Hijos de la Noche (2) Los daimones hijos de la noche

Nyx era la diosa de la noche, uno de los antiguos Protogenos (los dioses elementales primogénitos). En la cosmogonía de Hesiodo ella nace del Aire (Caos), y engendra con el dios de la Oscuridad (Érebos) a la Luz (Éter) y la diosa del Día (Hemera) y a Eros (el amor), primeros componentes del universo prístino. Luego tuvo una miríada de espíritus oscuros, que incluyen a: los Destinos (Moiras/Parcas y Moros/Fatum), los Sueños (Hipno/Somnus, Morfeo y los Oneiros/Somnia), la Muerte (Tanatos/Mors y Ker/Letum), la Disputa (Eris), las venganzas (Nemesis/Envidie y Erinias/Furias), el odio (Estigia), las Herperides (diosas del atardecer), y Caronte. Se disputa la maternidad de: Dolos (la Astucia), Deimos/Metus (miedo), los dolores (Algeas) y Ponos (labor) con algunos de sus hijos.

Otros daimones (demonios) señalados como hijos suyos son: Momo/Querella (Sarcasmo), Oizys (miseria),  Geras/ Senetus (vejez), Hybris (petulancia, violencia), Apate/ Fraus (Fraude), Anaideia (provocación), Adikia/ Adicia (injusticia) y Pertinacia/ Obstinancis (obstinación); hijos suyos pero de naturaleza más amable se incluyen: Filotes/Amicitia/Gratia (amistad), Sofrosina/ Sobrietas (Continencia, templanza), Epifrón (prudencia) y Eleos (misericordia), todos espíritus encerrados por los dioses en la Caja de Pandora y liberados por la joven, para cubrir de males el mundo y explicar el porque los dones y las virtudes han abandonado a la humanidad.

Los daimones (poder) incluye a seres como: Átê (locura ciega), la Discordia (Eris), los miedos (Deimos y Fobos), el Tumulto (Kydoïmós) y hasta el mismo Ares (el Destructor). Se les llama dioses, pero carecen de personalidad e individualidad, ya que no constituyen sino un poder de cierto tipo. Son personificaciones y/o alegorías. En Grecia se acabará produciendo una progresiva evolución del concepto del dáimôn primitivo, dándole rasgos primitivos e irracionales que llevan a identificar al daimon con el genio que cada persona parece poseer dentro.

Los Griegos helenísticos dividieron a estos daimones (demonios) en las categorías buenas y malas: agatodemones y cacodemones, respectivamente. Agatodemones se parecen a la idea judaica del ángel de la guarda; o con el genio romano quien acompaña a una persona y la protege. Los cacodemones, no serían otros que los ángeles caídos a los que se refiere la tradición judeo-cristiana. Tal es el caso de Lucifer, príncipe de los demonios, que el cristianismo identifica con Satanás, si los primeros son las alegorías de las virtudes, los segundos son las alegorías de los pecados.

Momos/Momus/Momo/Querella

Momo era el dios (daimon) de la burla, el reproche, el ridículo, el desdén, la queja, la censura y la crítica picante. Él fue expulsado de los cielos por ridiculizar los dioses. A Hefesto le criticó que no dejó en los hombres una puerta en su pecho para poder ver sus verdaderos sentimientos, y a Afrodita que era parlanchina. Su opuesto era Eufeme/Aglaya (la carite de la Alabanza). Se hace a Momo hijo de Nix (sola), de Nix y Erebo, e incluso se le hace hijo de Nix y Hipnos (el sueño). Hoy Momo vive como el espíritu del carnaval moderno.

Oizys

Oizys era el espíritu (daimona) de la miseria y las penas, el dolor y el sufrimiento, aunque similares a las Algeas (espíritus femeninos del pesar y dolor físico o emocional), las Oizys eran demonios de la angustia y la tristeza.

Apate/Fraus

Apate era el espíritu (daimona) del engaño, astucia, fraude y decepción. Su colega masculino era Dolos el daimon de engaño y supercherías. Ella también era una compañera de los Pseudologos (las Mentiras). Su opuesto era Alethia el espíritu de verdad.

Geras/Senectus

Geras era el espíritu (daimón) de la vejez, uno de los espíritus malévolos hijos de Nix. Es representado como un hombre viejo, diminuto y arrugado. El número opuesto era la diosa de juventud, Hebe (hija de Zeus y Hera).

Hybris / Hybreos / Petulantia

Hybris era la diosa o espíritu (daimona) de la insolencia, la violencia, la perversidad, el orgullo temerario, la arrogancia, desmesura y el ultraje en general. Los romanos la personificación como Petulantia.

Esopo, Cuenta en sus fábulas (siglo IV a.C.):

Los dioses se casaron. Uno después de otro, ellos todos se juntaron en parejas, hasta que finalmente fue tiempo para Polemos (un dios/daimon menor de la guerras civiles), el último de los solteros, para encontrar su compañera. Hybris (violencia) se volvió su esposa, para entonces ella era la única mujer sin un marido. Se dice que Polemos amó Hybris con tal abandono que él todavía la sigue por todas partes que ella va. Así nunca le permita a Hybris venir a las naciones o ciudades de humanidad, ya que mientras ella sonríe tiernamente a las muchedumbres, Polemos (la guerra civil) estará viniendo justo detrás de ella.

Anaideia

Anaideia es el nombre dado a la daimona o espíritu de la desvergüenza y la provocación. Hija probablemente de Nyx o Eris, compañera de Hybris (la violencia). La Anaideia constituye uno de los tres rasgos básicos de la figura de los filósofos cínicos, junto con la adiaphoría o distintividad y la parresía o franqueza y libertad en el hablar. Es la Anaideia la que lleva a la comparación de estos filósofos con los perros de donde deriva la palabra cínico; ya que como estos nobles animales que viven con los humanos pero mantienen sus costumbres naturales, los filósofos cínicos se comportan sin pudor, con irreverencia y desparpajo, siguiendo la satisfacción de sus necesidades tanto físicas como espirituales.

Adikia/Adicia

Adikia es el espiritu (daimona) de la injusticia, su nombre significa opuesto a Dike (Diosa de la justicia), se le hace hija de Eris o de Nix. Es representada como una fea figura, siendo estrangulada por Dike, la diosa de la justicia. Esta imagen hace referencia a al gobierno de Cípelos, un rey de Corinto, hijo de Eetión y de una noble corintia de la familia dórica de los Bacchiadae llamada Labda. La madre de Cipselo no era muy agraciada, por lo que no pudo casarse con ningún miembro de la aristocracia. Su matrimonio con Eetión fue tranquilo hasta que un oráculo les dijo que tendrían un hijo que gobernaría Corinto con justicia. La familia reinante de los Bacchiadae planeó asesinar al niño por su propia seguridad, pero los intentos resultaron infructuosos. Cuando Cipselo llegó a adulto llegó a ser  el Polemarca, (encargado del ejército). La guerra que Corinto mantenía con Corcira y Argos estaba haciendo muy impopular el gobierno de los Bacchiadae, circunstancia que aprovechó para erigirse en adalid de la causa de los plebeyos e iniciar una rebelión en la que se expulsó a los Bacchiadae y tras la que se proclamó tirano de la ciudad. Al principio de su reinado cometió algunos crímenes para contrarrestar la oposición que le seguían haciendo los anteriores gobernantes, pero después fue un rey muy querido por su pueblo, sintiéndose tan seguro en su ciudad que rehusó llevar guardia personal (de hecho, falleció de muerte natural). Su reinado se prolongó durante treinta años, y fue sucedido por su hijo Periandro.

Pertinacia/Obstinancis

Pertinacia es la daimona de la obstinación, la terquedad, la tozudez, la testarudez. La negligencia, la rendición y la resignación. La obstinación es la voluntad que se afirma sin poder justificarse; es la persistencia sin motivo plausible, es la tenacidad del amor propio que se constituye en tenacidad de la razón o de la conciencia. La obstinación engendra todo mal, ya que la pobreza espiritual produce la obstinación al no creer fácilmente en lo que está más allá de lo que alcanzamos a ver, cerrándonos a otras posibilidades.

Filotes/Filia/Amicitia/ Gratia

Filotes era el espíritu (daimona) de la amistad y afecto. Su opuesto eran los Neikeas (las peleas). Alternativamente Filotes era la daimona de la comunicación sexual. Hoy Filia es un cultismo del griego que se usa para la composición de numerosos vocablos en español, especialmente como sufijo. Estos neologismos hacen referencia a fenómenos psicológicos en los que predomina la afectividad, pudiendo ir desde lo patológico a lo normal. Ejemplos: Homofilia: atracción sexual por una persona del mismo sexo; Ninfofilia: atracción sexual de un adulto por una adolescente, Zoofilia: atracción (sexual) por los animales, etc.

Sofrosina/ Sobrietas

Sofrosina en la mitología griega era la diosa o espíritu (daimona) de la moderación, el autodominio, la templanza, el refrenamiento, y la discreción.

Ella fue uno de los espíritus buenos que escaparon la caja de Pandora cuando la mujer alzó la tapa y huyó al Olimpo, abandonando la humanidad. Teognis, poeta griego (siglo VI a.C) cita:

Elpis (esperanza, Spes para los romanos) es la única diosa buena que permanece entre la humanidad; los otros que salieron y se fueron al Olimpo. Pistis (la Confianza), un dios poderoso ha ido, Sofrosina (la templanza) ha abandonado a los hombres, y junto con las Carites, mi amigo, han abandonado la tierra. Los juramentos judiciales de hombres son ningún más largo ser confiado, nadie venera los dioses inmortales; la raza de hombres píos ha perecido y los hombres ya no reconocen las reglas de conducta o actos de piedad.

Lucio Apuleyo, escritor romano de siglo II d.C nos cuenta en su obra “El Asno Dorado” como Afrodita furiosa con su hijo Eros por el problema con Psique exclama:

¡Honesta cosa es, y que cumple mucho a nuestra honra y a tu buena fama lo que has hecho! ¿Te parece buena cosa menospreciar y tener en poco los mandamientos de tu madre, que más es tu señora, dándome pena con esos sucios amores con mi enemiga, la cual en esta tu edad pequeña juntaste contigo con tus atrevidos y temerarios pensamientos? ¿Piensas tú que tengo yo que sufrir por tu amor a nuera que es mi enemiga? Pero tú, mentiroso y corrompedor de buenas costumbres, ¿presumes que tú sólo eres engendrador de amores, y que yo, por ser ya mujer de edad, no podré parir otro Cupido? Pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar otro mucho mejor que tú, y aunque, para que más sientas la injuria, adoptaré por hijo a alguno de mis esclavos y servidores; y le daré yo alas y las llamas del amor con el arco y las saetas, y todo lo otro que te di a ti, no para estas cosas en que tú andas, que aun bien sabes tú que de los bienes de tu padre ninguna cosa te he dado para ese negocio; pero tú, como desde muchacho fuiste mal criado y tienes las manos agudas, muchas veces, sin reverencia ninguna, tocaste a tus mayores, y aun a mí, que soy tu madre. A mí misma digo que, como parricida, cada día me descubres y muchas veces me has herido, y ahora me menosprecias como si fuese viuda, que aun no temes a tu padrastro, el dios Marte, muy fuerte y tan grande guerrero. ¿Qué no puedo yo decir en esto que tú muchas veces, por darme penas, acostumbraste a darle mujeres? Pero yo haré que te arrepientas de este juego, y que tú sientas bien estas agrias y amargas bodas que hiciste, como quiera que esto que digo es por demás, porque te burlabas de mí. Pues ¿qué haré ahora, o en qué manera castigaré a este bellaco? No sé si pida favor de mi enemiga Sobrietas (la Templanza), la cual yo ofendí muchas veces con la lujuria y el vicio de éste; como quiera que sea, yo pienso ir a hablar con esta dueña, aunque sea rústica y severa; pena recibo en ello, pero no es de desechar el placer de tanta venganza, y por esto yo le quiero hablar, que no hay otra ninguna mejor que castigue a este mentiroso y le quite las saetas y el arco y le desnude de todos sus fuegos de amores; y no solamente hará esto, sino que a su persona misma atará con fuertes remedios. Entonces pensaré yo que mi injuria está satisfecha cuando le raspe de la cabeza aquellos cabellos de color de oro, que muchas veces le atavié con estas mis manos, y cuando le trasquile aquellas alas que yo en mi falda le unté con ambarina y almizcle muchas veces.

