El planeta X, el mundo nunca encontrado

En la década de 1840, el matemático francés Urbain Le Verrier utiliza la mecánica newtoniana para analizar las perturbaciones en la órbita de Urano, y plantea la hipótesis de que eran causadas por el tirón gravitacional de un planeta aún por descubrir. Le Verrier predijo la posición de este nuevo planeta y envió sus cálculos al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle. El 23 de septiembre de 1846, la noche siguiente a su recepción de la carta, Galle y su estudiante Heinrich d’Arrest descubrieron Neptuno, exactamente donde Le Verrier había predicho; ello era un gran logro para la mecánica de Newton. Pero aún quedaban algunas pequeñas discrepancias en las órbitas de estos dos nuevos gigantes gaseosos. Estas fueron tomadas como indicios para indicar la existencia de un nuevo planeta orbitando más allá de Neptuno.

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Pero incluso antes del descubrimiento de Neptuno, algunos ya especulaban de que un planeta por sí solo no era suficiente para explicar la discrepancia original de Urano. El 17 de noviembre de 1834, un astrónomo aficionado británico, el reverendo Thomas John Hussey, informó de una conversación que había tenido con el astrónomo francés Alexis Bouvard. Hussey señaló en conversación con Bouvard sobre el movimiento inusual de Urano; este último señalaba que había mantenido correspondencia con Peter Andreas Hansen, director del Observatorio Seeberg (Suiza), sobre el tema; en opinión de Hansen un solo cuerpo no podía explicar adecuadamente el movimiento de Urano, y proponía que dos planetas existían más allá de Urano.

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En 1848, Jacques Babinet propuso una observación con los cálculos de Le Verrier, alegando que la masa observada de Neptuno era más pequeña y su órbita más grande que la que Le Verrier había predicho inicialmente. Postuló así que otro planeta de aproximadamente doce veces la masa terrestre, al que llamó ‘Hyperion‘, debía existir más allá de Neptuno. Le Verrier rebatió la hipótesis de Babinet, diciendo: —No hay absolutamente nada en lo que se podría determinar la posición de otro planeta, salvo supuestos juegos en una imaginación en parte demasiado grande—.

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En 1879, Camille Flammarion señaló que los cometas 1862 III y 1889 III tenían un afelio de 47 y 49 UA, respectivamente, lo que sugería que podría marcar el radio de la órbita de un planeta desconocido que los había arrastrado a una órbita elíptica. El astrónomo Georges Forbes llegó a similar conclusión, basándose en el hecho de que cuatro cometas conocidos poseían afelios alrededor de 100 UA y otros seis con afelios en torno a las 300 UA, postulando no uno, sino dos planetas, debían existir más allá de Neptuno. Estos elementos concordaban sugestivamente con las realizadas de forma independiente por otro astrónomo llamado David Peck Todd, lo que sugería que la afirmación podría ser válida. Sin embargo, los escépticos argumentaron que las órbitas de los cometas en cuestión eran aún demasiado inciertas como para producir resultados significativos.

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En 1900 y 1901, el Observatorio de Harvard director William Henry Pickering dirigió dos búsquedas de planetas más allá de Neptuno. La primera fue iniciada por el astrónomo danés Hans Emil Lau quien, después de estudiar los datos sobre la órbita de Urano desde 1690 hasta 1895, llegó a la conclusión de que un planeta trans-neptuno por sí solo no podría explicar las discrepancias en su órbita, y postuló que dos planetas, en su opinión, eran los responsables. La segunda busqueda se inició cuando Gabriel Dallet sugirió que un solo planeta trans-Neptuno ubicado a 47 UA podría explicar el movimiento de Urano. Pickering acordó examinar las placas para cualquier planeta sospechoso. En ninguno de los casos se encontró ninguno.

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Ya desde 1894 Percival Lowell un rico bostoniano, con la ayuda de William Pickering, había fundado el Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona. En 1906 Lowell estaba convencido de que podía resolver el enigma de la órbita de Urano y comenzó un amplio proyecto para buscar un planeta trans-Neptuno, que llamó Planeta X. (La ‘X’ en el nombre representa una incógnita y se pronuncia como la letra, sin comparación con el número romano para 10; en ese momento, el Planeta X habría sido el noveno planeta). Esperanza de Lowell en la búsqueda del Planeta X era re-establecer su credibilidad científica, que lo había eludido gracias a su creencia ampliamente ridiculizada de que características visibles en la superficie de Marte eran canales construidos por una civilización inteligente (idea que dio origen a obras de ciencia ficción como las aventuras de John Carter en Marte de Edgar Rice Burroughs, el mismo autor de Tarzan). Lowell primero centró su búsqueda en la eclíptica, el plano que abarca el zodiaco donde los otros planetas del Sistema Solar giran. Utilizando una cámara fotográfica de 5 pulgadas, examino manualmente más de 200 exposiciones de tres horas con una lupa, y no encontró planetas; en ese momento Plutón, por su elevada inclinación estaba muy por encima de la eclíptica para entrar en las fotos.

