Faetón, el mundo destrozado por Júpiter

La ley de Titius-Bode, incluso pudiendo ser solo una curiosidad matemática, tuvo una gran importancia en el desarrollo de la Astronomía de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Así en 1766 Johann Daniel Titius y posteriormente en 1772 el director del Observatorio de Berlín, Johann Elert Bode encontraron una regla simple matemática que daba de forma muy exacta la distancia de los planetas respecto al sol en Unidades Astronómicas; aunque algunos dicen que el primero en proponerla fue Christian Wolff en 1724.

La hoy conocida como ley de Titius-Bode señala que la distancia ‘a’ obedece a la relación: a=[(n+4)/10]; con n igual al doble del número anterior, empezando en 0 para Mercurio, 3 para Venus, 6 para la Tierra y así sucesivamente.

Planeta Posición respecto al sol n Distancia calculada Distancia oficial
Mercurio 1 0 0,4 0,39
Venus 2 3 0,7 0,72
Tierra 3 6 1,0 1,00
Marte 4 12 1,6 1,52
Ceres (1801) 5 24 2,8 2,77
Júpiter 6 48 5,2 5,20
Saturno 7 96 10,0 9,54
Urano (1781) 8 192 19,6 19,20
Neptuno (1846) 9 30,60
Plutón (1930) 10 384 38,8 39,44

Cuando originalmente se publicó, la ley era satisfecha por todos los planetas conocidos, desde Mercurio hasta Saturno, con un hueco entre el cuarto y quinto planeta; este hecho se consideró interesante, pero de ninguna importancia hasta el descubrimiento de Urano en 1781, que estaba a 19,18 UA, y qué encajó pulcramente en la serie y no hizo más que confirmar la ley publicada solo tres años antes; lo que llevó a pensar que faltaba un planeta, en el quinto lugar a 2,8 UA. Basado en su nueva credibilidad, Bode inició la búsqueda del quinto planeta.

En el congreso astronómico que tuvo lugar en Gotha, Alemania, en 1796, el francés Joseph Lalande recomendó su búsqueda. Entre cinco astrónomos se repartieron el zodiaco en la búsqueda del quinto planeta y finalmente el 1 de enero de 1801, en el Observatorio de Palermo el monje Giuseppe Piazzi, que no pertenecía a la comisión de búsqueda, descubrió Ceres, el primero de los asteroides. Carl Friedrich Gauss, el gran matemático, cálculo de la órbita de Ceres con los pocos datos de la órbita conseguidos por Piazzi. Calculada su órbita, resultó se un cuerpo que orbitaba entre Marte y Júpiter; es decir, el cuerpo que faltaba según la ley de Titius-Bode.

Sin embargo, en 1802 el astrónomo Heinrich Wilhelm Matthäus Olbers descubrió y nombró a otro objeto en la misma órbita general que Ceres, se trataba del asteroide Palas. Olbers propuso que estos nuevos descubrimientos fueron los fragmentos de un planeta alterado que anteriormente había girado en torno al sol. También predijo que más de estas piezas se encontrarían. El descubrimiento del asteroide Juno (1804) por Karl Ludwig Harding y Vesta (1807) por Olbers lo que reforzó la hipótesis de un planeta originario destrozado.

Así durante el siglo XIX, a medida que los asteroides eran descubiertos, estos nuevos objetos celestes eran considerados planetas. Júpiter paso a ser el sexto planeta tras el descubrimiento de Ceres. Entre 1845 y 1851, once asteroides adicionales fueron descubiertos y Júpiter se había convertido en el planeta número veinte. En este punto, los astrónomos empezaron a clasificar los nuevos cuerpo como asteroides (similares a estrellas). Después de la reclasificación de los asteroides en su propio grupo, Júpiter volvió a ser el quinto planeta una vez más. Con la nueva definición del término planeta en 2006, Ceres ya no es un asteroide, sino que entra en el conjunto de planetas enanos, siendo el único en esta categoría dentro del sistema solar interior.