Epifron

Epifron era el daimon (daimon) de la prudencia, la agudeza, la atención, el esmero y la sagacidad.

Eleos

Eleos (o Eleus) era el espíritu (daimona) de misericordia, piedad y compasión. Su número opuesto era Anaideia (la Crueldad).

Hijos de la Noche (6) Estigia y el inframundo.

Estigia era la diosa del río que circunda el inframundo, es considerada como la primera hija del titán Océano (el río que circunda al mundo) y Tetis (la diosa de las aguas); aunque en algunas versiones se la hace hija de Nix y Érebo, justificando así su vinculación con el inframundo y el ser asimilada como el espíritu femenino (daimona) del odio.

Cuando Zeus convocó todos los dioses inmortales al alto Olimpo, dijo que cualquier dios que luchara a su lado en contra de los titanes no perdería sus privilegios y podrían mantener la posición que habían tenido antes entre los inmortales, Zeus también dijo que dioses que bajo Cronos no habían tenido posición, ni privilegio, él los levantaría según la justicia. Y la imperecedera Estigia fue la primera en venir al Olimpo trayendo a sus niños, como su propio padre [Océano] le había aconsejado. Zeus le dio posición, y grandes regalos, porque él estableció que todo juramento de los inmortales debían hacerse en su nombre, y que todos sus hijos vivirían en su casa.

El río Estigia es descrito como formado por aguas negras y ponzoñosas, y formaba la frontera entre los mundos superior e inferior. Para agradecer a la diosa río Estigia por haber consentido la participación de sus cuatro hijos en la Titanomaquia y la Gigantomaquia, Zeus la colocó en una de las esquinas más remotas del Hades, para que se beneficiara de un descanso bien merecido (dando origen a la laguna que tiene su nombre).

Los juramentos prestados a nombre del Estigia tenían que ser cumplidos (todos los demás podían romperse). Si alguno de los dioses derramaba una libación de su agua y abjuraba de ella, entonces yacía sin respiración durante un año, sin probar ambrosía, ni néctar, permaneciendo sin espíritu, ni voz. Tras este año de enfermedad, era excluido durante nueve años de las reuniones y banquetes de los dioses, a los que no podía volver hasta el décimo año. Por ejemplo, el propio Zeus juró por el agua del Estigia darle a Sémele lo que ella le pidiese y así fue obligado a mostrarse en todo su esplendor, provocando con los rayos que desprendía la irremediable muerte de la joven. También Helios juró a Faetón lo que quisiera, y éste pidió conducir su carro, lo que a la postre terminaría con la vida del joven.

Según algunas versiones las aguas de Estigia eran milagrosas y servían para hacerse inmortal. Aquiles habría sido bañado cuando niño adquiriendo la invulnerabilidad, a excepción del talón, por donde su madre lo sujetó al sumergirlo, que se convirtió así en su único punto vulnerable. Estigia era principalmente una característica del más allá en la mitología griega, pero ha sido descrita como una característica presente también en el infierno del Cristianismo, notablemente en ”La divina comedia”.

En los tiempos modernos es común creer que el barquero Caronte transportaba las almas de los muertos recientes a través del río Estigia hasta el inframundo, aunque en las fuentes griegas y romanas originales, así como en la obra de Dante, era el río Aqueronte donde navegaba Caronte. Dante situó a Flegias como el barquero de Estigia, y éste río era quinto círculo del Infierno, donde los coléricos y hoscos reciben el castigo al ser perpetuamente ahogados en las fangosas aguas.

Flegias era un hijo de Ares, cuya hija fue Coronis, amada de Apolo y madre de Asclepio, muerta por Apolo al descubrir que la chica amaba a joven Isquis/Alcioneo; Flegias se encolerizó por la muerte de su hija y prendió fuego al templo de Apolo, en Delfos, por lo que Apolo le mató. Según Virgilio, Flegias pena en los infiernos por su impiedad contra un dios. El Estigia era guardado por Flegias, quien porteaba las almas de un lado a otro del río. En otras versiones, Flegias guardaba el Flegetonte.

El Inframundo

Según Homero, en la Odisea, el Inframundo se encuentra más allá del horizonte occidental, situado en una región privada de sol, más allá del gran río Océano que rodea a la Tierra y las puertas del Sol (poniente), en una costa donde se elevan grandes cantidades de álamos negros. Así le indica Circe a Odiseo (Ulises) como encontrar una de las entradas.

Cuando los griegos descubrieron nuevas partes del mundo, otra tradición localizó los Infiernos en el centro de la Tierra y se conectaban con el mundo de los vivos por cavernas insondables y ríos subterráneos, Los fantasmas eran llevados por Hermes Psicopompo (el que guía a los muertos) a través de los hoyos en la Tierra hasta su destino final de descanso en el Hades. Dentro de la mitología griega existían diversas localizaciones donde se consideraba que se encontraba un acceso al inframundo, al cual llamaban genéricamente Hades, Erebo o Tartaro (ya que existían diversos niveles dentro del mismo).

De la tierra de los muertos del mundo antiguo no ha habido demasiada gente que la visitó y vivió para contarlo y de los que no, bueno … digamos que Orfeo fue un músico, no un cartógrafo; héroes como Eneas y Ulises estaban más interesados en encontrar y hablar con fantasmas que en describir el inframundo, Hércules tenia que cargar con un perro y que no lo mordiera por el camino, para estar mirando …,  así que pocas referencias literarias nos dan una idea de lo que los antiguos griegos y romanos creían que encontraría allí después de que se cruzara la barca de Caronte.

Entradas al Inframundo

La mayoría de las entradas a este reino infernal que se encontraban en Grecia estaban cerca de un río o el mar. Otros sitúan la entrada a los infiernos en países lejanos: en Tracia, en la tierra de Escitia (estepas rusas), en los dominio de los hiperboreanos (en extremo norte del mundo, hoy océano Ártico,  algunos suponen que Groenlandia e Islandia son los restos de esta tierra), en la isla de las Hesperides (hoy asociadas a las islas canarias, ubicadas en el occidente, donde se pone el sol); en la isla de Leuca (o Isla Blanca, una isla mítica dentro del mar Negro), o en Cimeria (la tierra de Conan, ubicada según Homero en el noroeste del mundo, más allá del río océano). Otra era el Tanaerum, extremo sur en Laconia, Peloponeso, al sur de la Grecia continental, por donde se supone que Heracles descendió al inframundo en el último de sus doce trabajos (ir en busca de Cerbero, el perro de tres cabezas que guardaba la entrada del Hades), otras versiones dicen que Heracles entró a través de la Cueva Aquerusia, una gruta a orillas del rio Aqueronte (en este caso es un río que está situado en el Epiro, región noroccidental de Grecia) y que se asumía era una bifurcación de río infernal. No está claro si Heracles  regresó a este mundo a través de la salida en Trecén o a través de que a Hermione (la ciudad frente a la isla de Hidra en Argólida oriental), o si lo hizo a través de la salida en el Monte Laphystius en Beocia. Otra estaba situada en la Cueva de Drach, en Mallorca, isla de España en el mar Mediterráneo. En Italia una de estas entradas estaba en el monte Etna, donde también se consideraba que se encontraba la fragua del dios herrero Hefesto. Para los romanos la entrada más famosa, por donde entró Eneas, estaba situada un cráter cercano a la ciudad de Cumas, cráter conocido como Averno, Averno deriva del griego, aornos que significa sin pájaros; y se trata de un lago de agua dulce al sur de Italia, en Campania, cerca de Nápoles. Este nombre viene dado por las emanaciones desde del interior del volcán de diversos vapores nocivos sulfurosos y fétidos. Al parecer estos gases hicieron que la vida en el interior del lago y en sus proximidades fuera casi imposible ya que todas las especies de pájaros perecían si se asentaban en el mismo. El lago tiene unos tres kilómetros de circunferencia y ocupa el cráter de un volcán extinto. Virgilio, poeta romano muy afamado lo consideró por su aspecto tenebroso como la boca del infierno y su visión subjetiva inspiró una de las tradiciones más asentadas en la tradición romana, ya que de hecho el inframundo recibió el nombre de Averno partir del que se le daba al propio cráter.

Viaje de Odiseo/Ulises

Viaje de Eneas

Si revisamos la Odisea de Homero (siglo VIII a.C) tenemos las palabras de Circe al héroe y su descripción del sitio señalado por la diosa/bruja:

¡Odiseo, fecundo en ardides! No te dé cuidado el deseo de tener quien te guíe el negro bajel: iza el mástil, descoge las blancas velas y quédate sentado, que el soplo del Bóreas conducirá la nave. Y cuando hayas atravesado el Océano y llegues adonde hay una playa estrecha y bosques consagrados a Perséfone y elevados álamos y estériles sauces, detén la nave en el Océano, de profundos remolinos, y encamínate a la tenebrosa morada de Hades. Allí el Piriflegetón y el Cocito, que es un arroyo del agua de la Estigia, llevan sus aguas al Aqueronte; y hay una roca en el lugar donde confluyen aquellos sonoros ríos. (….)

Entonces arribamos a los confines del Océano, de profunda corriente. Allí están el pueblo y la ciudad de los Cimerios entre nieblas y nubes, sin que jamás el sol resplandeciente los ilumine con sus rayos, ni cuando sube al cielo estrellado, ni cuando vuelve del cielo a la tierra, pues una noche perniciosa se extiende sobre los míseros mortales. A este paraje fue nuestro bajel que sacamos a la playa; y nosotros, asiendo las ovejas, anduvimos a lo largo de la corriente del Océano hasta llegar al sitio indicado por Circe.

