plata). Al dios Loco en la tradición de Louisiana se le asocia también con Joseph Danger (José Peligro), bajo este aspecto presenta una forma negativa del dios; y el nombre parece derivar de la imagen con la que se sincretiza el dios, San José. Así mientras Loco representa el maestro que enseña y entrena; Joseph Danger es el que engaña y oculta las verdades, nos separa del camino; confundiéndose también a Joseph Danger con una forma negativa de Papa Legba, forma que en la familia Petro adquiere su propio nombre Kalfu (Carrefour = encrucijada), y que representa a la mala suerte.

Zaka

Zaka (Azaka, Kouzen Zaka —Cousin Zaka = Primo Zaka—) es el Loa de la agricultura. Él es un trabajador muy duro y trabaja muy rápidamente para lograr lo que se le pide. Él es un Loa campesino que disfruta de las cosas sencillas de la vida, y muy popular en todo Haití. Zaka lleva un sombrero de ala ancha de paja, un djakout (saco de paja) y una hoz o machete. Zaka es un maestro en el tratamiento de enfermedades con hojas y hierbas, y es conocido por mantener sus más importantes hierbas en su Djakout, así como un poco de ron, velas y un par de otros ingredientes que utiliza en el tratamiento de enfermedades. Zaka no es tan atractivo como Erzulie, o tan bullizioso y divertido como los miembros de la familia Ghede, a quien se le pone como un pariente cercano; e incluso no tiene tanta atención como otros Loas, pero es entre los haitianos un Loa mayor y tiene la reputación de gran trabajador y amigo de los pobres, por ello muy venerado.

No hay un equivalente directo entre Zaka y algún dios africano, aunque algunos remontan su nombre a algún espíritu menor de las selvas africanas. Lo que es seguro es que su origen parece ser posterior a la revolución en Haití, cuando los esclavos africanos escaparon de las plantaciones y se refugiaron en el interior de la selva, lejos de las grandes poblaciones. En estas espesuras los negros cimarrones (como se les denomina a los esclavos fugitivos) aprendieron a vivir de una agricultura de subsistencia (conucos), con los cuales apenas podían alimentar a la familia, lejos de centros de salud, escuelas, y de la violencia sangrienta que siguió a la revolución haitiana, que terminó acabando con la vida en las ciudades y en las plantaciones. Así, en contacto con los indios y sus espíritus del bosque surgiría Zaka, que parece ser la fusión de creencias indígenas y africanas. Zaka paso a ser reverenciado por este nuevo campesinado de escasos recursos, al pedirle ayuda con las cosechas. Siendo su animal es el gallo rojo y se sincretizó con San Isidoro.

Aunque la idea de asociar a un Loa con un santo católico para ocultar la religión africana de los amos católicos es un tema común en todos los tratados sobre el vudú; hablar de un Santo está transformando en un Loa es algo muy inusual; eso no quiere decir que no haya ocurrido. Entre los más conocidos que experimentaron esta conversión a la inversa fueron: Santa Filomena y Santa Clara de Asís.

Filomez

Filomena, fue una joven mártir de la Iglesia primitiva que durmió en el olvido de la historia hasta el hallazgo de sus restos mortales el 24 de mayo de 1802. Ocurrió en el día de María Auxiliadora, durante una de las excavaciones que se hacen constantemente en Roma. En una tumba habían tres losas juntas que cerraban la entrada y en ellas había una inscripción que estaba rodeada de símbolos que aludían al martirio y a la virginidad de la persona ahí enterrada. Los símbolos eran: ancla, tres flechas, una palma y una flor. Al abrir la tumba descubrieron su esqueleto de huesos pequeños y notaron a la vez, que su cuerpo había sido traspasado por flechas. Al examinar los restos los médicos atestiguaron la clase de heridas que la joven mártir recibió y los expertos coincidieron en calcular que la niña fue martirizada entre la edad de 12 o 13 años. Era tradición de la época de su muerte depositar entre los restos mortales un frasco que contenía la sangre del difunto. Cuando la sangre fue transferida por los estudiosos a otro frasco sucedió un hecho extraordinario; para asombro de los presentes se vieron que las pequeñas partículas de la sangre seca cuando caían en el nuevo frasco, brillaban como oro, diamantes y piedras preciosas, y resplandecían en todos los colores del arco iris. Hasta el presente, se puede observar en algunos momentos de gracia, que estas partículas cambian de color. La historia perdida de Filomena fue dada por la santa a tres personas por medio de visiones, quienes relataron como la chica había sido prometida al emperador, pero ella deseaba ser sierva del señor; por ello el emperador la mando a matar usando a sus arqueros. En 1837 el Papa Gregorio XVI dio completa autoridad a su culto en todo el mundo católico y por toda la eternidad, recibiendo luego el título de ‘Patrona de los hijos de María‘.

En Haití la santa paso a ser reverenciada como Filomez con la imagen de la chica joven vestida de rosa, que lleva con una hoja de palma o flechas y un ancla. Se la pone como una hermana menor de la diosa Erzulie (diosa del amor), ya que como la anterior le gustan las ofrendas de perfumes. Es descrita como una chica alegre que trae la prosperidad, y cuando entra en el invocante camina de rodillas y agarrando un ramo de flores, esparce sus pétalos en el suelo, o en otras ocasiones se pone a barrer toda la negatividad del lugar. Es una Loa vinculada a las aguas y es conocida por revelar secretos en los sueños.

Klemezin Klemay

Santa Clara de Asís, por otra parte, fue la fundadora de la Orden de las Clarisas, orden religiosa femenina equivalente a la de orden los monjes franciscanos. Esta joven venida de buena familia abandonó a su familia a los quince años y tomo los votos de pobreza, votos que mantuvo hasta su muerte a la edad de casi sesenta años. En su vida precaria y dura tuvo muchos problemas de salud, pero su fe mantuvo al convento a su cargo de ser atacado en una época de guerras entre el papado y los reinos vecinos. Los lugareños le atribuyen a la Santa en vida haber detenido al ejército invasor de Federico II, quien fue rechazado por una tormenta cuando intentaba tomar el convento a su cargo. Así la imagen de la santa es deteniendo al poderoso enemigo.