El descubrimiento de los distintos asteroides del cinturón principal hizo que los científicos buscaran explicaciones lógicas para su origen y tratar de mantener la ley de Titius-Bode no como una curiosidad matemática, sino como algo cierto entre los cuerpos celestes; pero el descubrimiento de Neptuno en 1846, fuera de las predicciones de la Ley ya ponían en duda la veracidad de la misma. Pero la ley de Titius-Bode aún persistía en la mente de los científicos; el descubrimiento de Plutón en 1930 parecía corresponder con la posición que debería tener Neptuno, así la explicación era que Neptuno era un cuerpo extraño al sistema solar. Hoy nadie considera la ley de Titius-Bode salvo como algo más que un recurso mnemotécnico y no como un cálculo astronómico exacto; aunque se han hecho modificaciones a la misma, estas buscando relaciones logarítmicas entre los planetas, y en los gigantes gaseosos en sus grandes lunas encontrándose buenas correspondencias; pero ello bien lejos de la ley original.

Pero fuera de esta discusión sobre la veracidad o no de la ley de Titius-Bode, había que dar una explicación al origen del cinturón principal de asteroides; la propuesta inicial fue la existencia de un planeta entre Marte y Júpiter que existía en donde hoy se ubica el cinturón de asteroides, ello se conoció como la ‘Teoría de la Interrupción‘. Esta teoría afirma que hubo una vez un planeta importante dentro del sistema solar que circulaba en la brecha actual entre Marte y Júpiter, que fue destruido cuando se desvió demasiado cerca de Júpiter y fue destrozado por la poderosa gravedad del gigante de gas, otros proponen que este cuerpo fue golpeado por otro gran cuerpo celeste. En el siglo XX, el investigador sobre meteoritos ruso, Yevgeny Leonidovich Krinov, que participaba en la investigación del suceso de Tunguska, sugirió que el planeta que explotó en la teoría de Olbers debía ser nombrado Faetón (Phaeton, Phaethon) en referencia al hijo del dios del sol de la mitología griega, que trató de conducir el carro solar de su padre un día con resultados desastrosos y que fue finalmente destruido por Zeus (Júpiter).

Planeta Faetón

Hoy, la hipótesis Faetón se ha sustituido por el ‘Modelo de acreción‘. La mayoría de los astrónomos creen que los asteroides en el cinturón principal son los restos del disco protoplanetario, y que en esta región la agrupación de remanentes protoplanetarios para formar uno o más planetas fue impedido por la gran perturbación gravitatoria inducida por Júpiter durante el período de formación del sistema solar. Pero la hipótesis del mundo Faestón sigue siendo defendida por algunos no científicos. Un defensor notable es Zecharia Sitchin, quien ha propuesto, basado en su lectura de la antigua mitología Sumeria, que el planeta conocido por los sumerios como Tiamat fue destruido por un planeta errante llamado Nibiru y resultado de ese choque nacieron la Tierra, la Luna y el cinturón de asteroides; pero esta obra es ampliamente considerada como pseudociencia. Otras propuestas son en 1988, Donald W. Patten que escribió un libro titulado ‘El catastrofismo y el Antiguo Testamento‘ aquí un pequeño planeta que llamo Astra se acercó a Marte y, al llegar al límite de Roche, se rompió al igual que el cometa Shoemaker-Levy 9 hizo cuando se acercó a Júpiter en 1994, pero esta propuesta está también dentro de la pseudociencia ya que el tamaño de Marte hace que su límite de Roche se encuentre casi a un radio del planeta.

La idea de la existencia de un quinto planeta no ha sido del todo abandonada por la ciencia; tras el descubrimiento de los primeros planetas extras solares se observó que la mayoría eran cuerpos gaseosos similares a Júpiter, pero, a diferencia de nuestro gigante gaseoso, estos mundos giran muy cerca de la estrella, fueron llamados Júpiter calientes, y están a distancias incluso menores que nuestro Mercurio del Sol, donde no era posible que esos mundos se formaran, y se postulo que tras la formación de estos gigantes gaseosos, los mismos iban perdiendo momentum angular al chocar con los distintos cuerpos del disco protoplanetario original de sus sistemas solares. El frenado hacía que los planetas entraran en orbita espiral hasta alcanzar órbitas muy cercanas a sus respectivos soles. En 2002 los científicos John Chambers y Jack Lissauer plantearon la propuesta del Planeta V; un cuerpo que debió haber existido entre Marte y Júpiter, y al igual que los planetas extrasolares, desarrollo una orbita excéntrica e inestable producto de las colisiones con los restos del disco protoplanetario, el resultado es que hace unos cuatro mil millones de años este cuerpo terminó entrando dentro del sistema solar interior hasta terminar cayendo dentro del Sol; hechos que ocurrieron justo con el periodo de bombardeo pesado tardío; aunque este mundo no tuvo nada que ver con la formación del cinturón de asteroides; su existencia apunta a resolver situaciones como la existencia del Helio-3 en la superficie solar; el Helio-3 es un isótopo raro en las estrellas, pero común en los gigantes gaseosos; y otros problemas similares.