Cimeria (también Cymeria) es un país descrito por Homero como la región de la noche eterna situada en los confines del Océano y que es la antesala del Hades, si hablamos de los confines del océano, nos referimos a más allá de las columnas de Hércules (Gibraltar), pero dado que es Boreas sopla desde el norte al sur, cabe la posibilidad que desde la isla de Circe las naves de Ulises empiecen a descender hasta alcanzar la costa de este de Italia. Los pueblos de cimeria eran, según los antiguos griegos, unos pueblos que venían desde más allá del mar Caspio, se establecieron en la tierras al norte del mar negro, llegando a Tracia (hoy Bulgaria), alcanzando Alemania y el norte de Italia. Así que cabe la posibilidad de que Cymeria sea una transcripción de Kymairia, el país de Kymai, (Cumas al norte de Nápoles). El hecho que que Odiseo visite Cymeria al salir de la mansión de Circe (la isla de Eea, cerca de la costa noroeste de Italia) y antes de vencer a las sirenas (costa de Napoles) y superar Escila y Caribdis (Estrecho de Messina) pone a Cumas en medio del camino, es más, recordemos que junto a Cumas se encuentra el lago Averno, donde Virgilio situaría en la Eneida la  entrada al inframundo que uso Eneas; hablamos, por tanto, de la misma entrada.

La llegada de las almas al inframundo

Cuando un muerto es sepultado, Hermes llevaba su sombra (alma) a las profundidades de la tierra, entrando por cavernas hasta los umbrales del Erebo (reino de las tinieblas), un mundo rodeado por ríos de aguas lentas y estancadas. En la penumbra de las profundidades, los espíritus llegan a un ancho río de aguas turbulentas, el Aqueronte, entonces la sombra alquila un puesto en la barca de Caronte que le permite cruzar hasta la otra orilla del Estigia que separa el mundo de los vivos y de los muertos. A aquellos muertos insepultos (sin la moneda para cruzar), quedaban en la orilla y caminaban por la gran ciénaga (del tamaño del Mediterráneo) hasta alcanzar la orilla del Cocito, donde lloraban su suerte, atrapados cuales fantasmas entre ambos mundos.

Las puertas del Hades y Can Cerbero

Los espíritus guiados por Caronte llegaban entonces al otro lado del caudal, hasta las puertas de las murallas del reino de Hades, vigiladas por el horrible y gigantesco Cerbero. Pese a su aspecto esta bestia no hacía ningún daño a las sombras de los muertos; pero asesinaba a cualquier ser vivo que se acercara al reino de los muertos. Según la mitología, Cerbero era hijo de Tifón y Equidna, y era el guardián de los infiernos. El can sólo cuatro veces fue vencido. Una por Orfeo, que consiguió entrenerlo con la música de su lira, otra en combate por Hércules, que en lucha abierta consiguió encadenarle y se lo llevo a la superficie, y fue el único periodo en que Cerbero ha abandonado la entrada del reino de Hades. Psique para superar la cuarta prueba de Afrodita debe ir al Hades a buscar un cofre. Para ello lleva un sopa con la que distrae al can. Eneas fue el último que venció al can de los infiernos, lo durmió gracias a una comida especial preparada por la Sibila.

Tras cruzar las Puertas del Hades estas quedaban completamente cerradas y nadie podía volver. Tras la puertas tienen su morada los hijos de Nix (la noche) y los hijos de estos: Moros (el destino) y las oscuras Keres (muertes trágicas), a Tanatos (dios de la muerte), y al desnudo Hipnos (dios de sueño) y su tribu de Oniros (los Sueños), a Momos (la crítica) y las dolorosas Oizís (dolores), se incluyen los malos placeres como Apate (el engaño) y Filotes (la lujuria), también Geras (la vejez) y la terrible Eris (la Discordia). Y junto a las puertas habitan también otras bestias: Centauros, Gorgonas, hidras, Quimeras, Arpías y muchas más. Virgilio describiendo el viaje de Eneas, pone la morada de todos estos seres frente a las rejas del infierno; antes de cruzar la Estigia, donde puede verse un gran Olmo y los falsos sueños cuelgan debajo de cada hoja. Existían además otras dos puertas para que entraran y salieran los sueños, una hecha de cuerno para los sueños verídicos, otro hecha de marfil para los sueños falsos; lo que no cuadra del reino de los sueños fuera de las murallas del Hades (según Virgilio con su olmo) es que Eneas regresa a través de la puerta de marfil, al parecer ubicada en tierras Elíseas (no se devolvió todo el camino de regreso).

La planicie del Juicio y el palacio de Hades

Los espíritus cruzan el Erebo, por el Valle de los lamentos, escoltados por Cerbero en su camino a la Planicie del Juicio, donde los tres jueces, elegidos por su gran sabiduría y por la vida ejemplar que habían llevado hacen el juicio de las sombras. Éaco juzgaba a los europeos y Radamantis a los asiáticos (que incluía para ese entonces a los africanos) en primera instancia, ante la duda intervenía Minos. Dicho proceso era observado por Hades, Perséfone, Hécate y las Erinias.


En esta región del Erebo se ubica también la morada de Caronte y el palacio de Hades y Perséfone, nunca fue descrito de verdad, excepto para decir que está formado de innumerables puertas y estancias, provisto de colosales columnas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. Un tétrico pasadizo conduce a una enorme y austera habitación, en medio de la cual estaban en su trono de piedra Hades y Perséfone. En su entorno se extienden vastos espacios fríos, y los campos de Asfódelos (cubiertos de flores extrañas, pálidas y fantasmagóricas). No se sabe mucho sobre este lugar, los poetas prefieren no centrarse en él.

Frente al palacio, mirando campos de Asfódelos se encontraban dos estanques, el Mnemósine, cuyas aguas al ser bebidas hacían recordar todo y alcanzar la omnisciencia, ubicado bajo la sombra de un álamo blanco, que era la oceánida Leuce amada por Hades y trasformada en árbol por Perséfone (de sus ramas Heracles hizo la corona con que ciñó su cabeza al volver del más allá); el segundo eran las aguas de Leteo, este debajo un ciprés blanco (que era el árbol del dios Hades y significa duelo, así como el álamo es el árbol de Perséfone y significa lamentación); y era concurrido por aquellos que necesitaban olvidar.

Praderas de los Asfódelos

Si son juzgados como no bondadosos, ni como malvados, las almas son enviadas de nuevo por el ramal principal del Estigia, (tras hacerlos beber de las aguas del Leteo) y llevados hasta las Praderas de los Asfódelos, un lugar gris, chato y nebuloso con árboles de ramas inclinadas hacia el suelo, un lugar plagado de murciélagos, era el lugar más frecuentado, donde la noche y el día no eran más que un eterno crepúsculo. Los condenados se pasaban la eternidad dando vueltas sin objeto. A esta región del Erebo iban todas las almas de la gente común y corriente, convertidos en meras sombras que anhelaban únicamente ser recordadas en vida y que se les hiciesen sacrificios de sangre, para volver a sentirse vivos, aunque sea por poco tiempo, así el único pasatiempo de estas almas era chupar la sangre de los hombres (vampiros), que les permitían volver a la conciencia y responder las preguntas de los vivos (espiritismo antiguo).

Los campos Elíseos

Los bondadosos son enviados a los Campos Elíseos a través del Aqueronte, sitio separado del resto del inframundo por el Río Leteo, este era un tranquilo y apacible lugar donde los espíritus viven en felicidad. Los Campos Elíseos estaban regentados por Cronos. Habitaban allí las almas virtuosas, jugando, bailando y escuchando música todo el día. Las fiestas no cesaban. Los que tenían está suerte podían gozar del privilegio de poder volver a la tierra, si querían, pero pocos aceptaban esta oferta después de haber llegados al paraíso; Para poder reencarnar estas almas debían beber del Leteo, de forma que no recordasen sus vidas pasadas; y aquellos que por tres veces seguidas (reencarnaciones) merecían el Elíseo tenían derecho a vivir en la isla de los Bienaventurados, donde también habitan las Hesperides y sus manzanas doradas. Según Virgilio, las almas buenas, después de mil años, se les borra la memoria y se les manda nuevamente a la tierra en otros cuerpos.

El Tartaro

Los malvados eran enviados a la región del Tártaro a través del río Flegeton, tierra situada en las profundidades extremas, donde reina una noche eterna. En la entrada había una enorme puerta de bronce cerrada por dentro, que sólo se abría para recibir a los muertos que iban llegando. El Tártaro era un lugar de penas y condenación eterna reservado a los malvados o aquellos que habían desafiado a los dioses, es la prisión de los titanes y también humanos malévolos como Tantalo, todos aquellos desafortunados que hubiesen sido castigados por los dioses (o se hayan metido en asuntos que no les debían importar). Estaba rodeado de altas murallas donde los gritos de angustia resonaban sin cesar. Virgilio situaba en esta parte del mundo subterráneo a las Furias (o Erinias) dónde se castigan a los culpables.

Habiendo logrado la victoria en la Titanomaquia, tras diez años de guerra, tras la derrota de Cronos, los tres hijos victoriosos de este y Rea, los Olímpicos (Zeus, Poseidón y Hades) dividieron el botín entre ellos, procedieron a repartirse el reino de su padre. De este modo Zeus acabó quedándose con el cielo, Poseidón con los mares y, por último, Hades con el inframundo, donde no sólo estaba el reino de los muertos, sino también todo cuanto se encontraba bajo la superficie de la tierra, de ahí que se le asociara con las riquezas de esta, como las cosechas y los minerales. Ello explica porque los romanos lo conocieron con los nombres de Plutón o Dis, que significan “rico”.

Procedieron entonces a encerrar a los derrotados Titanes en el Tártaro. Sin embargo, dado que durante la guerra las Titánides (es decir, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis junto a su esposo Océano) habían permanecido neutrales, no fueron castigadas por Zeus. Los Hecatónquiros quedaron montando guardia a las puertas del Tartaro.

Los ríos del inframundo

El reino de Hades esta rodeado por cuatro ríos subterráneos, el Estigia (río del odio), el Aqueronte (río de la aflicción), el Leteo (río del olvido) y el Flegetonte (río del fuego), donde todos concurren a una gran laguna o ciénaga central conocida como Aquerusian o como la parte ancha de la Estigia (depende según autores cual río es el más importante). A estos cuatro grandes ríos algunos autores le agregan el Cocito (río del llanto), una vertiente de Estigia o del Aqueronte y el Eridanos (un río mítico de Hiperboria, que algunos luego identificaron con el Danubio y que Virgilio también ubicó en el infierno).

Aqueron/Aqueronte

El Aqueronte (río de la aflicción o tristeza), río que por dar de beber a los Titanes durante su guerra contra los Olímpicos, fue condenado por Zeus a ser uno de los ríos del reino subterráneo y que atraviesa desde los campos Elíseos hasta llegar al Erebo y soltar sus aguas en la ciénaga.

En Grecia el río Aqueronte o Aquerón está situado en el Epiro, región noroccidental de Grecia y se creía que era una bifurcación del río del inframundo. Caronte porteaba las almas de los recién fallecidos hasta el Hades. Se cuenta que en sus aguas todo se hundía salvo la barca de Caronte, que accedía a pasar las almas de los difuntos a cambio del óbolo o moneda que se ponía a los muertos en la boca para pagarle. Los griegos asentados en Italia identificaban el lago al que desembocaba el Aqueronte con el lago Averno.

Platón lo identificaba como el segundo mayor río del inframundo, sobrepasado sólo por el Océano, afirmando que el Aqueronte corría en la dirección opuesta a la del río Océano, por debajo de la tierra bajo lugares desérticos. Como todos los ríos es hijo de Océano y Tetis, y fue padre de Ascálafo con Orfne (Nix) o Gorgira (Estigia), dos ninfas del inframundo.

En el Infierno de La divina comedia de Dante, el río Aquerón constituye el borde del infierno, bordeando el primer circulo infernal de los no bautizados.