La orden de las Clarisas se convertiría con el tiempo en el lugar donde las familias ricas enviaban a sus hijas a educarse, lugar para mantenerlas seguras y vírgenes hasta el momento de ser desposadas en compromiso. Por ello uno de los primeros conventos de monjas en Haití fueron de esta congregación. Quizás por ello Santa Clara entró en el panteón vudú como la Loa Klemezin Klemay. Aunque Clara de Asís fue una anciana piadosa cuando sucumbió a las enfermedades y dura vida en el siglo XIII, ella es imaginada en el vudú como una chica joven y vivaz (imagen dada por los conventos). No es inusual que las poseídas por Klemezin salten alrededor como niños, y como Filomez también suele tomar una escoba para barrer la mala suerte fuera. A Klemezin a menudo se ofrecen pasteles dulces con glaseado de color azul claro o blanco. También es aficionada a las flores de los mismos colores y sus devotos llevan pañuelos y prendas de iguales colores. Extrañamente, se piensa que ama el perfume, algo con que misma Santa Clara seguramente no tendría nada que ver. Ella es llamada para pedir claridad de pensamiento y visión, se le llama si se necesita ayuda para elegir el mejor camino en cualquier situación, su espíritu amable y enérgico está siempre listo para venir en su ayuda sin dudarlo.

Los Loas y la religión haitiana (8) Los mitos africanos originarios (Los Orishas menores)

La esposa de Inle es la diosa Abatá, reina de las playas de arena y los pantanos, papel que comparte con Elusú, el espíritu de las arenas. Otros hermanos y hermanas, también vinculados a las aguas, e hijas de Yemanja, son: Egbe, quien rige sobre las aguas estancadas y el agua de las tinajas; Ikokó, señor de las plantas acuáticas; Olona, que reina en los lagos, mientras Olosa es señora de las lagunas; Osará habita en las caídas y cascadas y Agganá, es el espíritu de la lluvia.

Abatá

Otros dioses menores, estos vinculados estos a la música, son: Aña, que habita en el sonido de los tambores, Fride en los sonidos de los instrumentos de cuerda y Poolo el espíritu de la música de los instrumentos de vientos. Finalmente habitantes de la noche tenemos a Irawó, señor de los astros, Onírawó; quien rige sobre los cometas, Oshupá; representa a la luna y Agba Lodé es el espacio infinito.

Aye

Poco conocido en tierras americanas, pero muy conocido en África tenemos a Ayé o Ajé Shaluga (Kobo) es el dios de la suerte y la fortuna; como la mayoría de otros dioses y diosas de la fortuna, se le califica de volátil y voluble, y se decía que daba sus dones de forma caprichosa y favoreciendo a los que menos la necesitan. Ayé es también el tesorero de los orishas, el encargado de mantener y proteger las riquezas minerales del planeta. Algunos dicen que es varón y otros que es hembra, además, creen que no tiene brazos. Otro dios vinculado a la suerte, pero en este caso es el destino que te ha tocado es Ori. Como su equivalente griego, el dios Fatum, las decisiones dadas por Ori no pueden ser alteradas por ningún otro Orisha.

Iyami

Iyami Oshooronga es la diosa de las brujas y hechiceros; en la tradición Yoruba, se cree que Oloddumare, el Creador del mundo, es bueno y quiere que el hombre tenga la mejor vida posible, pero existen elementos evidentes de maldad que alteran y rompen el flujo ordenado y uniforme de la vida. Se introduce la brujería para explicar las desgracias, así como cuando en vida social y doméstica surgen ansiedades y tensiones, cuando las cosas no marchan de acuerdo con lo previsto, cuando hay infecundidad, esterilidad, depresión o miseria, terribles accidentes, o muertes prematuras, fracasos en los negocios, en los estudios y otras actividades, los africanos culpan a la brujería. De esta forma, cuestiones que de otra manera hubieran resultado difíciles de explicar, encuentran una sencilla justificación.

Iku

Entre los espíritus malignos tenemos a Iku, la muerte misma, pero se acompaña de otros como Abiku, que traduce predestinado a la muerte, y que es el responsable de la muerte de los niños en su infancia y los que mueren jóvenes de forma sorpresiva. Abita que es el demonio mismo, la maldad encarnada; es visto como la forma negativa de Ossain, el dios de la naturaleza. Abita se suele acompañar por Ogueday, Iyabafún y Osawani.

Según los mitos Obanala y Abashele eran dos hijas de Obbatalá. Una noche aprovechando la salida de su madre, ambas emborracharon a su padre y se acostaron en él. Las consecuencias de esa noche se vieron a los pocos meses, cuando Obbatalá se percató del crecimiento de sus vientres, les reclamó saber quien era el hombre con quien habían estado para pedir el pago del agravio, pero ellas callaron. Obbatalá consultó a Orunmila y este reveló el pecado. Furioso Obbatalá quiso matar a las desgraciadas, pero Orunmila lo detuvo y sólo fueron expulsadas y condenadas a vivir siempre solas. Hijos de esa unión fueron Iyabafún y Osawani; quienes al estar solos en el mundo terminaron acostándose entre ellos y nacería Ogueday, que se volvió el desasosiego y la intranquilidad; sus padres pasaron a representar el pecado y el desenfreno sexual.

Oggán, Ogbón y Ogboni

Entre los guardias o acompañantes de los principales dioses tenemos a: Oggán, Ogbón y Ogboni que son los guardias de Obbatalá y de los secretos místicos de la tradición. Oggán era en sus primeros tiempos siervo de Aggayú, que reinaba en la tierra en ese entonces. Shangó que vivía con Aggayú deseaba el trono de su hermano (aquí hablamos del rey de Oyo) y convenció a Oggán de que evitara que llegaran los tributos de otras tierras. Oggán se prestó al trato con ayuda de sus hermanos Ogbón y Ogboni. Cuando no llegaron los alimentos, Aggayú consultó primero a Shangó, que era uno de sus guardias; este simplemente se disculpó de no saber. Aggayú consultó luego a Elegguá en secreto, quien le explicó lo ocurrido y por petición de Aggayú fue a detener a Oggán y sus hermanos. Cuando fueron traídos a la corte de Aggayú, los hermanos se salvaron de ser condenados a muerte por la visita de Obbatalá; quien pidió misericordia y estos pasaron a sus servicios en pago por salvar su vida.

Boromú y Boronsiá

Los dioses Boromú y Boronsiá (Bromú y Bronsiá, aquí en este aspecto son el rocío y la niebla) que son un par de hermanos que guardan los secretos de Oduduwa. Boromú es del dios de los desiertos, es descrito como un dios vinculado al reino de la muerte, ya que representa los huesos de los esqueletos, que es lo que queda de los hombres que se adentran sin saber en sus dominios. Boromú como dios infernal acompaña a Yewá en el reino de los muertos (los cementerios) y se enseñaron entre ellos a leer el oráculo (el destino). Boronsiá es el dios de los tornados y las tormentas de polvo; es una deidad infernal, guardian de las puertas de los cementerios. En algunas tradiciones Boromú y Boronsiá son los hijos de Yewá, que abandonados por su padre (Shangó), habitan donde las tormentas y lluvias no llegan (los desiertos).