Faetón en los mitos

Faetón (Phaeton o Phaethon, que traduce brillante) forma parte de una genealogía distinta a la rama de los dioses olimpicos (hijos o familiares de Zeus). Sus padres eran el titán Helios (el dios sol, hermano de Semele, la diosa de la Luna y Eos, la diosa de la Aurora) y la oceánide Climena/Merope (nombre que traduce Fama/La que gira el rostro, y con este segundo nombre se relaciona con otra ninfa Clitia (Gloria), que al perder el amor del sol, aquí Apolo, se volvió un girasol, cuya flor lo sigue en el cielo; pero hay que tener cuidado de no confundir con otra ninfa de igual nombre Asia/Climena, esposa del titan Japeto y madre del Prometeo, Epimeteo, Atlas y Menecio, quien aquí se refiere a la oceánide que habitaba en Anatolia y que dio nombre a todo el continente al oriente de Grecia). Los abuelos por parte paterna de Faetón fueron Hiperión (fuego astral, el dios sol en la época de los titanes), el titan que gobernaba oriente y Tea (Theia, la diosa de la vista —oráculo, astrología—).

faeton

Así Faetón era en principio hermano de las ninfas Heliades; aunque otras versiones le ponen como madre a la ninfa Rodas (Rhode, también llamada Halia = sal marina), siendo por esta rama hermano de los Heliadae (genios marinos que sacaron a los Telequines, daimones marinos, de su isla y se dieron a su madre, isla que paso a llevar su nombre y donde la ninfa instauró el culto a su amante celeste, resultando en la construcción del Coloso de Rodas). Su padre Helios tiene entre sus otros nombres el de Febo (Phoebus = resplandeciente), mismo epíteto dado al dios Apolo, por ello ambos dioses (Helios y Apolo) se confunden muchas veces como padres de Faetón. Otras medio hermanas famosas de Faetón fueron la bruja Circe que transformó a los hombres de Odiseo/Ulises en cerdos y Pasifae la reina cretence esposa de Minos y madre del Minotauro; estas son algunas de hijas que el dios Helios tuvo con otra ninfa llamada Perces.

Helios

Fuera de estas discrepacias y otros parentescos en su ascendencia el mito de este joven titán se refiere a pedir a su padre manejar el carro del sol, con consecuencias funestas para todos. Según las historias Epafo (hijo de Zeus e Io) reinaba en Egipto, donde su madre había huido de la furia de Hera, y tenía gran amistad con Faetón, pero aunque eran amigos, las disputas por su ascendencias se presentaban entre ambos; tuvo la mala fortuna Epafo que llegó a reprocharle a Faetón de que era hijo de padre desconocido; ya que su madre ya lo cargaba cuando desposo con Merope (aquí un rey de Etiopía), él cual que había adoptado a Faetón.

Hiperion

Ante esta ofensa Faetón fue donde su madre y pidió que le revelara el verdadero nombre de su padre, así como consejo para perpetrar una venganza o hallar algún modo de recuperar el honor perdido. Climena reveló a su hijo que su padre era el increíble dios del sol, y le aconsejó a su hijo que solicitara el permiso de su verdadero padre para conducir su carro aunque sólo fuera por un día para así demostrar a todo el mundo la verdad de su nacimiento. Faetón acudió a Helio para comprobar si era verdad, el dios al saber lo ocurrido reconoció su paternidad y juro por la diosa de laguna Estigia (lo que convertía el juramento en irrevocable) que ayudaría a su hijo a cobrar la afrenta; fue cuando su hijo, siguiendo el consejo de su madre, pidió a su padre en manejar el carro del sol por un día. Imposibilitado de no poder romper el juramente Helios tuvo que ceder ante los ruegos de su hijo, consciente de los peligros que implica conducir el carro solar y se dispuso a preparar el carro para el siguiente amanecer.