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Por otra parte, en 1908, Pickering anunció que, mediante el análisis de las irregularidades en la órbita de Urano, había encontrado evidencia de un noveno planeta. Su planeta hipotético, que calificó de ‘Planeta O‘ (debido a la letra que sigue después de ‘N’, es decir, Neptuno), poseía un radio medio orbital de 51,9 UA y un periodo orbital de 373,5 años. Pero en las placas tomada en su observatorio en Arequipa, Perú, no encontró ninguna evidencia para el planeta predicho, y el astrónomo británico P. H. Cowell reveló que las irregularidades observadas en la órbita de Urano prácticamente desaparecían una vez que el desplazamiento del planeta de longitud se ha tenido en cuenta. Lowell, a pesar de su estrecha asociación con Pickering, desestimó ‘Planet O‘, diciendo: —Ese planeta está muy bien en denominarse ‘O’, una forma de decir ‘cero’, o que no es nada en absoluto—. Sin saberlo Pickering, en cuatro de las placas fotográficas tomadas en la búsqueda de ‘Planeta O‘ por los astrónomos del Observatorio de Monte Wilson en 1919 capturaron imágenes de Plutón, aunque esto fue sólo reconocido años más tarde. Pickering llegó a sugerir muchas otros posibles planetas trans-Neptuno hasta el año 1932, a los que llamó P, Q, R, S, T y U, ninguno se detecto nunca.

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En 1909, Thomas Jefferson Jackson See, un astrónomo con una reputación de ser un egocéntrico, opinó que —sin duda hay uno, probablemente dos, y posiblemente tres planetas más allá de Neptuno—. Tentativamente nombró al primer planeta ‘Oceano‘, no dio nombre para los siguientes dos, y los colocó a distancias respectivas de 42, 56 y 72 UA del sol; pero no dio ninguna indicación en cuanto a la forma en que determino su existencia, y no hubo búsquedas conocidas para localizarlos.

En 1911, el astrónomo indio Venkatesh P. Ketakar sugiere nuevamente la existencia de dos planetas tras-Neptuno, que él nombró ‘Brahma‘ y ‘Vishnu‘, al volver a trabajar en los patrones observados por Pierre-Simon Laplace en los satélites planetarios de Júpiter y su extrapolación a los planetas exteriores. Las tres lunas internas galileanas de Júpiter: Io, Europa y Ganímedes, están enfrascadas en una complicada 1:2:4 resonancia, que se denomina Resonancia de Laplace, y que se caracteriza porque nunca se puede producir una triple conjunción. Ketakar sugerió que Urano, Neptuno y sus hipotéticos planetas trans-Neptuno estaban encerrados en resonancias laplacianas. Aunque no está claro cómo Ketakar llego a estas cifras, Sus cálculos predijeron una distancia media de ‘Brahma‘ de 38,95 UA y un periodo orbital de 242,28 años terrestres (3:4 resonancia con Neptuno), pero no hizo predicciones sobre la distancia media y periodo de ‘Vishnu‘. Cuando Plutón fue descubierto 19 años después, su distancia media de 39,48 UA y un período orbital de 248 años de la Tierra estaban cerca de predicción de Ketakar (Plutón en realidad tiene un 2:3 resonancia con Neptuno); pero su segundo planeta, ‘Vishnu‘, nunca fue localizado.

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Para 1914, después de revisar sus pronosticadas posibles ubicaciones, Lowell realizó una segunda búsqueda entre 1914 hasta 1916. En 1915, publicó en su trabajo sobre un planeta trans-Neptuno, donde concluía que el Planeta X tendría una masa aproximadamente siete veces la masa terrestre, aproximadamente la mitad de la masa de Neptuno y se ubicaba a una distancia media del Sol de 43 UA. Asumió que el Planeta X sería un objeto baja densidad (como los otros gigantes gaseosos) y con un alto albedo. Como resultado tendría un disco con un diámetro de aproximadamente un segundo de arco y una magnitud aparente de entre 12 y 13 lo suficientemente brillante para ser vistos con los equipos existentes en la época.