Obacun es uno de los guardias de Shangó; mientras que Abokun (el rayo), es el fuego secreto que escupe Shangó cuando se está en guerra, o enojado. Alaromo es el compañero de Oggún y representa el poder de la guerra y el espíritu indomable; Oggún se acompaña en su fragua también con sus hijos Obekukako y Omotuto. Los guardias y mensajeros de Olodumare son Adán Beye y Adán Kolaye, quienes también acompañan a Abita (el dios del mal). Estos espíritus ejecutan los castigos de Olodumare; como cuando Obekukako y Omotuto ayudaron a la humanidad dándoles el don de la palabra y el lenguaje, hecho que molestó a Obbatalá (creador de la humanidad). Por ello Adán Beye y Adán Kolaye fueron enviados a castigar a los hermanos.

Ayarokotó

Alefi, es un dios del viento y mensajero de la diosa Oyá; otra de las compañeras y una de las siervas más fieles de la diosa de los vientos es Ajá o Ayaó, quien es otra diosa de la atmósfera, que fue una de las esposas de Olokun (el mar) y es puesta como madre de Ayarokotó (diosa de las olas), la mensajera de Olokun y Yemanja; que representa el horizonte donde el mar y el cielo se unen; y es la diosa de las olas del mar.

Aroni, era un guardia de Ossain, se le describe con una sola pierna y era el encargado de vigilar las hierbas medicinales, eso hasta que Ogbe, dios de las mentiras, que es un siervo de Eshu y un compañero de Oshosi (aquí como un dios de la justicia similar al bello Apolo) lo engaño y venció; por ello a cambio Aroni tuvo que entregar a Ogbe las hierbas que se requieren y que nunca deben faltar en los ritos.

Entre algunos de los dioses olvidados y/o menos conocidos encuentran Ayana o Ayama, río secreto en África que ha sido deificado como el río de la vida, es guardián de los secretos de la vida y vive en el centro de la tierra misma (un río subterráneo con aguas medicinales). Oba Molo Chun, una hermana menor de Obba; vinculada a la alegría de los hogares y el matrimonio. Otro dios del hogar es Olarosa, que se representa con un palo o una espada evitando que cualquier bruja o espíritu maligno entre al hogar. Osachin, es la patrona de los médicos; Oluweri, dios de los ríos y arroyos. Otro dios de los ríos es Igbá Omí, vinculado a los ritos de bautismo. Olimerin o Olori Merin, dios de las ciudades y pueblos, dispone de cuatro cabezas y patas de cabra; su culto ha desaparecido, probablemente debido al hecho de que requería el sacrificio de un recién nacido cada 3 meses.

Daddá

Korikoto es la orisha de la fecundidad y está asociada a los partos y la natalidad. Por su parte Obañeñe, llamada también Daddá y/o Agbañile, es la orisha de los recién nacidos y fue quien crío a Shangó cuando Obbatalá lo expulsó. Según esta versión Oggún había violado a su madre Yemanja (similar al mito de Orungan); Obbatalá ordenó que todos sus hijos varones fueran ejecutados, Eleggua/Eshu (el hermano mayor escondió a Shangó con su hermana mayor Daddá, quien le enseño el arte de curar; y ocultó a Orunmila bajo un árbol. Cuando Shangó creció su padre Obbatalá enfermó y Shangó lo fue a curar, salvándolo. A cambio de su vida Obbatalá perdonó la vida de sus hijos y Shangó rescató a su hermano Orunmila debajo del árbol, tumbando el mismo con su hacha; regalándole a Orunmila una mesa con la madera y el arte de la adivinación (Ifa). Es por eso que a Shangó se le vincula como un dios de la salud y es el primero que aprendió los secretos del Ifa.

Oroiña

Oroiña nació directamente de Olorun; representa la lava del volcán y la energía calórica del centro de la tierra, es donde nacen los terremotos, sus poderes forman las montañas, colinas y cordilleras; así se le considera la madre de Aggayú y hermana gemela de Orisha Oko.

Los Loas y la religión haitiana (7) Los mitos africanos originarios (Los otros grandes Orishas)

Pese a ser Oshun la esposa oficial de Shangó, este no fue su primer marido, estuvo desposada antes con Oggún (Ogoun , Ogún , Ogou, Ogum, quien es uno de los hermanos de Shangó y amigo de Eshu/Eleggua, al que considera un hermano más). Oggún es un dios telúrico, más parecido a una mezcla de Ares y Hefesto; e igual de violento que su hermano Shangó. Oggún es el dios de la guerra, los metales, el fuego y la política. Enseño a los hombres la herrería y sin ella los mismos no podían cazar, fabricar machetes para el trabajo en el campo y otros utensilios de hierro. Entre los haitianos fue el dios que los ayudo a liberarse del yugo francés. Se cuenta que cuando joven era rebelde y salvaje, y vivía aislado en la selva. Simboliza por ello los comienzos, el principio, la mañana, la primavera, los animales carnívoros, el mando, la fuerza, la violencia, el impulso, la autoridad, la virilidad, la juventud, las armas y el fuego. Así como Eshu/Eleggua abre los caminos, es Oggún es quien los limpia con su machete; Oggún es el que tiene el derecho preferente de sacrificar, ya que le pertenece el cuchillo que es el objeto con el que generalmente se sacrifica. Oggún vive en las cuevas y cerca de la puerta al otro mundo, la de los muertos, cerrando con su presencia el paso de los males y demonios que existen al otro lado. Oggún y Shangó son rivales permanentes, sus peleas son legendarias; y en ellas han intervenido sus esposas, y Eshu/Eleggua a contribuido de tanto en tanto a esas disputas; ambos dioses han sido esposos de Oyá y Oshun; causas de muchas de sus disputas.

Oggun -

Cuando Oggún y los otros dioses descendieron a la tierra, bajando por la red divina que llegó al suelo, le dijeron a su gente que se estableciera; pero la gente era incapaz de hacerlo en los números que deseaban, porque necesitaban limpiar el bosque y los campos de las plantas, y con sus herramientas tal cosa era un proceso lento y poco práctico. Oggún, viendo la situación, visitó a Orunmila, hijo de Olorun, y de él aprendió el secreto de hierro, secreto que enseñó a los hombres, volviéndose así en el señor de las artes de la metalurgia y la forja.