Coloso de Rodas

Faetón había montado ya en el carro, pero antes de que emprendiera el vuelo, Helios le aconsejó que no subiera demasiado al cielo, pero que tampoco estuviera muy cerca de la tierra, pues ambas cosas resultarían muy peligrosas. Pero la juventud de Faetón fue pronto notada por los briosos corceles, y el joven fue incapaz de mantener el control de las riendas y de los caballos. El carro dejó su curso acostumbrado, y primero se apartó y atravesó el cielo, prendiéndole fuego, las marcas de ese incendio celeste aún son visibles en lo que hoy se llama la vía láctea, y después el carro trajo los rayos abrasadores a muchas partes de la tierra habitada y quemado la tierra misma, así surgió el desierto del Sahara, y sus gentes se volvieron de tez oscura; secó entonces los ríos, y Poseidón surgió de las aguas con su tridente a tratar de detenerlo, pero no pudo con el intenso calor y se vio obligado a bajar a las profundidades del mar que ya empezaba a evaporar. La tierra (Gaia) gimió de desesperación y pidió a Zeus que detuviera tal tormento. Zeus, enojado por lo que había sucedido, hirió Faetón con un rayo y envió a su hijo Apolo a que llevara al carro del sol a su curso acostumbrado.

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Faetón, que cayó a la tierra en un torbellino hasta golpear contra la desembocadura del río Erídano, llamado en esas tierras con el nombre de Pados (el actual río Po, al norte de Italia). El sitio donde cayó su cuerpo calcinado oscureció las aguas dando origen al betún del río, aguas que hasta hoy día se ven afectadas hasta el punto de agotamiento por el olor nauseabundo que dejó el cuerpo humeante de Faetón.

El rey Cicno de los Ligures (en el norte de Italia) fue hasta el lugar para tratar de ayudar a su amigo y rescatar el cuerpo; pero la pena de su muerte pudo más que sus fuerzas, apenas logró llegar a la orilla, sus llantos envolvieron el lugar, y los dioses lo transformaron en cisne, que desde entonces odia el fuego y el calor, por ello los cisnes migran al norte escapando del sol ardiente del verano.

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Sus hermanas, las Helíadas, finalmente llegaron y recogieron su cuerpo, le rindieron honores fúnebres y lo enterraron. Sumidas en la tristeza sus lágrimas constituyeron el ámbar que se encuentra aún en ese río y después, fueron metamorfoseadas en álamos. Por su parte Helios perdió no solo a su hijo, sino el carro solar, que pasó por orden de Zeus a su hijo Apolo, que desde entonces es el dios que conduce el carro solar. La moraleja de esta leyenda es que los padres deben aprender a no ser excesivamente permisivos con los caprichos de sus hijos, porque, como en este caso, podrían procurarle la muerte.

Apolo y las musas; la Aurora abre el día

Deucalión (Deucalion), el planeta del ensayo y error.

Deucalión (53311 Deucalion / 1999 HU 11) es un objeto trans-neptuniano (TNO) descubierto en 1999 y se clasifica como un cubewano. Tiene unas dimenciones cercanas a 200 km, su perihelio es de unos 41,62 UA y su afelio de 47,2 UA, siendo uno de los objetos del cinturón de Kuiper encontrados con una de las orbitas más circulares, su excentricidad es de 0,06; y casi no tiene inclinación en la eclíptica (0,34°). Su tiempo de traslación es de unos 291 años; pasará por su perihelio en 2068 ubicado a unos 27° Capricornio, estando su nodo norte (ascendente) a unos 22° Tauro; encontrándose en los actuales momentos a unos 10° Escorpio.

En el mito, Deucalión y su esposa Pirra, son los equivalentes griegos de Noe y su esposa Naama, sobrevivientes del diluvio bíblico. En la versión griega y en muchos mitos el hombre ha sido creado y destruido varias veces por los dioses. Los humanos fueron la creación del titán Prometeo, hijo del más grande —por tamaño y por primogénito de Urano y Gea— de todos los antiguos titanes. El titán Japeto fue esposo de una Oceanide llamada Asia o Clímene; indicando que su dominio se encontraba en oriente; hijos de la pareja fueron Epimeteo, Prometeo, Atlas y Menecio. El primero no lucho en la titanomaquia (la guerra entre dioses y titanes), el segundo ayudó a los dioses y fue amigo de juegos de Zeus cuando eran niños; los otros dos lucharon contra los dioses y Atlas fue condenado a sostener el techo del mundo (cielos) por la eternidad —hasta que paso Perseo volando después de vencer a Medusa y lo petrificó convirtiéndolo en las montañas de África que lleva su nombre; el que tuvo la peor parte tras la lucha fue Menecio, muerto por un rayo de Zeus.