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Muerte súbita de Lowell en 1916 suspendió temporalmente la búsqueda del Planeta X. El no encontrar el planeta, según un amigo, —casi lo mató—. Constanza Lowell, la viuda de Percival Lowell, posteriormente envolvió el observatorio en una larga batalla legal para asegurar su porción del millón de dólares de la herencia de Lowell para sí misma, lo que significa que la búsqueda del Planeta X no pudo reanudarse durante varios años. En 1925, con fondos de George Lowell, hermano Percival, el observatorio cambió sus discos de vidrio por nuevos de trece pulgadas, lo que permitió para continuar la búsqueda. En 1929, el director del observatorio, Vesto Melvin Slipher, sumariamente entregó la tarea de localizar al planeta a Clyde Tombaugh, un chico de 22 años de edad, de una granja de Kansas que acababa de llegar en el Observatorio Lowell después de Slipher había quedado impresionado por una muestra de sus dibujos astronómicos.

Tombaugh tuvo la tarea era capturar sistemáticamente secciones del cielo nocturno en pares de imágenes. Cada imagen de cada un par se tomaba con dos semanas de diferencia. Se colocan entonces las dos imágenes en una máquina llamada de parpadeo, que crea rápidamente la ilusión del movimiento de cualquier cuerpo planetario. Para reducir las posibilidades de que un rápido movimiento (y por tanto más cerca) el objeto se confundiese con el nuevo planeta, Tombaugh fotografió cada región cercana de su punto de oposición, a 180 grados del Sol, donde el movimiento aparente retrógrado de objetos más allá de la órbita de la Tierra es más fuerte. También tomó una tercera imagen como un control para eliminar los resultados falsos causados por defectos en una placa individual. Tombaugh decidió fotografiar todo la franja del zodiaco, en lugar de centrarse en aquellas regiones sugeridas por Lowell.

A principios de 1930, la búsqueda de Tombaugh había llegado a la constelación de Géminis. El 18 de febrero de 1930, después de buscar durante casi un año y examinar cerca de 2 millones de estrellas, Tombaugh descubrió un objeto moviéndose en las placas fotográficas tomadas el 23 de enero y 29 de enero de ese año. Una fotografía de menor calidad tomada el 21 de enero confirmó del movimiento. Tras la confirmación, Tombaugh entró en el despacho Slipher y declaró: —Doctor Slipher, he encontrado su Planeta X—. El objeto estaba a solo seis grados de una de las dos ubicaciones para el Planeta X que Lowell había sugerido; por lo que parecía que por fin se había reivindicado. Después de que el observatorio obtuvo fotografías más confirmatorias, la noticia del descubrimiento fue telegrafiado al Observatorio del Harvard College el 13 de marzo de 1930. El nuevo objeto fue posteriormente pre-descubierto en las fotografías que se remontan al 19 de marzo de 1915. La decisión de nombrar el objeto Plutón estaba destinado en parte para honrar a Percival Lowell, según sus iniciales formaban la palabra las dos primeras letras. Después de descubrir Plutón, Tombaugh continuó buscando en la eclíptica otros objetos distantes. Encontró cientos de estrellas variables y asteroides, así como dos cometas, pero no más planetas.

Pero Plutón no era como se esperaba, para decepción del observatorio y sorpresa de muchos, Plutón no mostró un disco visible, sino que aparece como un punto, no es muy diferente de una estrella, con una magnitud 15, ello era seis veces menos brillante que lo que Lowell había predicho, lo que significaba que era muy pequeño o muy oscuro. Los astrónomos pensaron entonces para apoyar la ideas de Lowell que Plutón debía ser muy masivas para perturbar los planetas y que tendría un albedo de 0,07 (es decir, que refleja sólo el 7% de la luz que lo golpeaba), casi tan oscuro como el asfalto y similar a la de Mercurio, el planeta menos reflectante conocido; ello apoyaba el nombre asignado a Plutón, que era el dios del inframundo y la oscuridad. Bajo esta premisa se daba a Plutón un diámetro de unos 8.000 kilómetros, o aproximadamente el 60% de la Tierra.