En los primeros tiempos Oggún vivía en el bosque, y cuando las mujeres entraban en sus tierras, él las violaba y luego desterraba para siempre. Yemanja oyó estos cuentos y ello despertó su curiosidad, se disfrazó como una mujer humana y se aventuró en la selva, donde conoció a Oggún. Él la trató igual que las otras, pero al ser una diosa ella fue capaz de mantenerse al día con él, cuando él le ordenó que se fuera, ella le rogó que se le permitiera quedarse con él. Enfadado por su presunción, Oggún la arrojó fuera del bosque y ella se fue llorando donde su hermana Oshun, pidiendo ayuda para ganar su amor. Oshun accedió a ayudar y preparó un pote con miel mágica, que unto en todo su cuerpo antes de aventurarse en el bosque. Cuando Oggún la vio, se sintió abrumado por su belleza y la persiguió, pero cada vez que trató de agarrarla, la miel hizo que se deslizarse de entre sus manos, eludiendo los deseos del dios. Ella le llevó en una alegre persecución por el bosque hasta que fue imprudente, y le sirvió un poco de la miel magia a él, encantándolo. Los dos hicieron el amor en el bosque, y estaba tan embelesado Oggún que le pidió que fuera su esposa. Ella estuvo de acuerdo, pero le dijo que debía ir a su casa, donde había dejado Yemanja, cuando llegaron, ella se escabulló, y Oggún se acostó con Yemanja en la oscuridad, pensando que era Oshun. Cuando descubrió el engaño a la mañana, sin embargo, arrojó a Yemanja tan ferozmente por su comportamiento que ella huyó de él para siempre, y él esperó hasta que Oshun volvió para reclamarla como su esposa legítima.

Oshosi

Oggún no se llevaba bien tampoco con sus otros hermanos, entre ellos Oshosi (Ochosi) era el dios de la cacería; aunque diestro con el arco y las flechas, y capaz de derribar un venado con un sólo tiro, se encontraba que después de matar a la presa no podía prepararla (abrirla) para poder cocinarla. Oggún tenía un problema parecido, pero a la inversa, no podía cazar la presa que deseaba, pero con sus cuchillos (como dios herrero) la podían abrir y preparar la carne para la cocina. Ambos hermanos, como casi todos los hermanos, no se llevaban muy bien entre ellos; y cada uno consultó su problema a Eshu por separado. Eshu pidió a cada una ofrenda y envió a ambos hermanos a encontrarse, sin que ellos lo supieran. En un primer momento ambos quisieron atacarse, pero al hablar de sus problemas mutuos comprendieron que solos no podían resolverlos, más juntos se complementaban. Desde entonces ambos hermanos salen a cazar juntos. Así como Oggún nos protege de la muerte en guerra; Oshosi, el cazador, nos protege de ser asesinado por los enemigos, que no caigamos en manos de la mala justicia o de la mala practica en los hospitales y es el Orisha que provee los alimentos.

Oshosi tuvo por esposa a Oshun; en aquellos tiempos sus habilidades para la caza de Oshosi lo volvieron el el dios cazador de los orishas; Olodumare le concedió ese honor y le pidió a cambio que a cada animal cazado lo desangrara, dejando la sangre como ofrenda para los dioses del cielo. Oshun curiosa de no entender el porque los animales que le llevaba para cocinar su esposo no tenían sangre le preguntó a su marido, pero este le señaló que eso no era de su incumbencia. Oshun dispuesta a averiguar lo que ocurría siguió a su esposo a escondidas, pero este la descubrió cuando estaba desangrado una presa, furioso Oshosi le dijo que ya que tanto la gustaba la sangre, ella sangraría todos los meses por el resto de su vida fértil, maldiciéndola con la menstruación.

Un tercer hermano es Osun (Ozun) y él forma un cuarteto conocido como los dioses guerreros junto con: Eshu (Orunmila), Oggún y Oshosi. Osun (Ozun), es el Orishas de los antepasados, se le pone como una manifestación (hijo) de Oduduwa (señor del los muertos y el más allá) y/o el bastón en que se apoya Orunmila. Así Eshu mientras abre los ritos y la presencia de Oggún es necesaria para hacer los sacrificios de sangre; Osun es el guardia que permite que los mortales puedan hablar con algún muerto, abriendo la puerta entre los mundos.

No vinculado a los guerreros, pero hermano de Oshosi, y uno de los amantes de Yemanja y Oshun, fue el dios Inle (Erinlé); quien rige sobre la pesca en río y el mar (de ahí su vinculación con la diosa de las costa y la diosa de los ríos); es descrito como un ser andrógino de gran belleza, o que es hombre la mitad del año y mujer la otra mitad. Según los mitos fue la capacidad de ir de hombre a mujer lo que atrajo a la diosa Oshun a que se enamorara de Inle, pero fue esa misma causa lo que los separó, como ‘mujer’ Inle habitaba las aguas de los ríos la mitad del año que estas entraban en el bosque, como ‘hombre’ Inle estaba la mitad del año dentro de la selva seca, y Oshun terminó por cansarse del estar tan sola la mitad del año que lo abandonó finalmente. Algunas historias señalan que Inle se enamoró de Obba, en ese entonces esposa de Shangó, viéndola tan triste Inle pensó que el dios no la trataba apropiadamente y se atrevió a ir a casa de Shangó para pedir que se le diera como esposa; la furia de Shangó fue tan grande que Inle escapó transformándose en un rio y nunca más se acercó a Obba.

Inle -

Inle era un cazador, y como no tenía ni esposa ni familia a vivir, se construyó una cabaña en el corazón del bosque, donde vivía y cazaba. Para entretenerse en su soledad, empezó a cantar para sí mismo, hasta que fue descubierto por algunos curanderos locales que regresaban a casa del mercado y así averiguaron dónde vivía. Encantados por su canto alegre, difundieron su fama como artista hasta que llegó a oídos de Oggún que había un hombre extraño que era igual a él en el arte de la caza. Oggún lo visitó y encontró impresionante canto, le ofreció a enseñarle el arte de tocar el tambor a cambio de que le enseña el arte del canto. A partir de entonces los dos fueron eran grandes amigos y rara vez estaban ser separados, vagando por el bosque juntos como hermanos

Inle en algunas versiones es una forma de Oshosi, en otra a Inle se le pone como padre o equivalente del dios Logun Edé (el hijo perdido de Oshosi y Oshun) y que reinaba entre ambos reinos (el agua dulce y la selva), siendo también un dios de la pesca y un hermafrodita. Es esta habilidad de cambiar de sexo de Inle y de Logun Edé la que los ha vuelto los patrones de gays y lesbianas. Como cazador Inle acompañaba a Oshosi y a Oggún a la selva (otra coincidencia con Logun Edé, ya que Oshosi y a Oggún son puestos como padres, el legitimo y el adoptivo del joven dios) y por su capacidad de vivir en la tierra y el agua (mitad del año en una y en otra) a Inle se le considera que sabía los secretos de la vida y por tanto se ve designa como el Orisha de la medicina y la salud. En una de las versiones señala que Yemanja cortó su lengua para que no pudiera contar que se acostaba con ella; pasando a la tradición como un dios mudo.