Flegetonte/Piriflegetonte

El Flegetonte (flamígero) o Piriflegetonte (llameando de fuego) es un río de fuego que corre por el Hades. Es un afluente del Aqueronte y se le considera hijo del Cocito. Por él corría fuego que ardía pero que no consumía combustible alguno. Las almas condenadas al pozo del Tartaro eran enviadas por el Flegetonte, el cual circundaba todo el Tartaro, creando un anillo de fuego alrededor y siendo la primera barrera, seguida de tres altas murallas que aislaban al Tartaro de otras regiones infernales.

En La divina comedia (canto XIV) el Flegetonte estaba compuesto de sangre hirviendo y formaba parte del séptimo círculo del Infierno, conteniendo las sombras de los tiranos, los asesinos, los ladrones y los culpables de pecados relacionados con la violencia hacia los semejantes. El minotauro y los centauros cuidaban este circulo.

Cocito

El Cocito (río de las lamentaciones) es un río del Hades por cuyas orillas vagaban los que no podían pagar a Caronte, según la mayoría de las fuentes durante 100 años. Era un afluente del Aqueronte (o del Estigia, según otras versiones) y era alimentado por las lágrimas de los ladrones, los pecadores y de todos aquellos de mala conducta. Presumiblemente su padre era, como con los demás ríos, Océano. Virgilio lo convirtió en uno de los principales río del Hades. Siendo el Cocito el río que delimitaba la frontera entre el reino de los vivos y los muertos, en continuidad con el famoso Aqueronte, del que era un afluente.

En la imaginaria visión del Infierno dada por Dante, el Cocito es un inmenso lago congelado, situado en el noveno círculo del Infierno, aquí se castiga a los traidores, sepultados por el hielo y continuamente afectados por las frías ráfagas de viento producidas por las inmensas alas de Lucifer. Las almas sufren continuamente torturadas por los vientos helados, con las extremidades y los rostros congelados por el extremo frió.

Dante subdivide al Cocito en cuatro zonas o esferas concéntricas: La Caina, donde son castigados aquellos que traicionaron a sus familiares, enterrados en el hielo hasta el cuello; debe su nombre al personaje bíblico Caín. La Antenora, donde son castigados los que traicionaron a su patria, enterrados hasta la cintura, con la parte superior del cuerpo expuesta a los vientos fríos infernales; debe su nombre al personaje Antenor de la Ilíada. La Tolomea, donde son castigados los que traicionaron a sus huéspedes, están recostados con la parte posterior del cuerpo sumergida en el hielo; debe su nombre al personaje Ptolomeo, gobernador de Jericó, quien asesinaba a sus invitados y La Judeca, donde son castigados los que traicionaron a sus amos y benefactores, completamente inmersos en el hielo; debe su nombre al personaje de los Evangelios Judas Iscariote. En el centro de la última de las cuatro zonas concéntricas se encuentra Lucifer, inmerso en una pequeña capa de hielo hasta la cintura, que con su tremenda boca mastica continuamente a los tres mayores traidores de la historia: Casios y Bruto, traidores del César y Judas, el traidor de Jesús.

Lete/Leteo

El Lete o Leteo (Olvido) es uno de los ríos del Hades, quienes beben de sus aguas olvidan todo. Los griegos antiguos creían que se hacía beber de este río a las almas antes de reencarnarlas, de forma que no recordasen sus vidas pasadas. Lete era una náyade, hija de Eris (Discordia); su opuesto era otro río, el Mnemósine (Titanida, diosa de la memoria y madre de las musas con Zeus) cuyas aguas al ser bebidas hacían recordar todo.


Platón cuenta que los muertos llegan a la «llanura de Lete», que es cruzada por el río Ameles (‘descuidado’). En La divina comedia, la corriente del Leteo fluye al centro de la tierra desde su superficie, pero su nacimiento está situado en el Paraíso Terrenal localizado en la cima de la montaña del Purgatorio.

Eridano

El Eridano hoy es una de las constelaciones más grandes del cielo, tiene pocas estrellas brillantes y una forma retorcida; comienza a los pies de Orión, cerca de Rigel, y serpentea hasta terminar muy en el sur con su estrella alfa (Achernar), la novena estrella más brillante de los cielos. Para los egipcios simbolizaba al Nilo, y para los babilonios al Éufrates. Para los griegos el rio Eridano marca el camino que siguió el carro solar en el cielo cuando Faetón consiguió que su padre Helios le dejase conducir el carro del Sol y que no pudo controlar a los fogosos caballos de Helios y estos se salieron de su camino y recorrieron el cielo a su antojo, llegando muy cerca de la Tierra, provocando que se quemaran las cosechas, creando desiertos (Sahara) e incluso se quemaron algunos hombres (que a partir de entonces fueron negros = Etíopes) y Zeus tuvo que intervenir matando con un rayo a Faetón que cayó del carro del Sol hasta el río Eridano. Helios perdió su carro por no prever las consecuencias y Apolo tomo su lugar en los cielos. Los griegos asimilaban a este río con el Danubio y los romanos con el Po. Virgilio asocio que este río de la mítica Hiperboria (y lo ubico en los campos Elíseos) como otro más cuyas aguas eran afluente de la laguna Estigia, ya que según el mito sus aguas jamas dejaron de hervir.

Platón, en Fedón (siglo IV a.C) narra respecto a los ríos del inframundo:

He aquí lo que es esta tierra con todo lo que la rodea. En torno suyo, en sus cavidades, hay muchos lugares; unos más profundos y más abiertos que el país que nosotros habitamos; otros más profundos y menos abiertos; y los hay que tienen menos profundidad y más extensión. Todos estos lugares están taladrados por bajo en muchos puntos, y comunican entre sí por conductos, al través de los cuales corren como fuentes una cantidad inmensa de agua, ríos subterráneos inagotables, manantiales de aguas frías y calientes, ríos de fuego y otros de cieno, unos más líquidos, otros más cenagosos, como los torrentes de cieno y de fuego que en Sicilia preceden a la lava. Estos sitios se llenan de una u otra materia, según la dirección que toman las corrientes, a medida que se derraman. Todos estos surtidores se mueven bajando y subiendo como un balancín suspendido en el interior de la tierra. he aquí cómo se verifica este movimiento.

Entre las aberturas de la tierra hay una que es la más grande, que la atraviesa por entero. Homero habla de ella cuando dice: muy lejos, en el abismo más profundo que existe en las entrañas de la tierra. Homero y la mayor parte de los poetas llaman a este lugar el Tártaro. Allí es donde todos los ríos reúnen sus aguas, y de allí es de donde en seguida salen. Cada uno de ellos participa de la naturaleza del terreno sobre que corre. Si estos ríos vuelven a correr en sentido contrario es porque el líquido no encuentra allí fondo, se agita suspendido en el vacío y hierve de arriba abajo. El aire y el viento, que los rodean, hacen lo mismo; los siguen cuando suben y cuando bajan, y a la manera que se ve entrar y salir el aire incesantemente en los animales cuando respiran, en la misma forma el aire que se mezcla con estas aguas entra y sale con ellas, y produce vientos terribles y furiosos. Cuando estas aguas caen con violencia en el abismo inferior, de que os he hablado, forman corrientes, que se arrojan, al través de la tierra, en los lechos de los ríos que encuentran y que llenan como con una bomba. Cuando estas aguas salen de aquí y vienen a los sitios que nosotros habitamos, los llenan de la misma manera; y derramándose por todas partes sobre la superficie de la tierra, alimentan nuestros mares, nuestros ríos, nuestros estanques y nuestras fuentes. En seguida desaparecen, y sumiéndose en la tierra, los unos con grandes rodeos y los otros no con tantos, desaguan en el Tártaro, donde entran más bajos que habían salido, unos más, otros menos, pero todos algo. Unos salen y entran de nuevo en el Tártaro por el mismo lado, y otros por el opuesto a su salida; los hay que corren en círculo, y que después de haber dado vuelta a la tierra una y muchas veces, como las serpientes que se repliegan sobre sí mismas, bajándose lo más que pueden, marchan hasta la mitad del abismo, pero sin pasar de aquí, porque la otra mitad es más alta que su nivel.

Estas aguas forman muchas corrientes y muy grandes, pero hay cuatro principales, la mayor de las cuales es la que corre más exteriormente y en rededor, y que se llama Océano. El que está enfrente de este es el Aqueronte, que corre en sentido opuesto al través de lugares desiertos, y que sumiéndose en la tierra, se arroja en la laguna Aquerusia, donde concurren la mayor parte de las almas de los muertos, que después de haber permanecido allí el tiempo que se les ha señalado, a unas más, a otras menos, son enviadas otra vez a este mundo para animar nuevos cuerpos.

Entre el Aqueronte y el Océano corre un tercer río, que no lejos de su origen va a precipitarse en un extenso lugar lleno de fuego, y allí forma un lago más grande que nuestro mar, donde hierve el agua mezclada con el cieno; y saliendo de aquí negra y cenagosa, recorre la tierra y desemboca a la extremidad de la laguna Aquerusia sin mezclarse con sus aguas, y después de haber dado muchas vueltas bajo la tierra, se arroja en la parte más baja del Tártaro. Este río se llama Puriflegeton, del que se ven salir arroyos de llamas por muchas hendiduras de la tierra.

A la parte opuesta el cuarto río cae primeramente en un lugar horrible y salvaje, que es, según se dice, de un color azulado. Se llama este lugar Estigio, y laguna Estigia la que forma el río al caer. Después de haber tomado en las aguas de esta laguna virtudes horribles, se sume en la tierra, donde da muchas vueltas y dirigiendo su curso frente por frente del Puriflegeton, le encuentra al fin en la laguna Aquerusia por la extremidad opuesta. Este río no mezcla sus aguas con las de los otros; pero después de haber dado su vuelta por la tierra, se arroja como los demás en el Tártaro por el punto opuesto al Puriflegeton. A este cuarto río llaman los poetas Cocito.

Dispuestas así todas las cosas por la naturaleza, cuando los muertos llegan al lugar a que les ha conducido su guía, se les somete a un juicio, para saber si su vida en este mundo ha sido santa y justa o no. Los que no han sido ni enteramente criminales ni absolutamente inocentes, son enviados al Aqueronte, y desde allí son conducidos en barcas a la laguna Aquerusia, donde habitan sufriendo castigos proporcionados a sus faltas, hasta que, libres de ellos, reciben la recompensa debida a sus buenas acciones. Los que se consideran incurables a causa de lo grande de sus faltas y que han cometido muchos y numerosos sacrilegios, asesinatos inicuos y contra ley u otros crímenes semejantes, el fatal destino, haciendo justicia, los precipita en el Tártaro, de donde no saldrán jamás. Pero los que sólo han cometido faltas que pueden expiarse, aunque sean muy grandes, como haber cometido violencias contra su padre o su madre, o haber quitado la vida a alguno en el furor de la cólera, aunque hayan hecho por ello penitencia durante toda su vida, son sin remedio precipitados también en el Tártaro; pero, transcurrido un año, las olas los arrojan y echan los homicidas al Cocito, y los parricidas al Purifiegeton, que los arrastra hasta la laguna Aquerusia. Allí dan grandes gritos, y llaman a los que fueron asesinados y a todos aquellos contra quienes cometieron violencias, y los conjuran para que les dejen pasar la laguna, y ruegan se les reciba allí. Si los ofendidos ceden y se compadecen, aquellos pasan y se ven libres de todos los males; y si no ceden, son de nuevo precipitados en el Tártaro, que los vuelve a arrojar a los otros ríos hasta que hayan conseguido el perdón de los ofendidos, porque tal ha sido la sentencia dictada por los jueces.