Los animales y los hombres fueron hechos del barro por Epimeteo y Prometeo respectivamente. Mientras Epimeteo doto a sus distintas creaciones de fuertes dientes, terribles garras, duros picos, rápidos cascos, firmes plumas, etc.; la creación de los hombres se hizo mirando la imagen de los dioses. Y así cuando regia Cronos se dio la Edad de Oro, los hombres vivían junto a los dioses y era una época caracterizada por la paz y la felicidad. Los hombres no tenían que trabajar para alimentarse, ya que la tierra los proveía de todo cuanto necesitaban —El Edén—. Vivían durante muchos años, pero siempre con apariencia joven, hasta que morían de forma tranquila.

Tras la caída de los titanes, los hombres y los dioses se separaron, fue la Edad de Plata; y estos olvidaron a los dioses y Zeus creó las estaciones y los hombres murieron por del frío del invierno que provocaba Demeter ante la pedida de su hija Persefone. Fue cuando Prometeo temiendo por sus hijos/creaciones robó el fuego de los dioses y se lo dio a los hombres. Por este acto Zeus castigó a Prometeo, quien fue encadenado en la cima del Cáucaso y cada día un águila venía y devoraba su hígado; y el como inmortal cada noche lo regeneraba para seguir el eterno sufrimiento.

Para castigar el falta de fe de los hombres de esta edad, Zeus ordenó que Hefesto modelara una imagen con arcilla, con figura de encantadora doncella, semejante en belleza a las inmortales, y le infundiera vida. A Afrodita le mandó otorgarle gracia y sensualidad, y a Atenea concederle el dominio de las artes relacionadas con el telar y adornarla, junto a las Gracias y las Horas con diversos atavíos, a Hermes le encargó sembrar en su ánimo mentiras, seducción y un carácter inconstante. Ello, con el fin de configurar un “bello mal”, un don tal que los hombres se alegren al recibirlo, aceptando en realidad un sinnúmero de desgracias.

Y esta nueva mujer creada fue llamada Pandora y entregada a Epimeteo, Y hubo razón para ello, Epimeteo por encargo de su hermano Prometeo, custodiaba una vasija donde había logrado encerrar a todos los males que azotan a la humanidad. A pesar de que su esposo le había prohibido terminantemente abrir aquella caja, Pandora picada por la curiosidad la abrió. De ella escaparon todos los males —plagas y enfermedades— esparciéndose rápidamente entre el genero humano, solo quedó la esperanza, que Epimeteo logró atrapar cerrando la caja apresuradamente. Y desde entonces los hombres ya no vivieron cientos de años, sino algunas decenas.

En este ambiente surge la Edad de Bronce; donde el fuego permitió a los hombres no sólo vencer el invierno, sino a fabricar instrumentos y armas de metal y producto de los males repartidos los hombres se mataban entre si.

Finalmente Zeus cansado de los hombres y sus guerras decide exterminarlos con un gran diluvio; y abre las puertas del cielo para que inunden la tierra. Pero un humano se salva con su mujer; se trata de Deucalión, un hijo de Prometeo, quien estaba casado con Pirra, una hija de Epimeteo y Pandora. Deucalión sabía de las intenciones de los dioses de parte de su padre Prometeo, una vez que lo fue a ver al Caucaso. Había preparado un arca y cuando empezó a llover se subieron él y su mujer con todo lo que pudieron. A diferencia del dios judío que hizo llover durante 40 días y 40 noches; Zeus, quizás menos poderoso, solo mantuvo la lluvia nueve días y nueve noches.

Después de nueve días y otras tantas noches navegando, con el fin del diluvio la pareja volvió a tierra firme y Deucalión decidió consultar un oráculo de Temis sobre cómo repoblar la tierra. Se le dijo que arrojase los huesos de su madre por encima de su hombro. Deucalión y Pirra entendieron que “su madre” era Gea, la madre de todas los seres vivientes, y que los “huesos” eran las rocas. Así que tiraron piedras por encima de sus hombros y éstas se convirtieron en personas: las de Pirra en mujeres y las de Deucalión en hombres. Estos seres forman la última raza humana, la raza de la Edad de Hierro, destinada a sobrevivir a los males que tiene ahora el mundo y a trabajar todos los días por su sustento.