Las observaciones también revelaron que la órbita de Plutón es muy elíptica, mucho más que para cualquier planeta. Ello hizo que algunos astrónomos expresaran su escepticismo por los resultados. Poco después de su descubrimiento en 1930, Armin O. Leuschner disputó el status de Plutón, sugiriendo que por su oscuridad, excentricidad orbital e inclinación, era de hecho más similar a un asteroide o un cometa. En 1931, Ernest W. Brown afirmó, usando una fórmula matemática, que las irregularidades observadas en la órbita de Urano no podía ser debido al efecto gravitacional de un planeta más distante, y por lo tanto la predicción de Lowell era ‘puramente accidental’.

A lo largo del siglo XX, las estimaciones de la masa de Plutón fueron revisadas, y siempre a la baja. En 1931, Nicholson y Mayall calcularon su masa, basado en su supuesto efecto sobre los gigantes de gas, para 1949, las mediciones del diámetro de Plutón llegaban a la conclusión de que era de la mitad de tamaño entre Mercurio y Marte, y que su masa era más probable de alrededor de 1/10 masas de la Tierra. En 1976, Dale Cruikshank, Pilcher Carl y David Morrison, de la Universidad de Hawai, analizaron el espectro de la superficie de Plutón y determinó que éste debía contener metano helado, lo cual es muy reflectante. Esto significó que Plutón, lejos de ser oscuro, era de hecho excepcionalmente brillante, por lo que probablemente no era más que la masa de la Tierra 1/100.

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Tamaño de Plutón se determinó finalmente de forma concluyente en 1978, cuando el astrónomo estadounidense James W. Christy descubrió su luna Caronte. Esto le permitió, junto con Robert Sutton Harrington del Observatorio Naval de los EE.UU., para medir la masa del sistema Plutón-Caronte directamente al observar movimiento orbital de la luna alrededor de Plutón. Se determinó la masa de Plutón era de 1,31 × 1022 kg; aproximadamente un quinto centenario de la Tierra o una sexta parte la de la Luna, demasiado pequeño para explicar las discrepancias observadas en las órbitas de los planetas exteriores. La predicción de Lowell había sido solo una coincidencia; y si había un Planeta X, no era Plutón definitivamente.

Estimaciones de tamaño para Plutón

Año Masa Autor
1931 1 Tierra Nicholson & Mayall
1948 0,1 (1/10 Tierra) Kuiper
1976 0,01 (1/100 Tierra) Cruikshank, Pilcher, y Morrison
1978 0,002 (1/500 Tierra) Christy & Harrington

Después de 1978, una serie de astrónomos iniciaron una nueva búsqueda del Planeta X de Lowell, convencidos ya de que Plutón no es un candidato viable, un décimo planeta invisible debía perturbar a los planetas exteriores. Entre las décadas de 1980 y 1990, Robert Harrington lideró una búsqueda para determinar la causa real de las aparentes irregularidades. Calculo que el Planeta X estaría aproximadamente tres veces la distancia de Neptuno al Sol, su órbita sería muy excéntrica, y fuertemente inclinada en la eclíptica, en un ángulo de 32 grados con respecto al plano orbital de los planetas conocidos. Esta hipótesis fue recibida con una recepción mixta. Por otra parte Brian Marsden, del Centro de Planetas Menores de la Universidad de Harvard era más escéptico y señala que estas discrepancias eran cien veces más pequeñas que las anotadas por Le Verrier, y fácilmente podría ser debido a un error de observación de la época.

Mientras que su misión no implicaba una búsqueda del Planeta X, el observatorio espacial IRAS llegó a los titulares brevemente en 1983 debido a un ‘objeto desconocido’ que al principio fue descrito como ‘posiblemente tan grande como el planeta gigante Júpiter y posiblemente tan cerca que sería parte de este Sistema Solar’. Un análisis más detallado reveló que varios de los objetos no identificados, nueve eran galaxias distantes y el décimo fue ‘cirrus interestelar’, y no se encontraron cuerpos dentro del Sistema Solar

En 1988, A. A. Jackson y R. M. Killen estudiaron la estabilidad de la resonancia con Neptuno Plutón mediante la colocación de prueba de un ‘Planeta X‘ con diferentes masas y a varias distancias de Plutón. Órbitas de Plutón y Neptuno están en una resonancia 3:2, lo que evita la colisión o incluso cualquier acercamiento, a pesar de su separación en el eje z. Se encontró que la masa del objeto hipotético tenía que superar 5 veces la masa terrestre para romper la resonancia, y el espacio de parámetros es bastante grande y una gran variedad de objetos podrían existir más allá de Plutón, sin alterar la resonancia.