Logun Edé es según los mitos hijo de los amores de Oshun y Oshosi. Oshun, como diosa de los ríos, inundaba de tanto en tanto la selva, el reino de Oshosi; quien le reclamaba que la inundación ahogaba y espantaba sus animales de caza. Oshun señalaba que sin ella los bosques morirían de sed; pero la disputa entre ambos creció tanto que finalmente intervino Obbatalá. Oshun dejó de inundar los bosques y pronto estos empezaron a morir por la sequía y los animales a desaparecer. Oshosi se lamentó de la muerte de su reino, mientras que Oshun languidecía ante la falta del contacto con los animales y el bosque. Oshosi tuvo que llamar a Obbatalá por ayuda y este le indicó que solo reconciliándose con Oshun se superaría la crisis. De estos amores nacería Logun Edé; el Orisha que reina entre el río y el bosque y que terminaría viviendo la mitad del año con su madre cuando los ríos inundaban el bosque y la otra mitad con su padre en la selva seca.

Logun Ede

Se cuenta que cuando Oshun inició amores con Shangó, este le exigió que abandonara al bastardo. Aunque Oshun amaba a su hijo, más deseaba convertirse en la reina de los dioses; por ello cuando su hijo curioso entró disfrazado de criada y la espió en la cama con Shangó, la diosa lo castigó transformándolo en un hermafrodita y separándolo para siempre de su lado. Es por ello que en algunas tradiciones Logun Edé pasa a ser el hijo perdido de Oshun, y algunos señalan que es la forma masculina de la diosa, una característica común de todos los Orishas, que tienen dos aspectos generalmente, uno masculino y otro femenino.

Otras versiones señalan que cuando niño Logun Ede; que era curioso y vanidoso como sus padres; y era también desobediente; y un día nadó río adentro, lejos de la orilla. Obba que era dueña de ese río, para vengarse de Oshun, con quien tuvo disputas antiguas por Shangó, comenzó a ahogar a Logun Ede; pero Oya salvaría al niño y prendada de su belleza lo llevó con ella y con su amante de turno Oggún, de quien el chico aprendería el arte de la herrería. Cuando Oya se fue con Shangó, Logun Edé volvía a perder una nueva madre por culpa de Shangó y se generaría un odio permanente en el chico contra el rey de las tormentas.

Logun Ede, que vive entre las aguas y la tierra nunca se caso, ello por su carácter infantil y hermafrodita; siendo su compañía predilecta Yewá; que también vive, como él, sola y entre de dos mundos diferentes (el de los vivos y los muertos). Logun Ede se volvió el enlace entre la tierra y las aguas dulces. Logun Ede paso a representar a la juventud, la belleza, las artes (pintura, escultura) y los ritos de iniciación. Logun Ede heredó de su padre el arco y las flechas y de su madre el espejo; juntos ambos objetos forman su icono.

Ossain

Otro dios menor Ossain (Ozain, Osanyin) es el dios de la naturaleza virgen (una versión masculina de la diosa Artemisa). Dueño y sabio de todos los secretos de la naturaleza, señor absoluto del monte y la vegetación, conocedor de las plantas y sus propiedades, animales y minerales, y por tanto de los conocimientos para salvar la vida. Un día apareció en la tierra y por ello se le desconoce padre y madre. Como Inle, un dios de la medicina, es visto más en el aspecto de farmacia; es también un Orisha de los adivinos. Si Inle es mudo, Ossain es tuerto, manco y cojo.

Oggue

Por otra parte Oggue es el Orisha de los rebaños, fue el hechicero de Shangó y lo salvó de una traición, desde entonces vive junto al rey de las tormentas. Oggue hace una trilogía con Orisha Oko (dios de los cultivos) y Oke, el señor de las montañas; llamado también el trono de Obbatalá; juntos los tres rigen todos los movimientos de la tierra; Oke es puesto como otro hermano de Oshosi e Inlé, pero es inseparable o vinculado a Obbatalá.

Oke

Poco mencionados en las historias, pero muy reverenciados en Nigeria son los dioses gemelos (Ibeji = literalmente Gemelos); en la cultura de Nigeria los gemelos, trillizos y otros partos múltiples son muy agradecidos por los lugareños; significan para la familia bendición y fecundidad; algo a tomar en cuenta considerando las tazas de mortalidad infantil. Nigeria es el país con la taza de nacimiento de gemelos más alta del mundo. En los mitos, aunque los nombres de los gemelos varían, la idea principal del mito es que dos gemelos (niño y niña generalmente) eran muy queridos y amados, ellos eran igualmente alegres y siempre felices, eso hasta que uno de ellos muere ahogado en el río y el otro inconsolable llora la pena; finalmente Olodumare se compadece y da descanso al que sufre.

Ibeji-2

Cuando muere un gemelo se teme en la familia la muerte del otro y por ello se tallan imágenes de madera (llamadas también Ibeji) donde el alma del difunto se pueda albergar y no arrastre al hermano vivo con él al otro mundo. Los Ibeji personifican la fortuna, la suerte y la prosperidad. Son capaces de salvar de la muerte y de lo malévolo; son los patrones de todos los niños. Se encuentran en los caminos de los montes, protegen a los caminantes; esto en base a un mito en el que los caminos entre los pueblos estaban cerrados, quien se aventura a viajar por ellos no volvía. Finalmente los Ibeyis usando unos tambores mágicos dados por Yemanja, quien fue su nana en los mitos, lograron espantar a Abita. En algunas tradiciones los primeros gemelos fueron los hijos de Shangó y Oshun, y criados por Yemanja.

Oranmiyan

Uno de los orishas más extraños fue Oranmiyan; de acuerdo al mito tuvo dos padres, Oggún y Oduduwa, quienes al mismo tiempo (la misma noche) se acostaron con una joven mujer en una de las tantas guerras de conquistas de Oggún. El resultado de esas acciones fue un chico que tenía la mitad del cuerpo piel blanca y la otra mitad piel negra, llamado Oranmiyan. Cuando fue adulto buscó construir su propio reino y recibió de sus ‘padres’ una bolsa que contenía una sustancia oscura, veintiún barras de hierro, una cigüeña, un caracol y una nuez de palma. Sin más el chico bajó al mar y con la ayuda del caracol fabricó un pequeño montículo con la tierra que tenía en la bolsa y sobre ella coloco a la cigüeña, que escarbaba y con los huevos que ponía, estos se mezclaban con la tierra convirtiéndola en tierra firme. Cuando intentaron apoderarse de su tierra tomó las veintiún barras de hierro y creó lanzas y flechas para defenderse. De esta manera se ganó el respeto y el título de dueño y señor de la tierra firme.