Las semejanzas entre Deucalión y el Noe bíblico son muy cercanas. Noe y su mujer se salvaron con sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet; y sus esposas (tres mujeres). Deucalión y Pirra tenían seis hijos, tres varones y tres hembras: Helén, Oresteo y Anfictión, Pandora (nieta de la Pandora de la caja), Tea y Protogenia. Noe tras el diluvio se emborracha; Deucalión traduce ‘Vino para el marinero’ y su mujer Pirra traduce ‘vino rojo’. Algunos asemejan los nombres del hijo de Noe, Jafet/Japhet, con el nombre del titán Japeto, el abuelo de Deucalión, que justamente reinaba en la hoy Turquía; y los hijos de Jafet se movieron hacia la hoy Turquía y al norte entre el Mar Negro y el Mar Caspio, tierras donde se encuentra el Cáucaso, lugar donde castigaron a Prometeo, son demasiadas coincidencias para descartar y no pensar en un origen común para ambos mitos.

En astrología Deucalión se traduce en aprender del ensayo y el error; esto significa que periódicamente se debe empezar desde el principio, pero con toda la experiencia adquirida previamente. Este ir y venir se ve reflejado en las mareas, este flujo constante y cíclico que nos permite apreciar las habilidades de cada hombre en particular; pero los flujos de agua, siempre semejantes pero siempre distintos nos pueden abrumar y ahogar; es esa sensación de tratar de mantenerse a flote, de que la carga nos abruma, el sentirse financieramente inestable son los aspectos negativos que señala Deucalión.

Hijos de la Noche (3) Eros, el deseo sexual

Eros era un Protogenos (Deidad primordial) de procreación que se formó a si mismo al principio de los tiempos. Él era la fuerza detrás de la generación de nueva vida en el cosmos temprano. No hay que confundirlo con el dios travieso armado con arco y flechas, que era un hijo de la diosa Afrodita y conocido entre los romanos como Cupido.

Los padres de este Eros primordial incluyen, a ninguno (auto-creado), nacido de Caos (aire inferior), y finalmente se le hace el primer hijo de Érebo y Nix.

En el sentido en que normalmente se concibe, Eros es una criatura de los poetas griegos más tardíos; y para entenderlo debemos distinguir a tres Eros: el Eros de las cosmogonias antiguas, el Eros de los filósofos y misterios que tiene gran parecido al primero y el Eros que asociamos con el famoso Cupido romano.

Homero no menciona a Eros, y en su Iliada (siglo VIII a.C) cuando dice que el origen de todas las cosas se encuentra en el Océano:

[Zeus al ver a Hera le pregunta] —¡Hera! ¿A dónde vas, que tan presurosa vienes del Olimpo, sin los caballos y el carro que podrían conducirte?.

Respondió dolosamente la venerable Hera: — Voy a los confines de la fértil tierra, a ver a Océano, padre de los dioses, y a la madre Tetis, que me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su palacio. Iré a visitarlos para dar fin a sus rencillas. Tiempo ha que se privan del amor y del tálamo, porque la cólera anidó en sus corazones. Tengo al pie del Ida los corceles que me llevarán por tierra y por mar, y vengo del Olimpo a participártelo; no fuera que te enfadaras si me encaminase, sin decírtelo, al palacio del Océano, de profunda corriente.

En este primer mito, el más antiguo, no aparece Eros, y se pone como padre de todas las cosas a la pareja Oceano y Tetis, padres de todos los ríos y fuentes. Hay que recordar que al único Titan que Zeus no molestó tras su triunfo fue el Océano. Es lógico suponer el gran poder de este ser, que envuelve toda la tierra, por lo cual Zeus no se atrevió a molestarlo.