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Harrington murió en enero de 1993, sin haber encontrado el Planeta X. Seis meses antes, E. Myles Standish había utilizado los datos de la Voyager 2 de 1989 al sobrevolar Neptuno, había revisado la masa total del planeta a la baja en un 0,5%, una cantidad comparable a la masa de Marte, para volver a calcular su efecto gravitatorio sobre Urano. Cuando está recién determinada masa de Neptuno se utilizó en el Jet Propulsion Laboratory de Desarrollo Efemérides (JPL DE), las supuestas discordancias de la órbita de Urano desaparecieron, y con ellas la necesidad de un Planeta X para explicarlas también desapareció. No existen discrepancias en las trayectorias de las sondas espaciales como la Pioneer 10, Pioneer 11, Voyager 1 y Voyager 2 que se puedan atribuir a la atracción gravitatoria de un gran objeto desconocido en el Sistema Solar exterior. Hoy en día, la mayoría de los astrónomos están de acuerdo en que el Planeta X, como Lowell lo definió, no existe.

Después del descubrimiento de Plutón y Caronte, no hubo más objetos trans-Neptuno (TNO) hasta que se encontró (15760) 1992 QB1 en 1992. Desde entonces, cientos de estos objetos han sido observados. La mayoría son ahora reconocidos como parte del cinturón de Kuiper, un enjambre de cuerpos congelados sobrantes de la formación del Sistema Solar que orbitan cerca del plano de la eclíptica más allá de Neptuno. Aunque ninguno fue tan grande como Plutón, algunos de estos distantes objetos transneptunianos como Sedna, fueron descritos inicialmente en los medios de comunicación como ‘nuevos planetas’.

En 2005, el astrónomo Mike Brown y su equipo anunciaron el descubrimiento de 2003 UB 313 (más tarde llamado Eris por la diosa griega de la discordia y la contienda), un objeto trans-Neptuniano cuyas primeras lecturas lo ponían apenas más grande que Plutón. Poco después la prensa describió al objeto como el ‘décimo planeta’. Eris nunca fue clasificado oficialmente como un planeta, y la definición de planeta de 2006 redefinió tanto a Eris como a Plutón no como planetas, sino como planetas enanos porque no han limpiado sus órbitas, ya que ambos forman parte de una población de objetos de tamaño similar.

Un número de astrónomos, especialmente Alan Stern, el director de la misión NASA, New Horizons (Nuevos Horizontes) que viaja a Plutón, sostienen que la definición de la IAU es errónea, y que Plutón y Eris, y todos los grandes objetos transneptunianos, como Makemake, Sedna, Quaoar y Varuna, deben ser considerados planetas en su propio derecho. Sin embargo, el descubrimiento de Eris no revivió la teoría del Planeta X, ya que era demasiado pequeño como para tener efectos significativos en las órbitas de los planetas exteriores.

Planeta X_

Aunque la mayoría de los astrónomos aceptan que Planeta X de Lowell no existe, algunos de ellos han revivido la idea de que un gran planeta invisible que podría crear efectos gravitacionales observables en el Sistema Solar exterior. Estos objetos hipotéticos se refieren a menudo como ‘Planeta X’, aunque el concepto de estos objetos puede diferir considerablemente de la propuesta por Lowell. Así se tiene que el cinturón de Kuiper termina de repente, a una distancia de 48 unidades astronómicas (UA) del Sol (en comparación, Neptuno se encuentra 30 UA del Sol), y ha habido cierta especulación de que esta repentina bajada, conocido como el ‘acantilado Kuiper‘, puede atribuirse a la presencia de un objeto con una masa entre la de Marte y la Tierra situado más allá de 48 UA. Pero la presencia de un planeta como Marte en una órbita circular a 60 AU es incompatible con las observaciones de los TNO; ya que afectarían severamente la población de Plutinos. Pero los astrónomos no han excluido la posibilidad de un objeto con una mayor masa a la Tierra como planeta situado más allá de 100 UA con una excéntrica e inclinada órbita. Las simulaciones por ordenador de Patryk Lykawka de la Universidad de Kobe han sugerido que un cuerpo con una masa entre 0,3 y 0,7 la de la Tierra, expulsado hacia el exterior por Neptuno a principios de la formación del Sistema Solar y que en la actualidad tiene órbita alargada entre 101 y 200 UA desde el Sol, podría explicar el acantilado Kuiper y los peculiares objetos separados del cinturón de Kuiper tales como Sedna. Algunos astrónomos han apoyado con precaución estas afirmaciones, otros los han tachado de ‘artificial’. Algunos señalan argumentos de simple probabilidad; si la órbita de Sedna de 12000 años es tan excéntrica que es sólo visible durante una pequeña fracción de su periodo orbital alrededor del Sol, o sea que su descubrimiento fue un simple accidente, es probable que haya una población considerable de objetos más o menos del diámetro de Sedna que aún no se han observado. Mike Brown, descubridor de Sedna, señalaba en 2007 que Sedna es sólo tres cuartas partes del tamaño de Plutón. Si hay al menos sesenta objetos de las tres cuartas partes del tamaño de Plutón, entonces probablemente hay cuarenta objetos del tamaño de Plutón… Si hay cuarenta objetos del tamaño de Plutón, entonces hay probablemente diez que son el doble del tamaño de Plutón. Probablemente hay tres o cuatro que son tres veces más grande que Plutón, y el más grande de estos objetos… es probablemente del tamaño de Marte o de la Tierra.