Los Loas y la religión haitiana (6) Los mitos africanos originarios (Shangó y sus esposas)

Shangó (Sango, Xangó o Changó, y en algunas tradiciones sustituye a Jakuta, un antiguo dios del rayo) es quizás uno de los más populares orishas, también conocido como el dios del rayo, del relámpago y el trueno; y cuando el rayo alcanza la tierra y enciende la sabana, tenemos también un dios del fuego. Shangó es el padre del cielo y el dios trueno entre loas y orishas, es un rey y líder de gran presencia y entusiasmo. Él es un mago que controla el mundo, así como portador de las tormentas y de la justicia rápida, a menudo duras sobre aquellos que han hecho mal. También cuenta con una de las mayores congregaciones de fieles entre su panteón, ya que su veneración continúa en África para el día de hoy, además de ser generalizada en el Caribe y las Américas. Él es un dios de la potencia increíble, ya que representa la virilidad sexual agudeza mental o el liderazgo en la batalla.

Shango

Los ascendentes de este dios, como la mayoría sus parientes son confusos y se prestan a distintas interpretaciones; por un lado los mitos lo ponen como hijo de Yemanja y Aganjú, hermano de Orungan; los más comunes lo ponen como hijo de Obbatalá y Odudua o Yembo; siendo Yemanja y Aganjú quienes lo cuidaron como hijo adoptivo, en otras versiones Shangó quiso reemplazar en su reino a Aganjú, de quien era aprendiz, y el dios del fuego lo expulsó por esa traición. La expulsión de Shangó por parte de Obbatalá obedece a que este quiso castigar con la muerte a todos sus hijos varones, cuando Yemanja fue violada por su propio hijo, Orungan; así la mezcla de versiones son tantas que termina Yemanja siendo la esposa de Obbatalá y no una de sus hijas, otras versiones ponen que Shangó fue criado, tras la expulsión, por su hermana mayor, la diosa Daddá, quien es puesta como su equivalente femenino, y que al igual que la diosa Yemanja es la diosa de la infancia y la enseñanza.

En una tradición se señala que Obbatalá, el dios de la razón, el orden y la justicia, caminaba un día hasta que llego a un gran río. Deseó a cruzarlo, por lo que llamó a Aganjú, el dios del fuego, que había inventado recientemente los barcos y navegaba por el río. Pidió que lo ayudara a cruzar, pero cuando explicó que no tenía nada con qué pagar, Aganjú se negó y este le dijo que tendría que nadar. Obbatalá se dio la vuelta y se escondió cerca, y por el uso de la brujería se convirtió en una mujer hermosa, cuando regresó al río, Aganjú no lo reconoció y aceptó cruzarla a cambio de pasar una noche con él. Esto fue acordado y Obbatalá pudo finalmente cruzar el río, pero al llegar al otro lado descubrió que estaba embarazada y se vio obligado a permanecer como mujer hasta el nacimiento de Shangó, así el hijo de dos padres, nació, después de lo cual Obbatalá regresó a su cuerpo masculino.

Cuando, Shangó fue adolescente, descubrió que Aganjú era su segundo padre, y estuvo decidido a darse a conocer a él. Mientras que él tenía la mente razonable de su padre Obbatalá, también era ardiente y temperamental como Aganjú, y él juró que no volvería a casa hasta que el dios del fuego le reconociera como su hijo. Cuando llegó a casa Aganjú, los dos dioses pelearon y Aganjú declaró que no tenía ningún hijo y que nunca había tenido uno, ya que Obbatalá nunca le había hablado de su embarazo. Shangó, decidido a forzar Aganjú a reconocerlo, construyó una enorme hoguera y se arrojó sobre él, y cuando se levantó de nuevo, intacto y con ojos furiosos ardiendo Aganjú se dio cuenta de que sólo un hijo suyo podría hacer tal hazaña; así que este hecho debía ser su hijo y le dio la bienvenida.

La herencia de ambos ‘padres’, se observa en los colores de Shangó, el rojo (color de Aganjú, dios del fuego) y el blanco (Obbatala, dios de la humanidad), quienes son puestos como sus padres y/o maestros, y su símbolo más conocido es el oshe (un hacha de doble hoja). Shangó es un dios guerrero, pero también de la danza y la pasión. Él es el epítome de todas las cosas masculinas, también un dispensador de la justicia en nombre de los agraviados; representa la necesidad y la alegría de vivir, la intensidad de la vida, la belleza masculina, la pasión, la inteligencia y las riquezas.

Shangó es el Zeus entre los Yoruba, y al igual que su equivalente griego, muchos de sus mitos se vinculan a la relaciones que tuvo con sus muchas mujeres. Se le describe como un hombre trabajador, valiente, buen amigo, adivino y curandero, pero también, algo mentiroso, mujeriego, pendenciero, jactancioso y jugador. Es un buen padre mientras el hijo sea obediente; y no admite hijos invertidos o cobardes.

Shangó fue en la tradición Yoruba el cuarto Alafín (rey) de Oyo, esta es la segunda dinastía de Oduduwa luego de la destrucción de Katonga, la primera capital administrativa del imperio Yoruba. Shangó llegó en un momento trascendental de la historia de este pueblo, que se había olvidado de las enseñanzas de Dios. Shango así fue enviado con su hermano gemelo por Oloddumare para limpiar la sociedad y que el pueblo siguiera nuevamente una vida limpia y acorde con las enseñanzas del Dios único. Luego de que se hizo rey, Shangó amplio el reino y con sus conquistas el imperio Yoruba se extendió desde Mauritania hasta Gabón. Pero esa expansión y constantes guerras provocaron que el pueblo comenzara a decir que Shangó era muy estricto e incluso tirano. Shangó terminó con su vida ahorcándose, pero regresó en su hermano gemelo Angayú (Aganjú), que con el uso de la pólvora acabó con los enemigos de Shangó, y posteriormente lo divinizó como Señor de los Truenos (por el ruido de la pólvora seguramente). Por ello Shangó tiene el poder de ayudar a ganar guerras, derrotar a los enemigos y ganar poder sobre los demás. Él asegura la victoria sobre todas las dificultades. Es al igual que Oggun, un dios de la masculinidad y la fuerza. Por su reforzamiento de la fe, se le vincula también como el dueño del sistema religioso de Osha-Ifá (Oráculo), es el adivino e intérprete y tiene una relación especial con el mundo de los Eggun (las almas de los muertos).