Pero los que han justificado haber pasado su vida en la santidad, dejan estos lugares terrestres como una prisión y son recibidos en lo alto, en esa tierra pura, donde habitan. Y lo mismo sucede con los que han sido purificados por la filosofía, los cuales viven por toda la eternidad sin cuerpo, y son recibidos en estancias aún más admirables. No es fácil que os haga una descripción de esta felicidad, ni el poco tiempo que me resta me lo permite. Pero lo que acabo de decirte basta, mi querido Simmias, para hacerte ver que debemos trabajar toda nuestra vida en adquirir la virtud y la sabiduría, porque el precio es magnífico y la esperanza grande.

Hijos de la noche (10) Moiras, Parcas, Fatas, los Destinos

En el puesto diez en la lista de los hijos de la noche parece apropiado colocar a las diosas del destino, este es el número de la rueda en el tarot, que representa eso, el fin de un ciclo e inicio del otro, ya que hasta ese número que podemos contar con la mano antes de volver a empezar. Las moiras era las diosas que personificaban al destino ineludible de los hombres. Ellas asignan a cada persona su destino en el esquema de cosas. Su nombre significa: las que distribuyen las partes o las porciones.

Entre los muchos dioses de las cuales se las hace hijas tenemos: Nix y Érebo, Nix y Cronos, el propio Caos, Océano o Ponto con Gaia, y como una forma de ponerlas bajos el dominio de Zeus, se las hace hijas de Zeus y Temis (la diosa de la justicia y madre de las horas). Esta relación surge en parte porque cuando Perséfone es devuelta de los infiernos con su madre, es acompañada por las Moiras, relacionando así a estas diosas del inframundo con el ciclo de las estaciones (las horas).

Las moiras, como diosas primigenias no estaban obligadas a obedecer a los dioses, así el destino de cada ser estaba guiado y signado por leyes eternas que debían tomar su curso sin obstrucciones; por tanto Zeus, así como los otros dioses y hombres tenían que someterse a ellas. Como señala una vieja frase —las tres diosas tejen y destejen el destino de hombres y dioses—, así de grande es su poder.

Se cuenta que cuando Zeus pidió ayuda de todos los seres para luchar contra su padre Cronos y el resto de los titanes, prometió que aquellos que no tenían rango ningún que serían recompensados, y aquellos que los tuvieran podrían mantenerlos, en este grupo entraron las Moiras, estas se pusieron de parte de los dioses en su lucha contra los titanes, y por ello Zeus las recompensó manteniéndolas como regidoras de las vida de hombres y de dioses. Las moiras agradecieron el gesto y le dieron a Zeus el sobrenombre de Moiragetes (apellido dado al dios y su hijo Apolo), que significa líder de los destinos.

Los nombres de este trío de diosas son: Cloto que significa: la hiladora, hila el hilo de vida. Láquesis cuyo nombre significa, la repartidora, hila el hilo de vida en la tela del destino; finalmente Átropos (o Aisa —Dispensación o Designio—) cuyo nombre significa: lo que no puede cambiarse, corta el hilo de vida. Los romanos llamaron a estas diosas las Parcas y su nombres eran: Nona, Decuma y Morta.

Al nacer un hombre, las moiras crean el hilo de su vida futura, siguen sus pasos y dirigen las consecuencias de sus acciones, según el consejo de los dioses. No era un destino inflexible; Zeus, si deseaba tenía el poder de salvar aquéllos que ya estaban en el punto de cumplir su destino incluso. Los Destinos no interferían abruptamente en los asuntos humanos, pero eran útiles para causas intermedias: determinando, condicionando, empujando sus acciones e influenciando en los hombres. Como el destino de todo hombre termina con su muerte, las diosas del destino se volvieron con el tiempo en las diosas de la muerte.

Como las diosas de nacimiento y creación del hilo de la vida, tenían el poder de profetizar el destino del recién nacido, Ilitía (diosa de los partos, hija de Zeus y Hera) era entonces su compañera. Así las diosas del destino debían de haber sabido necesariamente el futuro y a veces ellas los revelaban; eran por consiguiente las deidades proféticas, adivinas que atienden los oráculos y acompañan a Apolo. Como las diosas de muerte, ellas aparecen junto con las Keres, Tanatos y las Erinias infernales.

Las Moiras son descritas como las mujeres viejas feas, a veces cojas para indicar la marcha lenta del destino, severas, inflexibles y duras. Cloto lleva un huso o un lleva el ovillo de lana con el que va hilando el destino de los hombres, Láquesis enrolla el hilo en un carrete y dirige el curso de la vida, a veces se la representa con un compás midiendo sobre el horóscopo en un globo celeste (similar a la musa Urania), y Átropos un pergamino, una vela, un reloj de sol, un par de balanzas, o unas sus tijeras de oro con las que corta el hilo de la vida sin respetar la edad, la riqueza, el poder, ni ninguna prerrogativa, y así ésta llega inevitablemente a su fin.

Las Moiras, como divinidades se las concibe como las diosas de nacimiento o como las diosas de muerte. Se puede inferir que quizás originalmente los griegos concibieron una sola Moira (destino), pero como la duración de vida humana es determinada por dos puntos: el nacimiento y la muerte; como consecuencia a su naturaleza y atributos llevaron a la creencia de dos, y finalmente en tres Moiras.

Para algunos el destino es inflexible, y hasta los dioses deben ceder. Otros, al contrario, señalan que Zeus, como el padre de dioses y hombres, pude alterar el destino de los hombres, en este caso las tres diosas se sentaban y lo asistían en su trono. Pero aun a veces ni el propio jefe de los destinos podía vencer sus designios, así por ejemplo cuando las moiras señalan que el hijo varón de Tetis sería más grande que su padre, ni Zeus, ni Poseidón se atrevieron a cortejar a la ninfa, dejándosela al mortal Peleo. También cuando nació Atenea, Cloto dijo que sería una diosa virgen y sin esposo.

Pero los destinos pueden ser alterados, cuando iba nacer Heracles (Hercules), bisnieto de Perseo, Zeus declara que el próximo niño que nacería (su hijo) sería el jefe de los Perseidas; Hera hizo nacer sietemesino a su primo Euristeo y así fue él quien quedó de rey.

Las tres moiras son famosas por otro hado: Meleagro, era hijo de Eneo (rey de Calidón) y Altea (hermana de Leda). Las Moiras anunciaron que su vida estaría ligada a un carbón de leña ardiente, y que cuando se consumiera el tizón, Meleagro moriría. Altea, tras saber esto, sacó el tizón del fuego, lo apagó y lo guardó, convirtiendo al chico en invulnerable. Cuando por el olvido de Eneo de haber dedicado sacrificios a la diosa Artemisa, esta castiga el reino enviando al peligroso jabalí de Calidón. Muchas partidas de caza fueron tras la bestia que azotaba el reino. Meleagro, a pesar de que estaba casado con Cleopatra (Hija de Idas y Marpesa), se enamoró de Atalanta, que también fue participante de la cacería y fue la primera que logró herir al jabalí, y fue a ella a la que ofreció el trofeo del jabalí muerto, ello motivó la irá de los Curetes (tíos maternos del chico), que querían para sí el trofeo. Meleagro los mató en una disputa y Altea acabó con la vida de su hijo lanzado el tizón de leña al fuego hasta que se consumió (tampoco le agradaba la joven cazadora que rompía con la norma). Cleopatra que es la que había estimulado a sus esposo a ir en la partida de caza se suicidó tras la muerte de Meleagro. El suicido es visto como una trampa o engaño al destino.

El volver de la muerte entra en esa misma situación, cuando Tántalo invitó a los dioses a un banquete, decidió ofrecer a su hijo Pélope como comida, descuartizó al muchacho y lo ofreció a los dioses; los dioses evitaron tocar la ofrenda; sólo Deméter, trastocada por la reciente pérdida de su hija Perséfone, no se percató de lo que era y se comió el hombro izquierdo del desdichado. Zeus ordenó a Hermes que reconstruyera el cuerpo de Pélope y lo volviera a cocer en un caldero mágico, sustituyendo su hombro por uno forjado de marfil de delfín, hecho por Hefesto y ofrecido por Deméter. Las parcas le dieron vida de nuevo y así obtuvo nuevas cualidades. Poseidón luego secuestró al nuevo Pélope y lo hizo su amante (pero esa es otra historia). A Tántalo se le castigó, enviándolo al Tartato y condenándolo a pasar hambre y sed rodeado de ricas viandas y dulces néctares, que escapaban de su alcance.

Similar situación tiene Euridice, cuando Orfeo desciende a los infiernos y canta para los dioses del inframundo, hasta las propias Erinias soltaron lagrimas, Euridice es liberada, pero Orfeo no debe verla tras él hasta salir del inframundo; al llegar a la entrada el joven se voltea, pero Euridice no había cruzado aún las puertas, y las hermanas repiten su tarea devolviendo a la chica al reino de Hades por segunda y última vez.

Del infierno solo han salido, con permiso de las tres diosas:

  • Perséfone al volver con su madre Demeter.

  • Sémele, rescatada por su hijo Dioniso, que la hizo inmortal dándole el nombre de Tione (la ardiente) y adorada como diosa del matrimonio (fastidiando así a Hera).

  • Cancerbero, sacado por algunas horas del infierno por Heracles, para cumplir su doceavo trabajo.

  • Hipolito, a solicitud de Artemisa, es devuelto a la vida por Asclepio (dios de la medicina).

  • Pélope revivido por orden de Zeus y luego llevado al Olimpo como amante de Poseidón.

  • El dios Hermes, que lleva las almas hasta las puertas del infierno, para luego volver al cielo.

  • Yolao (Iolas o Iolao) era uno de los más fieles compañeros de su tío Heracles, a quien ayudó en muchas de sus aventuras. Después de muerto el héroe (Heracles) por los celos de su esposa Deyanira, Yolao se inmolo en la pira funeraria junto con su tío. La familia del héroe no pudo hallar descanso; encontraron protección en Ática, y cuando Euristeo marcho contra los hijos de Heracles, Yolao pidió a los dioses del inframundo permiso para recuperar por una hora su juventud y volver de nuevo a la tierra para ayudarles. El permiso le fue concedido y así mató a Euristeo.

Otras formas de escapar a los destinos era transformando a los mortales en algún otro ser (planta, animal, pájaro o puesto en los cielos como una constelación)

  • Asclepio, hijo de Apolo y Coronis, es muerto por Zeus tras devolver a la vida a Hipolito, Apolo luego mata a los cíclopes que fabrican el rayo de su padre en venganza de la muerte de su hijo. Asclepio sale de los infiernos y es puesto como una constelación en los cielos. (Ofiuco: el serpentario)

  • Cástor y Pólux, los hijos de Zeus y Leda, tienen muerte alternada, subiendo a los cielos (constelación de Geminis) la mitad del año y bajando a los infiernos la otra mitad.