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textos originales aquí

Griegos y Troyanos peleando en los cielos (10) París, el planeta de los malos presagios

El asteroide 3317, descubierto en 1984 recibe el nombre del príncipe troyano París, uno de los numerosos hijos del rey Príamo. Ocupa el puesto cuarenta y uno en la posición de descubrimiento de troyanos, pero con 116 km es el décimo en tamaño dentro del grupo de asteroides troyanos de Júpiter. Al igual que en los mitos, (3317) París tuvo que esperar a sus hermanos, menores y mayores fueran ubicados en los cielos, pero cuando llegó su momento, resulto ser uno de los más grandes cuerpos. El asteroide fue descubierto por los esposos Carolyn y Eugene Shoemaker, quienes tuvieron en su récord más de 800 asteroides y cometas, siendo la pareja famosa por el descubrimiento en 1993 del Cometa Shoemaker-Levy-9 (junto con David Levy); cometa que ocupo el año siguiente los titulares mundiales al ser el primer cuerpo que la ciencia observaba al estrellarse contra el gigante Júpiter, las heridas provocadas por el cometa sobre el gigante gaseosos durarían varios meses sobre su superficie. Aunque los cometas se estrellan contra el planeta de forma regular, en promedio dos cada siglo, un gran cometa como el Shoemaker-Levy-9 ocurre en promedio una vez cada milenio.

En la mitología griega, París, también llamado Alejandro (Aléxandros = el protector del hombre) fue un príncipe troyano, hijo del rey Príamo y de su esposa Hécuba; y como muchos de su familia, tuvo el don de la belleza; y fue conocido como ‘el de la hermosa figura’. Estuvo predestinado desde su nacimiento a ser la caída de Troya. En el embarazo de la reina Hécuba, ella soñaba que daría a luz a una antorcha que incendiaría la ciudad. Correspondió a Ésaco, hermanastro del futuro príncipe, quien poseía el don de interpretar los sueños en señalar que al nacer el nuevo príncipe debía ser sacrificado. El rey Príamo no se atrevió a tal horror, descartando en un principio tan recomendación; pero las profecías seguían llegando; Heleno y Casandra, dos hermanos gemelos del príncipe recién nacido y con el don de ver el futuro, contaban a su padre que acercarse a la cuna, tenían visiones de fuego y destrucción.

Así, pese a su horror de sacrificar a un hijo suyo, Príamo ordenó la muerte del niño; enviando al recién nacido al monte Ida, a que fuera devorado por las bestias. Pero la suerte del niño era otra, pero Agelao, el esclavo enviado por el rey a abandonarlo, volvió a la semana a buscar los restos para darle sepultura, pero inexplicablemente el bebe seguía vivo, así que consideró que era destino de los dioses, lo recogió y crió como propio. Su padre adoptivo lo llamó París. El chico creció, convirtiéndose un joven guapo y fuerte, que dominaba el arte de la música. Su primer amor fue una ninfa de nombre Enone; hija del dios del río Cebrén. Ella poseía el don de la profecía y la medicina, y le señaló al amado que ella sería la única que podría salvarlo de una herida mortal. Algo que sería cobrado años más tarde. De las relaciones entre Enone y París nace Córito.