Aunque Shangó fue el primer awó (adivino), luego cambiara el ashé de la adivinación con Orungan (Orunla) por el de la danza, por esto es muy importante en el culto Ifá para los babalaos, para quienes la danza es importante en las sesiones de culto. Por otra parte, Shangó es hermano de corazón con corazón de Babalu Ayé (dios de las pestes), se llama a Shangó primero ya que es quien lo ayudó a curar de sus enfermedades. Y aunque parezca raro una de sus imágenes católicas es Santa Barbara (cuya fiesta el 4 de diciembre se vincula también al dios). Otras imágenes son San Juan Bautista, San Marcos y San Miguel Arcangel (quien es visto como el ángel justiciero que vence al mal)

Las amantes de Shangó son innumerables, aunque sus esposas oficiales fueron a saber tres hermanas, una tras otra son: Obba, Oyá y Oshun. Los parentescos de estas tres diosas varían, en algunas versiones se las hace hijas de Obbatalá y Yembó, siendo así hermanas de Yemanja y Yewá (Yegguá, Ewa, Iyewa la diosa de río Yewá en Nigeria); en otras son las hijas de Yemanja. Ellas eran originalmente diosas de los ríos, al igual que la Yemanja original se le ponía como diosa del río Ogun, Oyá (llamada también Yansa) era la diosa del río Niger, Oshun (Ochun, Oxum) era la diosa del río de igual nombre Oshun y Obba (Obá) la diosa del río Obá. Los papeles de todas estas diosas variaron al ser desposadas por Shangó y con su llegada a América, donde no existían esos ríos.

Yewa

Yewá (que traduce Eva) es en la mayoría de los mitos hija de Obbatalá, se decía que era de gran belleza y cuando esta noticia llegó a los oídos de Shangó, el dios apostó que la volvería suya. Mientras Yewá arreglaba unas flores, miró por la ventana, vio a Shangó y se enamoro del dios. Él se acercó y quiso ganar su amor; pero Obbatalá sabiendo que se trataba de una apuesta envió a su hija lejos donde ningún hombre podría verla. Obbatalá volvió a Yewá la reina de los muertos, y se la puede encontrar sólo en los cementerios. Así Yewá permaneció virgen; es por ello diosa de la soledad, la contención de los sentimientos, la castidad femenina, la virginidad y la esterilidad.

Existe una segunda versión sobre los amores de Yewá y Shangó; en ella ambos tuvieron relaciones, pero habiendo logrado su propósito, Shangó se fue; pronto Yewá descubrió que estaba embarazada. Temiendo la furia de su padre Yewá se realizó un aborto y ocultó los resto del feto en el suelo, retirando las flores que ahí crecían, y plantando otras. Obbatalá se dio cuenta del cambio de flores y preguntó a su hija por el mismo; Yewá trató de mantener la mentira, pero finalmente su padre descubrió la verdad y la condeno a reinar en los cementerios y recibir sólo flores como ofrenda, que le recuerdan su pecado. Yewá se sincretiza con ‘Nuestra Señora de los Desamparados‘.

Babalú Ayé

Pese a su soledad, Yewá estaba acompañada en el mundo de los muertos por hermano Babalú Ayé. Los mitos señalan que Babalú Ayé fue criado por Yemanja. Babalú Ayé fue castigado con la muerte por Olodumare, cuando el nieto se acostó con una mujer en un día consagrado al dios de la creación. La diosa Oshun rogó por su vida y cual historia de Lazaro, este regresó del mundo de los muertos. Pero su regreso no fue en su forma original, Olodumare lo transformó; quedó con la apariencia de un mendigo ciego con muletas que suele estar acompañado por un perro que lo guía; de su estancia en el mundo de los muertos trajo las pestes y las enfermedades, de las que se convirtió en el dios, así Olodumare garantizaba como castigo que nadie quisiera estar cerca de Babalú Ayé otra vez. En algunas tradiciones Shangó lo curó, y por ello toda curación pasa o inicia con el dios de las tormentas. Pese a todo lo anterior, Babalú Ayé es un dios poderoso, puede dar riqueza, salud y prosperidad a sus seguidores, o dar castigos rápidos y violentos a sus enemigos.

Obba

Obba fue la primera esposa oficial de Shangó, es descrita como la más bella de las tres hermanas, pero sufría enormemente ante las infidelidades de su marido. Como la Hera griega o la Juno romana, Obba se la volvió la diosa de los matrimonios y la fidelidad; ya que pese a tener muchas aventuras, Shangó siempre volvía con ella, su favorita. Eso fue hasta que Oyá la engaño. Aunque las versiones varían, se dice que Obba consultó a Oyá, que era conocida también como una gran hechicera, y la preguntó cómo retener a su marido. Oyá, aconsejó a su hermana de que sirviera un plato con un encanto a su marido, pero que para provocar el encanto debía sacrificar una parte de su cuerpo. Obba siguió la sugerencia y preparó el plato, el cual completó con una o ambas de sus orejas. Cuando Shangó volvió le preguntó del por que se cubría la cabeza y su hermoso pelo (ocultando su mutilación). Obba no tuvo suerte con su intento, antes de probar el plato con el encantamiento, Shangó descubrió que su mujer se había cortado la oreja, despreció la comida señalando que hacia brujería y la expulsó para siempre. Obba repudiada y avergonzada se puso a llorar; y lloró tanto que originó los lagos, pantanos y lagunas; volviéndose la diosa de las aguas estancadas. Obba terminó refugiándose con Yewá y habitando los cementerios.

En la tradición americana quien engañó a Obba fue Oshun. Según esta versión Shangó tenía tres esposas (polígamo), a las que visitaba con igual regularidad, eso hasta que Obba se sintió abandonada por el dios, ya que comía primero donde Oshun y luego en su casa apenas probaba bocado, sintiendo que él entraba, apenas comía y se iba, dejándola muy sola. Obba preguntó a Oshun como conseguía mantener a Shangó en su casa, y esta ofendida por la investigación, se llenó de resentimiento. Oshun le contó su secreto, una mentira realmente, el cuento de la oreja cortada, secada, hecha polvo y servida en la comida del esposo; Obba regresó a su casa e hizo lo indicado, pero Shangó descubrió la trampa y pensó que quería envenenarlo, expulsándola para siempre por bruja, y mientras la perseguía con el oshe; Obba se convirtió en el río que lleva su nombre.