  • En sentido inverso, el centauro Quirón, único en su raza inmortal, Heracles accidentalmente le dio con una flecha envenenada con la sangre de la Hidra en el transcurso de una lucha con los centauros. Éste contrajo una dolorosa herida incurable, que le llevó a ceder su inmortalidad a Prometeo, para poder así poder morir y escapar del dolor. Fue puesto en los cielo como la constelación de Centauro.

  • El propio Heracles, tras su muerte fue puesto en los cielos y es la constelación de Hércules.

  • Ámpelos era un muchacho amado por el dios Dioniso, fue transformado por los Destinos, en una vid a su muerte. En otra versión es un sátiro que murió en un accidente al montar un toro enloquecido y las Moiras concedieron a Ámpelo una segunda vida como parra, de la que Dioniso prensó el primer vino.

  • Jacinto, amante de Apolo, muerto por Cefiro, fue transformado en la flor que lleva su nombre.

  • Cipariso, otro efebo amado por Apolo, recibió una jabalina para cazar del dios, por error el muchacho mató a su ciervo domesticado. Tanto fue su duelo y dolor que pidió al dios que le permitiera llorarlo para siempre. El dios aceptó su súplica y lo convirtió en un ciprés, árbol relacionado con el duelo y el dolor por los seres queridos.

  • Ceix muerto en el mar y Alcíone al saber la muerte de su esposo se arrojó al mar. Apiadándose de ellos, los dioses transformaron a la pareja en martines pescadores o alciones

  • Esaco, un hijo de Príamo con don de interpretar los sueños le dijo a Hécuba, poco antes del nacimiento de Paris, que el niño iba ser la causa de la ruina de su patria (Troya). Esaco tuvo un final desgraciado, pues su esposa murió por la mordedura de una serpiente, y él, enloquecido, se arrojó al mar. Compadecida, Tetis lo transformó en somormujo (pájaro zambullidor).

  • Leucótoe era una princesa, hija de Órcamo y hermana de Clitia. Fue seducida por Helios/Apolo/el sol. Clitia, amante inicial del sol, celosa de su hermana porque quería a Helios para sí, contó a Órcamo la verdad. Enfurecido, Órcamo ordenó que Leucótoe fuese enterrada viva. Helios intentó devolverle la vida pero no pudo, así que la transformó en una planta de incienso. También abandonó a Clitia, resentido por su traición; ésta desesperada estuvo nueve días sin comer, sólo viéndolo pasar por el cielo, hasta que terminó por convertirse en girasol.

  • Cicno, aunque varios personajes llevan este nombre, todas las leyendas son similares al final. Una de las más conocidas es la de Faeton (hijo de Helios que pierde el control del carro solar) que es muerto por Zeus; el cuerpo cae en el río Eridano, donde Cicno, amigo de Faeton, se lanza al río para rescatar el cuerpo de su hermano/amigo/amante, llorando su pena hasta el final de sus días. Sus canas al morir fueron transformadas en blancas plumas por los dioses al convertirlo en cisne, dejándolo en el agua y lejos del temible fuego abrazador del sol que tanto odio. Por su parte las Helíades, hermanas de Faetón, lloraron durante cuatro meses y los dioses las convirtieron en álamos y sus lágrimas en ámbar.

  • Filemón era un viejo y pobre campesino que vivía en la ciudad de Frigia con su esposa Baucis. Un día, Zeus y Hermes, tras un viaje disfrazados de mortales, llegaron a Frigia, donde pidieron a sus habitantes un lugar para pasar la noche. Tras la negativa de todos ellos, sólo Filemón y Baucis les permitieron entrar a su humilde cabaña. En agradecimiento por su comportamiento Zeus avisó al matrimonio que iba a destruir la ciudad y a todos aquellos que les habían negado la entrada. La pareja subió a una alta colina y vieron su ciudad destruida por una inundación. Zeus, solo había salvado su cabaña, que posteriormente fue convertida en templo. Cuando Zeus les ofreció un deseo, el matrimonio deseó estar unidos para siempre y morir juntos. Tras su muerte, Zeus los convirtió en dos árboles que se inclinaban uno hacia el otro: Filemón en roble y Baucis en tilo.

Hijos de la Noche (13) Tánatos, Thanatus, Mors

Tánatos era el dios (daimon) de muerte no violenta. Su toque era manso, asemejado en eso a su hermano gemelo Hipnos (el sueño), hijo de Nix (diosa de la noche) y Érebo (dios de las tinieblas). La muerte violenta era el dominio de las hermanas de Tánatos, las Keres, espíritus de matanza y enfermedad. En el arte, Tánatos era representado como un hombre joven con barba llevando una mariposa, una corona o una antorcha invertida en sus manos. A veces tiene dos alas y una espada sujeta a su cinturón. Tánatos juega un papel prominente en dos mitos.

Tras ser condenado a servir un año a un mortal como castigo por matar a los Cíclopes, Apolo escogió la casa de Admeto y se convirtió en su pastor. Apolo quedó tan impresionado por el trato que le dispensó Admeto que lo ayudó a lograr la mano de la princesa Alcestis, la hija de Pelias, rey de Yolco. Alcestis tenía tantos pretendientes que Pelias, para librarse de los numerosos pretendientes, declaró que le daría su hija a él sólo si iba a su corte en un carro tirado por leones y jabalíes. Admeto logró hacer esto con la ayuda de Apolo, logrando así casarse con Alcestis. Pero la mayor ayuda que Apolo prestó a Admeto fue convencer a las Moiras de que aplazasen la muerte de Admeto de su día predestinado. Apolo emborrachó a las Moiras, y éstas accedieron a indultar a Admeto si lograba encontrar a alguien que muriese en su lugar. Admeto creyó inicialmente que uno de sus ancianos padres moriría con gusto en lugar de su hijo, pero cuando éstos terminaron negándose, fue Alcestis quien murió en su lugar por amor hacia él.

Tánatos actua cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. Esta situación fue remediada por Heracles, quien de camino a su trabajo con las yeguas de Diomedes. Al conocer lo que ocurría, entró en la tumba de Alcestis y luchó con Tánatos, intentando persuadirle de que esperase a que a la joven le llegase su hora de forma natural. Tánatos repudiaba estas triquiñuelas de los dioses (especialmente a Apolo) que interferían sus funciones, y tras esta pequeña derrota, reclamó el respeto debido y fue incluso capaz de llevarse al mismo Heracles cuando le llegó su turno.

Otra vez fue capturado por el Sísifo que lo entrampó en un saco para evitar la muerte. Sísifo fue fundador y rey de Éfira (nombre antiguo de Corinto). Era hijo de Eolo y de acuerdo con algunas fuentes (posteriores), fue el padre de Odiseo con Anticlea, antes de que ésta se casase con su último marido, Laertes. Fue promotor de la navegación y el comercio, pero también avaro y mentiroso. Recurrió a medios ilícitos, entre los que se contaba el asesinato de viajeros y caminantes, para incrementar su riqueza. Sísifo tuvo fama de ser el más astuto de los hombres. Cuando Tánatos fue a buscarle, Sísifo le puso grilletes, por lo que nadie murió hasta que Ares vino, liberó a Tánatos, y puso a Sísifo bajo su custodia. Pero Sísifo aún no había agotado todos sus recursos; antes de morir le dijo a su esposa que cuando él se marchase no ofreciera el sacrificio habitual a los muertos, así que en el infierno se quejó de que su esposa no estaba cumpliendo con sus deberes, y convenció a Hades para que le permitiese volver al mundo superior y así disuadirla. Pero cuando estuvo de nuevo en Corinto, rehusó volver al inframundo, hasta que fue devuelto a la fuerza por Hermes. En el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. El motivo de este castigo no es mencionado y resulta oscuro. Según algunos, había revelado los designios de los dioses a los mortales. De acuerdo con otros, se debió a su hábito de atacar y asesinar viajeros.

Aristófanes (siglo V a IV a.C.) Señala:

Tánatos es el único entre los dioses que no ama los regalos [traducido: los sacrificios al dios no logran nada].

Esopo (siglo VI a.C.) Cuenta entre sus fábulas:

Un hombre pobre estaba llevando una carga de madera en sus hombros. Después de un rato él estaba sintiéndose muy cansado y débil, así que él se sentó al lado del camino. Apartando su carga, él convocó amargamente a Tánatos, convocando Tánatos con por sus palabras inmediatamente se presentó y dijo al hombre, —¿Por qué usted me ha llamado?— El hombre dijo: —¡Oh, sólo para pedirle que me ayude a levantar esta carga de la tierra! [traducción: desear la muerte es una cosa, verla llegar es desear otra cosa].

Una leyenda inglesa nos cuenta la misma idea de vencer a la muerte:

Estando la madre de Jack debatiéndose entre la vida y la muerte, su hijo bajó a la playa cercana a aliviar su tristeza. De repente, una silueta alta y delgada, se acercó a él, vestida con una capa negra y el rostro tapado, y le preguntó por la Granja Beanstalk, que era donde él vivía. ¿Quién quiere saberlo?, preguntó Jack. La muerte, respondió. Jack le pidió que lo demostrara metiéndose en una pequeña botella. La muerte se encogió hasta meterse allí dentro. Jack había atrapado a la muerte y volvió a casa feliz, donde encontró a su madre totalmente recuperada y con mucha hambre. Cuando Jack empezó a buscar comida se encontró con que los animales no se morían y las verduras no podían salir del huerto. Los días pasaban y nada moría, todos tenían cada vez más hambre. Y, además, cada vez había más de todo, más moscas, más pulgas. Todo esto es muy raro, dijo la madre, ¿Qué has hecho?, Jack le contó lo sucedido. Vas a tener que sacar la muerte de la botella, siguió la madre. Cuando así lo hizo. La muerte le dijo: Quizás ahora entiendas que no soy enemiga de la vida, pues sin mí, no existiría. Somos dos caras de la misma moneda, no podemos existir la una sin la otra Y se despidió. Jack volvió a la playa a mirar las olas ir y venir, al regresar a casa, encontró a su madre sentada en su mecedora favorita, con cara de serenidad, muerta.

Euripides en Alcestis (la tragedia griega del siglo V a.C.) nos narra:

APOLO
¡Moradas de Admeto, en las que yo, aunque dios, estuve en la mesa de los siervos! Zeus tuvo la culpa, que mató a mi hijo Asclepio hundiéndole en el pecho el rayo, por lo cual, yo irritado voy y mato a los Cíclopes, forjadores del fuego de Zeus. Y mi padre a servir me obligó en castigo, en casa de un hombre mortal. Vine a este país y fui boyero de mi huésped; hasta ahora he guardado esta casa. Yo, que soy santo, con un santo hombre topé, el hijo de Feres, a quien he salvado de morir engañando a las Moiras. Las diosas me han permitido que Admeto escape por ahora el infierno, con tal de que ofrezca otro muerto a los de abajo. A todos los suyos los ha recorrido y probado, a su padre y a la vieja madre que lo dio a luz, ni, fuera de su mujer, encontró quien quisiera morir por él y dejar de ver la luz. A ella la lleva por la casa en sus brazos, derrámasela el alma: pues en este día tiene que morir y dejar la vida. Yo, para que no se alcance impureza en la casa, dejo este techo, mi más caro cobijo en este mundo. Ya veo aquí cerca a Muerte, que sacrifica a los moribundos, y que a las moradas de Hades se la va a llevar: ha Llegado en su momento guardando el día en que ella tiene que morir.