Y ocurrió por esos tiempos que en las bodas de Peleo y Tetis (padres de Aquiles), pero una diosa no invitada al evento se apareció en la fiesta y lanzo con indiferencia una manzana dorada, Eris solo dijo a los presentes ‘para la más hermosa’. Todas las diosas presentes se vieron tentadas por aquella fruta dorada, pero tres finalmente se atrevieron a reclamar el honor; ante esas tres, ninguna otra se atrevió a intentarlo. Hera, la reina del Olimpo, Atenea la hija predilecta de Zeus y Afrodita, la única foránea que se atrevió a disputar la manzana a las dos más grandes diosas del Olimpo. Zeus prefirió mantenerse lejos de la disputa, una era su mujer y las otras dos sus hijas (Afrodita es en los mitos una diosa surgida de la sangre derramada por la castración de Urano por Cronos, y por ello anterior a los dioses mismos; pero la mente racional griega modifica el mito para impedir que Afrodita fuera superior a los dioses y la ponen como hija del Zeus con una oceánida llamada Dione, así su poder no puede ser superior el de su padre). Zeus envía a Hermes por un pastor de la región de Illión para que sea el juez en la disputa. París se vuelve el juez en el concurso de belleza y cada diosa le ofrece un premio por hacerla la más bellas de las diosas. Hera le ofrece reinar sobre un imperio en Asia (Anatolia); Atenea le ofrece convertirlo en el más grande guerrero de la historia, pero Afrodita, con menor que ofrecer decide usar su mayor don, a diferencia de sus rivales, se desnuda ante el mortal y le ofrece el amor de la mujer más hermosa en la tierra. Esa vista fue suficiente para convencer al pastor que dio el título de la más bella a Afrodita, que siempre protegería al chico, y obtuvo el odio eterno de las otras diosas.

En Troya por su parte, Príamo celebraba cada año unos juegos en honor a su hijo muerto. El premio en una ocasión era un poderoso toro; y en esa oportunidad París se atrevió a competir, ganando el premio, y la furia de sus hermanos, que no aceptaban el triunfo de un simple pastor. Antes de que fuera asesinado por sus propios hermanos, Casandra reconoció que el pastor era el hijo del rey; ante lo que Agelao tuvo que reconocer el origen de su hijo adoptivo. Así aquel pobre pastor pasa a convertirse en un príncipe del reino; pero eso sería el inicio de la caída tanto presagiada. París fue acogido en la corte real de Troya y pronto fue enviado como embajador a Grecia, la misión pedir el regreso de su tía Hesíone, que era concubina de Telamón, desde que el padre de Príamo no había pagado lo pactado a Heracles años atrás. Pese a las recomendaciones de Héleno, que presagiaba desgracias a Troya tras ese viaje la nave partió.

Tras un viaje infructuoso en la encomienda, París llega a Esparta y conoce a Helena, la más bella de las mujeres, y recordando la promesa de Afrodita, pide la ayuda de la diosa para enamorar a la esposa del rey Menelao. Mientras Menelao parte a Creta para las honras de su abuelo materno, París aprovecha la oportunidad de escapar a Troya con Helena y su dote, dejando atrás a Hérmione, la hija de nueve años de la reina con Menelao. La llegada a Troya dividió a la nación, mientras la población no aceptó a la reina fugitiva, la familia real aceptó a Helena y la desposó con París. La ninfa Enone se sintió traicionada y marcha de Troya con el hijo de ambos Córito. Años después Córito que era tan hermoso como su padre, y fue enviado por su madre, que quería vengarse de París o al menos estropear la relación, a cortejar a Helena; pero París, en un ataque de celos, acabó con él sin saber que era su hijo.

Pese a que los griegos reclamaron la devolución de la reina, la casa troyana no hizo caso a dicha petición; posiblemente en respuesta la misma razón de la no devolución de la única hermana de Príamo a los troyanos, la reina Hesíone, que estaba presa por los griegos. Menelao reunió una gran flota y durante diez años sitió a Troya. París intervino en varias batallas, pero es recordado en la guerra por dos cosas: la primera es su lucha con Menealo para decidir el destino de Helena, donde fue salvado por Afrodita, haciéndolo desaparecer en una nube, mientras Pándaro, instigado de Deifobos (un hermano de París), disparaba una flecha de Menelao. La segunda es haber dado muerte a Aquiles, cuando su hermana Políxena engaña al héroe y descubre su punto débil, y en una de los encuentros entre los amantes, París dispara en el talón de Aquiles la flecha envenenada que le daría muerte.