Aprovechando la salida de Obba, Oyá se convierte en la segunda esposa, y a diferencia del carácter tranquilo de su hermana, Oyá es una amazona, no se queda en la casa, va con su esposo de viaje, y se la acusa de haber robado los secretos de su marido, convirtiéndose así en la diosa de los vientos, la centella y la tempestad. A diferencia de Obba que se aguantaba las infidelidades de Shangó, Oyá cuando se enfurece se muestra desenfrenada y terrible, se llena de maldad y se convierte en un torbellino de furia que todo lo destruye (ciclones o tifones). Pero tras la destrucción siempre viene la reconstrucción. Oyá es entonces vista como una diosa del cambio.

Oya

La joven esposa de Shangó, Oyá, era descrita como un ardiente diosa de la guerra, con un genio que coincidía con la del dios; quien se enamoró de su rápido ingenio y lengua afilada, y con frecuencia se dirigía a la batallas con ella a su lado. Un día, Shangó al ver que los otros dioses se levantaban de la tierra, decidió que tenía que aumentar su poder y envió un mensaje a Eshu (en su apariencia de Kalfu), el dios de la magia, pidiendo un medicamento que lo hiciera más poderoso y que llenara de miedo los corazones de todos los hombres. Eshu acordó hacer esto por él, pero insistió en que se enviara a la volátil Oya para recogerlo, afirmando que si Shangó se acercaba y consumía la pócima estando él demasiado cerca y tendría miedo de permanecer en su presencia. Cuando llegó Oyá, le dio el paquete de la medicina y le advirtió a ella sobre la fuerza, el poder y la importancia de la entrega. Le hizo tanto hincapié a la diosa que ella se llenó de curiosidad y abrió el paquete de camino a casa, sin saber de que se trataba el encanto. Cuando nada pasó, ella continuó a su casa y entregó el paquete a Shangó, quien se alegró de verla, y cuando ella abrió la boca para hablar con él, sin embargo, la medicina que había consumido hizo que disparara de su boca rayos; Shangó supo que ella había robado algo de la poción. Enfurecido la persiguió a través de toda África, blandiendo su hacha y lanzando rayos, truenos y relámpagos tras sus talones, hasta que fue acorralada y se convirtió ella misma en una oveja con el fin de esconderse de él en un rebaño. La población local pidió Shango no destruir todas las ovejas, que eran su medio de vida, así que dio media vuelta y regresó a su reino, declarando que Oyá no debía poner un pie allí de nuevo si apreciaba su vida. Oyá fundó su propio reino, en los límites con el otro mundo, acompañando a Yewá y a Obba. En la medida de lo posible allí se escondió de Shangó, y allí practica la magia que aprendió al robar el poder de su marido.

Oyá como diosa del río Niger es conocida como la diosa de los nueve rostros (alusivas a las nueve desembocaduras del río Niger). El Niger era la entrada y salida del comercio en la región, por tanto Oyá es vista también como la diosa del mercado o comercio, pero en la tradición americana Oyá es vista como la que conecta a los afroamericanos con la tierra madre (África); en este caso el comercio y la negociación se ven como la relación con los ancestros; por ello Oyá se vuelve además en la única diosa con la fuerza de detener a los Eggun (espíritus de los muertos), ello la vuelve también una diosa infernal y guardiana de las puertas del cementerio (la entrada al mundo de los muertos). Por otra parte Oyá como diosa atmosférica es la primera en enterarse de lo que acontece en la tierra y se convierte en la mensajera de Olodumare, llevándole noticias de todo lo que acontece. Oyá como bruja es falsa y mentirosa, y no es una mujer fiel, tuvo amores con Oggun y otros dioses; eso según algunos provocó la rotura de su matrimonio. Aunque algunos señalan que sigue acompañando a Shangó cuando el dios de las tormentas sale por los cielos, pero que ya no es su esposa oficial.

La última de las esposas de Shangó fue Oshun, ella es la Venus entre los Orishas. Diosa de lo femenino, la belleza, la coquetería, la gracia, la sensualidad femenina y el amor. Mientras Yemanja se identificaba cada vez más con la imagen de la madre y se volvía diosa de las costas marinas, y sus hermanas pasaban a gobernar los lagos y las lluvias; Oshun se quedó como diosa de las aguas dulces que fluyen en el mundo, los arroyos, manantiales y ríos, personificando la fertilidad, la vida (el agua es vida); viviendo en los ríos y asistiendo a las parturientas. Como sus hermanas Oshun era considerada una bruja; capaz de resolver tanto, como de provocar riñas entre los Orishas y los hombres, al igual que Afrodita que despertaba pasiones entre hombres y dioses. Es amiga íntima de Eshu/Eleggua, quien la protege; y ella siempre acompaña a Yemanja. Se la representa como una mulata bella, simpática, buena bailadora, fiestera y eternamente alegre, con el persistente tintineo de sus campanillas.

Oshun

Oshun es en la mitología Yoruba la diosa del amor, la intimidad, la belleza, la riqueza y la diplomacia. De acuerdo a los ancianos, Oshun es la ‘madre invisible presente en todas las reuniones’, porque ella representa las fuerzas cosmológicas del agua, la humedad y la atracción. Por lo tanto, es omnipresente y omnipotente. Según los antiguos, era la única mujer entre los 401 enviados desde el reino espiritual para crear el mundo. Como tal, es venerada como la dulce madre de todos nosotros. Según algunas tradiciones cuando los varones se burlaron de la femineidad de Oshun, ella quitó el aché (el poder del nacimiento, gestación, creación) a todos los hombres. Estos arrepentidos suplicaron a la diosa, y la creación no comenzó hasta que Oshun dio a luz a su primer hijo. Este hijo se convirtió en Eleggua, el gran conducto de aché en el Universo y también lo eterno y lo finito o mortal. Así Oshun es madre de todas las cosas.

Oshun es llamada ‘la que tiene orejas‘, debido a la rapidez y eficacia que responde a las oraciones. Cuando ella entra en sus seguidores, ella baila, coquetea y luego llora, porque nadie puede amar lo suficiente al mundo y no ver la belleza que ella sabe que podría ser. Oshun es benéfica y generosa, y muy amable, pero tienen un temperamento terrible, aunque es difícil provocar su ira. Oshun gobierna las aguas dulces (ríos y arroyos). Sus ofrendas preferidas son la miel, joyería de cobre o monedas en múltiplos de cinco. Ella está asociada con Santa Cecilia, y en el Lucumí con la Virgen de la Caridad del Cobre, la protectora de Cuba. Sus colores son amarillo y oro. En el vudú, Oshun ha sido reemplazada por Erzulie. A diferencia de su predecesora Erzulie usa colores en tonos de color rosa. Erzulie tiene un aspecto más vengativo, es de naturaleza más despiadada cuando se enoja, pero sobre esta diosa trataremos más adelante con más detalle.