TÁNATOS
¡Ah, ah! ¿Qué haces tú en esta casa?, ¿qué haces aquí dando vueltas, Febo? Pecas cuando los honores de los de abajo recortas y suprimes. ¿No te ha bastado impedir el destino de Admeto, a las Moiras con taimadas artes engañando? Y ahora, otra vez, custodias, tu brazo armado del arco, a la que ha prometido, para salvar a su marido, morir ella, la hija de Pelias.

APOLO
Tranquilízate. Guardo justicia y buena razón.

TÁNATOS
¿Y a qué viene el arco, si guardas justicia?

APOLO
Siempre es mi costumbre llevarlo.

TÁNATOS
Y ayudar a esta casa fuera de justicia.

APOLO
De un hombre amigo me duelen las desgracias.

TÁNATOS
¿Y me vas a alejar de este segundo cadáver?

APOLO
Por la fuerza el primero no te he quitado.

TÁNATOS
Pues ¿cómo sobre el suelo está y no debajo de tierra?

APOLO
Ha dado en cambio su mujer, a por la que tú vienes.

TÁNATOS
Y me la llevaré allá abajo, bajo la tierra.

APOLO
Tómala y vete. No sé si podría convencerte…

TÁNATOS
¿De matar al que es preciso? Ésta es mi obligación.

APOLO
No, sino de dar muerte a los que se resisten a morir.

TÁNATOS
Me has dado razón y confianza tú mismo..

APOLO
¿Habría modo de que Alcestis llegara a la vejez?

TÁNATOS
No. Piensa que yo también disfruto con mis honores.

APOLO
Al fin y al cabo no te llevas más que un alma.

TÁNATOS
Cuando mueren jóvenes, gano mayor honor.

APOLO
Pero si muere una vieja la enterrarán con más pompa.

TÁNATOS
Febo, ¿dispones la ley mirando a los ricos?

APOLO
¿Qué dices?, ¿es que habías disimulado su ingenio hasta ahora?

TÁNATOS
Los ricos tendrían la ventaja de morirse de viejos.

APOLO
¿No me quieres hacer ese favor?

TÁNATOS
No. Ya sabes mis costumbres.

APOLO
Enemigos de los hombres y odios para los dioses.

TÁNATOS
No puedes tener todo lo que no debes tener.

APOLO
Pues tú me obedecerás aunque tan duro eres. A la casa de Feres vendrá un hombre tal, enviado de Euristeo por un carro de caballos de los lugares de duro invierno de Tracia, que hospedado en esta casa de Admeto por la violencia te quitará esta mujer y no tendrás mi agradecimiento aunque lo hagas, y me serás odioso.

TÁNATOS
Por mucho que digas, no sacarás más. Esta mujer bajará a la casa de Hades. Voy hacia ella a sacrificarla con la espada. Sacro a los dioses de bajo tierra es aquel de cuya cabeza esta espada el cabello santifique.

***

ADMETO
Amigos, el destino de mi mujer, más feliz que el mío lo creo, pues al cabo no piensa. Ya nunca la alcanzará a ella ningún dolor, y con gloria ha terminado muchos dolores. Yo, el que no debía vivir, pasado mi destino llevaré una vida lamentable: ahora lo comprendo. ¿Cómo voy a soportar entrar en esta casa? ¿A quién saludaré, quién me hablará para que mi entrada sea dulce? ¿Dónde me dirigiré? La soledad que hay dentro me expulsa cuando veo vacía de mi mujer la cama, y las sillas en que se sentaba, y por la casa descuidado el suelo, y los niños que a mis rodillas se abrazan y lloran a su madre, y los que por su señora gimen, se les ha ido de la casa. Esto en mi casa, fuera me repugnan las bodas tesalias y las reuniones de mujeres, porque no puedo soportar la visita de las que son de la edad de mi esposa. Dirá el que siendo mi enemigo contemple esto: ¡Mira el que vive miserable por no haber soportado la muerte, que cedió por cobardía a su mujer y evitó el Hades! ¿Después de esto se cree un hombre? Odia a sus genitores él, que no quiso morir. Ésta es la fama que entre los malignos tendré. ¿Para qué, amigos, me glorío de vivir, con
mala fama y mala fortuna?.

Hijos de la Noche (14) Hipnos, Somnus, Sopor

Hipnos era el dios o espíritu (daimon) del sueño [entendido como el acto de dormir y no el de soñar]. Él residía en Érebo, la tierra de oscuridad eterna, más allá de las verjas del sol creciente. Él sube al cielo cada noche acompañado a su madre Nyx (Noche).

Hipnos está a menudo acompañado con su hermano gemelo Tánatos (la Muerte Pacífica), y con el resto de los Oneiros (sueños) que eran sus hermanos o hijos. Hipnos es descrito como un joven con las alas en sus hombros o en la cabeza. Sus atributos incluyeron un cuerno de opio adormecedor, un tallo de amapola, una rama que gotea el agua del río Leteo (Olvido), o una antorcha invertida. Su equivalente romano era Somnus o Sopor.

De las peleas de los gemelos de la Noche nos cuenta Víctor Morata Cortado en “Dormir, soñar y morir“:

Cuán diferentes eran entre sí los hijos de la Noche. Quizá si Nix hubiese sabido el carácter de sus engendros habría meditado y aletargado el instante de su creación. Como dos polos opuestos, Hipnos y Tánatos, no tenían más remedio que cogerse de la mano con cierta frecuencia, pues bien es sabido que la muerte y el sueño no son tan dispares al fin y al cabo, por mucho que les delate su intención para con los mortales. No era raro el día en el cual su madre, la Noche, tenía que desenzarzarlos de sus acaloradas discusiones filosóficas acerca de la vida, la muerte y el grado de ignorancia acerca de estos asuntos en el cual debían mantener a los humanos. Bajo un foliado árbol ambos hermanos pasaban el tiempo sumidos en la desidia, uno durmiendo y el otro acariciando animalitos que caían rendidos en otro sueño mucho más letal. No hubo de pasar mucho tiempo para que sus lazos de sangre fuesen cortados por el filo de la eterna disputa que entre ambos permanecía en estado latente.

Hipnos decidió construir un palacio en lo más profundo de una cueva en el lejano oeste donde el Sol jamás llegaba e inundaba los parajes con su luz. El ornato de su hogar era simple, pues su única ocupación consistía en dormir y disfrutar por siempre de la paz, la tranquilidad y el silencio que aquel lugar le regalaba. Solamente el río Leteo verberaba con un tintineo suave, relajante y apaciguador de sus más oscuras preocupaciones, siempre concernientes a su hermano Tánatos. Evocaba entonces, empeñado en la tarea de conciliar el sueño, el murmullo de las lánguidas aguas del río del olvido mientras el aroma de las amapolas y las plantas narcóticas que brotaban en su orilla le colmaban de un estado placentero. Esta era la vida que Hipnos había elegido, lejos de la muerte… amargamente lejos de la noche… y a un tiempo tan cerca.

Tánatos, por su parte, no era muy amigo del descanso y solamente se le veía recostado cuando tenía que coger la mano del moribundo y llevarlo al otro lado. Disfrutaba tremendamente ese momento en el cual arrebataba con un solo gesto la vida de aquellos afanados mortales. Muchas veces constituía un gran prodigio agarrar la esencia de aquel que no moría de anciano, se consideraba un gran amante de su don y un experto consabido de sus artes. Así, aunque el placer de visitar el lecho de muerte y arrastrar al señalado era inigualable, no disfrutaba menos cuando se lanzaba al vacío para acometer al suicida justo en el momento de su impacto contra el suelo. Una vida loca, si se podía llamar así, era la que ostentaba el dios de la Muerte. Muchas fueron las veces que Tánatos se vio tentado de visitar a su hermano y prolongar su sueño hacia un no despertar eterno y letal, pero la venenosa idea de infiltrarse en los aposentos de su palacio y, más concretamente, en aquel lecho de ébano y plumas le repugnaba. Solamente las cortinas negras, pensaba Tánatos, le otorgaban un cierto toque de distinción, de tenebrosidad y languidez. Más propio de su talante que del de Hipnos.

Pronto esta tentación enraizó y empezó a crecer con fuerza, como si de un fuerte roble se tratase, al descubrir que una nueva generación había brotado de su somnoliento hermano, creando una curiosa descendencia. Tres fueron los hijos que Hipnos trajo al mundo en calidad de dioses, Iquelo, Fantaso y Morfeo. A todos ellos quiso reclutar Tánatos con gran afán, pues siendo parte de la familia le resultaba interesante tener un sobrino como discípulo. Un gran abanico de posibilidades se abría ante él, quizá pensando más en Fantaso o en Morfeo, pues ambos tenían ese toque necesario para dar un punto más artístico y creativo a su mortal dedicación. En vano intentó acercarse a ellos y pactar un acuerdo que beneficiase a ambas partes, pero los hermanos no dudaron en rechazar cualquier propuesta que de Tánatos proviniera.

Éste entonces montó en cólera y enfurecido bramó que aquella ofensa solamente quedaría saldada derramando la sangre de Hipnos. Asustados por lo poco salubre de aquella amenaza, Morfeo decidió entonces cuidar del letargo de su padre, procurándole la vigía que él mismo era imposible de confiarse. Fue desde entonces que, a pesar de que Hipnos, como dios del Sueño, era capaz de dominar tanto a dioses como a mortales, Morfeo se ocupó de las ensoñaciones que la actividad de dormir favorecían, gobernando las historias que pasan por cada una de las mentes de todo el mundo en los momentos del sueño.

Rara vez despista Morfeo su cuidado, si bien es cierto que, en ocasiones, nubla el recuerdo del durmiente que al despertar profiere una profunda sensación de desconcierto, ignorante de saber si acaso ha soñado. Otras veces, juguetón, fusiona con tanta fuerza ambos mundos, el onírico y el real, que hace dudar de aquello que conforma la propia existencia del soñador. Otras, intenta prevenir de ciertos acontecimientos a los más eruditos y les ofrece geniales ideas que por sí solas nunca podrían ver la luz. Pero sin duda, la mayoría de las veces, aún de forma leve, procura alertar de la presencia de su tío a los mortales y, adivinando sus pasos, les procura un poco más de tiempo antes de que Tánatos venga a llevarles consigo para siempre.

Homero en su Iliada (Siglo VIII a.C.): nos cuenta como Hera ofreció la joven Pasifea a Hipnos  a cambio de su ayuda :

Hera, la de áureo trono, miró con sus ojos desde la cima del Olimpo, conoció a su hermano y cuñado, que se movía en la batalla donde se hacen ilustres los hombres, y se regocijó en el alma; pero vio a Zeus sentado en la más alta cumbre del Ida, abundante en manantiales, y se le hizo odioso en su corazón. Entonces Hera venerada, la de ojos de novilla, pensaba cómo podría engañar a Zeus, que lleva la égida. Al fin le pareció que la mejor resolución sería ataviarse bien y encaminarse al Ida, por si Zeus, abrasándose en amor, quería dormir a su lado y ella lograba derramar dulce y placentero sueño sobre los párpados y el prudente espíritu del dios. Sin perder un instante, fue a la habitación labrada por su hijo Hefesto, la cual tenía una sólida puerta con cerradura oculta que ninguna otra deidad sabía abrir, entró y habiendo entornado la puerta, se lavó con ambrosía el cuerpo encantador y lo untó con un aceite craso, divino, suave y tan oloroso que, al moverlo en el palacio de Zeus, erigido sobre bronce, su fragancia se difundió por el cielo y la tierra. Ungido el hermoso cutis, se compuso el cabello y con sus propias manos formó los rizos lustrosos, bellos, divinos, que colgaban de la cabeza inmortal. Se echó en seguida el manto divino, adornado con muchas bordaduras, que Atenea le había labrado, y lo sujetó al pecho con broche de oro. Se puso luego un ceñidor que tenía cien borlones, y colgó de las perforadas orejas unos pendientes de tres piedras preciosas grandes como ojos, espléndidas, de gracioso brillo.