Un poco posterior, Hesiodo es el autor más antiguo que menciona a Eros, lo describe como el Eros cosmogónico; señala el autor en su Teogonía (siglo VIII a.C.):

En primer lugar existió el Caos. Después Gea [tierra] la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. En el fondo de Gea de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro [infierno]. Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos. Del Caos surgieron Érebo [tinieblas] y la negra Nix [noche]. De Nix a su vez nacieron el Éter [luz] y Hemera [día], a los que alumbró preñada del contacto amoroso con Érebo. Gea alumbró primero al estrellado Urano [cielo] con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a los grandes Ourea [montañas], deliciosa morada de diosas, las ninfas que habitan en los boscosos montes. Asimismo dio a luz al mar imposible de secar, de impetuosa corriente, a Ponto, sin deseado matrimonio. Pero luego unida en amor a Urano parió a Océano de profundos remolinos, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis y a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la encantadora Tetis, y tras ellos de último nació Cronos de tortuosa intención, el más terrible de sus hijos y en él floreció el odio contra su padre. Dio a luz además a los Cíclopes de soberbio espíritu, a Brontes, a Estéropes y al violento Arges, que regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos en lo demás eran semejantes a los dioses, pero en medio de su frente había un solo ojo. Cíclopes era su nombre por sinónimo, ya que efectivamente, un solo ojo completamente redondo se hallaba en su frente. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos. También de Gea y Urano nacieron otros tres hijos enormes y violentos cuyo nombre no debe pronunciarse: Coto, Briareo y Giges, monstruosos engendros. Cien brazos informes salían agitadamente de sus hombros y a cada uno le nacían cincuenta cabezas de los hombros, sobre robustos miembros. Una fuerza terriblemente poderosa se albergaba en su enorme cuerpo.

Según lo anterior, Eros era una de las causas fundamentales en la formación del mundo, ya que su poder unió a los protógenos y trajo orden y armonía entre los elementos contradictorios que coexistieron en el caos.

Otras cosmogonias intervienen y cambian el orden de las cosas; en las cosmogonias Orficas (atribuidas a Orfeo), primero fue la Nix noche y Érebo; cuales aves negras ponen un huevo cósmico sobre el Tartaro (hoyo infernal que hace las veces de nido), huevo del cual surgirán el resto de las cosas al ser “fecundado” o roto por Eros (el primer nacido); la parte superior del huevo formará la bóveda celeste (cielo: Urano), la inferior la tierra (Gea) y el mar (Ponto / Oceano), entre ambos el vacío (Caos), visto así, la versión de Hesiodo se inicia en este punto, cuando está el vacío que quedó al romperse el huevo. En esta tradición se explica por qué Zeus no puede pelear contra Nix, cuando Hipnos (sueño) se oculta con su madre (la noche), el poderoso Zeus no tiene el poder para atreverse a enfrentar a la poderosa noche (generadora de todas las cosas : huevo cósmico). En esta tradición Aristófanes en su comedia Pájaros (siglos V a. C a IV a.C) narra que las aves son hijas de este Eros protogenos y del Caos:

En el principio sólo existían el Caos y la Noche [Nix], el negro Érebo y el profundo Tártaro; la tierra [Gea], el Aire [Eter] y el Cielo [Urano] no habían nacido todavía; al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Erebo un huevo sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido Amor [Eros] con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino. El Amor uniéndose, en los abismos del Tártaro tenebroso, al Caos alado, engendró nuestra raza, la primera que nació a la luz. La de los inmortales no existía antes de que el Eros mezclase los gérmenes de todas las cosas; pero, al confundirlos, brotaron de tan sublime unión el Cielo, Tierra, Océano y la raza eterna de las deidades bienaventuradas.

He aquí cómo nosotros somos muchísimo más antiguos que los dioses. Nosotros somos hijos del amor; mil pruebas lo confirman; volamos como él y favorecemos a los amantes. ¡Cuántos lindos muchachos habiendo jurado ser insensibles, se rindieron a sus amantes al declinar su edad florida, vencidos por el regalo de una codorniz, de un porfirión, de un ánade o de un gallo¡ Nos deben los mortales sus mayores bienes. En primer lugar, anunciamos las estaciones; la primavera, el invierno y el otoño; la grulla, al emigrar a Libia, advierte al labrador que siembre; al piloto, que cuelgue el timón y se entregue al descanso; a Orestes, que se mande tejer un manto para que el frío no le incite a robárselo a los transeúntes. El milano anuncia, al aparecer, otra estación y el momento oportuno de trasquilar los primaverales vellones; y la golondrina dice que ya es preciso abandonar el manto y vestirse una túnica ligera.