Después, la divina entre las diosas se cubrió con un velo hermoso, nuevo, tan blanco como el sol, y calzó sus nítidos pies con bellas sandalias. Y cuando hubo ataviado su cuerpo con todos los adornos, salió de la estancia, y, llamando a Afrodita aparte de los dioses, y le habló en estos términos: —¿Querrás complacerme, hija querida, en lo que yo te diga, o te negarás, irritada en tu ánimo, porque yo protejo a los dánaos y tú a los troyanos?

Respondió Afrodita, hija de Zeus: —¡Hera, venerable diosa, hija del gran Cronos! Di qué quieres; mi corazón me impulsa a efectuarlo, si puedo hacerlo y ello es factible.

Le contestó dolosamente la venerable Hera: —Dame el amor y el deseo con los cuales rindes a todos los inmortales y a los mortales hombres. Voy a los confines de la fértil tierra para ver a Océano, padre de los dioses, y a la madre Tetis, los cuales me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su palacio, cuando el gran vidente Zeus puso a Cronos debajo de la tierra y del mar estéril. Iré a visitarlos para dar fin a sus rencillas. Tiempo ha que se privan del amor y del tálamo, porque la cólera anidó en sus corazones. Si apaciguara con mis palabras su ánimo y lograra que reanudasen el amoroso consorcio, me llamarían siempre querida y venerable.

Respondió de nuevo la risueña Afrodita: —No es posible ni sería conveniente negarte lo que pides, pues duermes en los brazos del poderoso Zeus—. Dijo; y desató del pecho el cinto bordado, de variada labor, que encerraba todos los encantos; hallase allí el amor, el deseo, las amorosas pláticas y el lenguaje seductor que hace perder el juicio a los más prudentes. Lo puso en las manos de Hera, y pronunció estas palabras: —Toma y esconde en tu seno el bordado ceñidor donde todo se halla. Yo te aseguro que no volverás sin haber logrado lo que tu corazón desea—. Así dijo.

Se sonrió Hera venerada, la de ojos de novilla; y sonriente aún, escondió el ceñidor en el seno. Afrodita, hija de Zeus, volvió a su morada y Hera dejó en raudo vuelo la cima del Olimpo, y, pasando por la Pieria y la deleitosa Ematia, salvó las altas y nevadas cumbres de las montañas donde viven los jinetes tracios, sin que sus pies tocaran la tierra descendió por el Atos al fluctuoso Ponto y llegó a Lemnos, ciudad del divino Tonante.

Allí se encontró con el Hipnos, hermano de Tánatos, y, asiéndole de la diestra, le dijo estas palabras: —¡Hipnos, rey de todos los dioses y de todos los hombres! Si en otra ocasión escuchaste mi voz, obedéceme también ahora, y mi gratitud será perenne. Adormece los brillantes ojos de Zeus debajo de sus párpados, tan pronto como, vencido por el amor, se acueste conmigo. Te daré como premio un trono hermoso, incorruptible, de oro; y mi hijo Hefesto, el cojo de ambos pies, te hará un escabel que te sirva para apoyar las nítidas plantas, cuando asistas a los festines.

Respondió el dulce Hipnos: —¡Hera, venerable diosa, hija del gran Cronos! Fácilmente adormecería a cualquier otro de los sempiternos dioses y aun a las corrientes del río Océano, del cual son oriundos todos, pero no me acercaré ni adormeceré a Zeus Cronión, si él no lo manda. Me hizo cuerdo tu mandato el día en que el muy animoso hijo de Zeus se embarcó en Ilio, después de destruir la ciudad troyana. Entonces sumí en grato sopor la mente de Zeus, que lleva la égida, difundiéndome suave en torno suyo; y tú, que intentabas causar daño a Heracles, conseguiste que los vientos impetuosos soplaran sobre el Ponto y lo llevaran a la populosa Cos, lejos de sus amigos. Zeus despertó y encendió en ira; maltrataba a los dioses en el palacio, me buscaba a mí, y me hubiera hecho desaparecer, arrojándome del Éter al Ponto, si la Nix, que rinde a los dioses y a los hombres, no me hubiese salvado; llegué a ella huyendo, y aquél se contuvo, aunque irritado, porque temió hacer algo que a la rápida Nix desagradara. Y ahora me mandas realizar otra cosa peligrosísima.

Le respondió Hera venerada, la de ojos de novilla: —Oh Hipnos, ¿por qué en la mente revuelves tales cosas? ¿Crees que el gran vidente Zeus favorecerá tanto a los troyanos, como en la época en que se irritó protegía a su hijo Heracles? Vamos, ve y prometo darte, para que te cases con ella y lleve el nombre de esposa tuya a la más joven de las Gracias, Pasitea, de la cual estás deseoso todos los días. Así habló.

Se alegró Hipnos, y respondió diciendo: —Bien, jura por el agua inviolable de la Estigia, tocando con una mano la fértil tierra y con la otra el brillante mar, para que sean testigos los dioses de debajo de la tierra que están con Cronos, que me darás la más joven de las Gracias, Pasifea, de la cual estoy deseoso todos los días.

Así dijo. No desobedeció Hera, la diosa de los níveos brazos, y juró, como se le pedía, nombrando a todos los dioses subterraneos, llamados Titanes. Prestado el juramento, partieron ocultos en una nube, dejaron atrás a Lemnos y la ciudad de Imbros, y siguiendo con rapidez el camino llegaron a Lecto, en el Ida, abundante en manantiales y criador de fieras; allí pasaron del mar a tierra firme, y anduvieron haciendo estremecer debajo de sus pies la cima de los árboles de la selva. Se detuvo Hipnos antes que los ojos de Zeus pudieran verlo, y, encaramándose en un abeto altísimo que había nacido en el Ida y por el aire llegaba al éter, se ocultó entre las ramas como la montaraz ave canora llamada por los dioses calcis y por los hombres cymindis. Hera subió ligera al Gárgaro, la cumbre más alta del Ida.

Zeus, que amontona las nubes, la vio venir; y apenas la distinguió, enseñoreándose de su prudente espíritu el mismo deseo que, cuando gozaron las primicias del amor, acostándose a escondidas de sus padres. Y así que la tuvo delante, le habló diciendo: —¡Hera! ¿Adónde vas, que tan presurosa vienes del Olimpo, sin los caballos y el carro que podrían conducirte?

Respondiéndole dolosamente la venerable Hera: —Voy a los confines de la fértil tierra, a ver a Océano, origen de los dioses, y a la madre Tetis, que me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su palacio. Iré a visitarlos para dar fin a sus rencillas. Tiempo ha que se privan del amor y del tálamo, porque la cólera invadió sus corazones. Tengo al pie del Ida, abundante en manantiales, los corceles que me llevarán por tierra y por mar, y vengo del Olimpo a participártelo; no fuera que lo irritaras si me encaminase, sin decírtelo, al palacio del Océano, de profunda corriente.

Contestó Zeus, que amontona las nubes: —¡Hera! Allá se puede ir más tarde. Ea, acostémonos y gocemos del amor. Jamás la pasión por una diosa o por una mujer se difundió por mi pecho, ni me avasalló como ahora: nunca he amado así, ni a la esposa de Ixión, que parió a Pintoo consejero igual a los dioses; ni a Dánae Acrisiona, la de bellos talones, que dio a luz a Perseo, el más ilustre de los hombres; ni a la celebrada hija de Fénix, que fue madre de Minos y de Radamantis igual a un dios; ni a Sémele, ni a Alcmena en Teba, de la que tuve a Heracles, de ánimo valeroso, y de Sémele a Dioniso, alegría de los mortales; ni a Deméter, la soberana de hermosas trenzas; ni a la gloriosa Leto; ni a ti misma: con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera.

Replicó dolosamente la venerable Hera: —¡Terrible Cronida! ¡Qué palabras proferiste! ¡Quieres acostarte y gozar del amor en las cumbres del Ida, donde todo es patente! ¿Qué ocurriría si alguno de los sempiternos dioses nos viese dormidos y lo manifestara a todas las deidades? Yo no volvería a tu palacio al levantarme del lecho; vergonzoso fuera. Mas, si lo deseas y a tu corazón le es grato, tienes la cámara que tu hijo Hefesto labró, cerrando la puerta con sólidas tablas que encajan en el marco. Vamos a acostarnos allí, ya que el lecho apeteces.

Respondió Zeus, que amontona las nubes: —¡Hera! No temas que nos vea ningún dios ni hombre: te cubriré con una nube dorada que ni el Sol, con su luz, que es la más penetrante de todas, podría atravesar para mirarnos—. Dijo, y el hijo de Cronos estrechó en sus brazos a la esposa. La divina tierra produjo verde hierba, loto fresco, azafrán y jacinto espeso y tierno para levantarlos del suelo.

Se acostaron allí y cubrieron con una hermosa nube dorada, de la cual caían lucientes gotas de rocío. Tan tranquilamente dormía el padre sobre el alto Gárgaro, vencido por el sueño y el amor y abrazado con su esposa.

El dulce Hipnos corrió hacia las naves aqueas para llevar la noticia al que ciñe y bate la tierra; y, deteniéndose cerca de él, pronunció estas aladas palabras: —¡Poseidón! Socorre pronto a los dánaos y dales gloria, aunque sea breve, mientras duerme Zeus, a quien he sumido en dulce letargo, después que Hera, engañándole, logró que se acostara para gozar del amor.

Quintus Smyrnaeus (siglo IV d.C.) Nos cuenta lo que ocurrió luego:

Del Océanos entonces subió Eos (el Alba), dorada guía, mientras un fluctuante y suave viento llevó a Hipnos al cielo, y allí encontró a Hera … Ella lo abrazó y lo besó, quién había sido su deudora desde que en su encuentro en el monte de Ida; él había calmado al Cronión [Zeus] al dormirlo … Sin tardar Hera pasó a la mansión de Zeus, e Hipnos rápidamente voló a la cama de Pasifea. Del letargo todas las naciones de la tierra se despertaron.

Nonnu (siglo V a VI a.C.) nos da la opinión de Afrodita al saber el arreglo:

[Afrodita dando ordenes a su sierva Pasifea dice]: —Estimada muchacha, ¿qué problema ha cambiado su mirada? … ¡Ah, yo sé por qué sus mejillas están pálidas!, el oscuro Hipnos, el vagabundo la corteja como un novio corteja a una sirvienta! ¡Yo no la forzare si usted es contra su voluntad; yo no uniré al negro Hipnos a la blanca Pasifea!