Al poco tiempo París muere a manos de Filoctetes, quien usando el arco de Heracles dispara una flecha mortal contra el príncipe troyano en una de esas tantas batallas. Los mitos señalan que París logró escapar de la batalla herido y busca a Enone, pero la ninfa se negó a ayudarlo (la traición con Helena y la muerte de su hijo Córito pesaban demasiado). Finalmente cuando la ninfa arrepentida salió en su búsqueda ya París había muerto. Los mitos dicen que en los funerales de París, Enone se suicidó arrojándose sobre la pira en la que era incinerado su amor. Así acababa la historia del bello príncipe troyano que por amor provocaría la mayor guerra entre los mortales de los mitos griegos. Lo que ocurrió con Helena lo relataremos más adelante.

París es desde sus inicios signo de destrucción, su presencia anuncia el caos y la muerte; es la antorcha que ilumina el camino de la guerra, la que presagia la caída y fin de algo. París, como muchos otros fue instrumento de los dioses, fue rescatado muchas veces para cumplir con las profecías que determinaron los hados; pudo haber muerto al ser abandonado en el monte Ida, pero fue rescatado; pudo morir a manos de sus propios hermanos, que desconociéndolo no aceptaban el triunfo en unos juegos de un campesino sobre verdaderos príncipes, pero lo salva su hermana al reconocerlo; pudo morir ante Menelao, más fuerte y ágil con las armas, pero lo salva Afrodita; así París sobrevive una y otra vez para poder cumplir su destino; y este se inicia con un juicio; decidir entre el poder de la fuerza y el amor; y al escoger al amor pone al mismo como la fuerza más poderosa, pero a su vez nos enseña del peligro de ser guiados por los instintos más que por la mente concreta; ese es el mensaje que trasmite este cuerpo celeste; poner las pasiones, las emociones, y entre ellas, una de las más básicas, el deseo sexual, por encima de la razón conduce muchas veces a la perdición misma, así recordamos que la lujuria más que el amor es y ha sido causa de infinitas tragedias.

Griegos y Troyanos peleando en los cielos (1) Aquiles, el planeta del valor

Mientras el cinturón de asteroides está lleno de diosas y ninfas; un poco más lejos, en la órbita de Júpiter, las fuerzas gravitatorias del gigante gaseoso crean dos regiones de estabilidad, ubicados a 60° por delante y detrás la órbita del planeta. Estas regiones están llenas de pequeños cuerpos (asteroides) que han sido nombrados con personajes masculinos de la Guerra de Troya y se conocen como puntos L4 y L5 de Lagrange respectivamente. La teoría señalaba que cuerpos de pequeña masa, comparada con la masa del planeta y del sol, podían ubicarse en esas posiciones y permanecer en una órbita estable en la misma resonancia que el planeta.

Hubo que esperar casi cien años para probar la teoría. A inicios de 1906 el astrónomo alemán Maximilian Franz Joseph Cornelius Wolf (Max Wolf) descubre al primer asteroide ubicado en el punto L4 de Lagrange de la órbita de Júpiter; este hecho demostraba la valides de las ecuaciones de Lagrange en su aplicación a la mecánica celeste. El astrónomo austriaco Johann Palisa sugirió el nombre de (588) Aquiles; y a partir de entonces los asteroides que se ubican en la órbita de Júpiter fueron conocidos como troyanos y se les nombra con nombres de los héroes de la mítica Guerra de Troya. Hoy por extensión se conocen como asteroides troyanos aquellos cuerpos que se ubican en las posiciones langragianas (L4 y L5) no sólo de Júpiter, sino en de órbitas de otros planetas alrededor del sol; o de grandes lunas alrededor de los planetas. (588) Aquiles tiene un tamaño medio de 135 km de diámetro y recibe el nombre del héroe de la Iliada de Homero.

A diferencia de los grandes cuerpos planetarios, los asteroides no han tenido verdadera presencia en el quehacer astrológico; salvo por los cuatro primeros cuerpos descubiertos (Ceres, Palas, Juno y Vesta) dentro del cinturón de asteroides, el resto no es tomado en cuenta dentro de la astrología. Sin embargo, si estos cuerpos antes nombrados del cinturón de asteroides representan aspectos típicamente femeninos (madre, hija, esposa y hermana). Los asteroides troyanos de Júpiter, que llevan nombres de héroes (varones) de la mitología griega, corresponden a características propiamente masculinas.

Aquiles es el héroe más grande dentro de la historia de la Iliada de Homero. Aquiles representa la fuerza y el valor. La vida de Aquiles fue la de un hombre que lucha contra su propio destino, y esta lucha es tanto externa, ante las fuerzas que lo impulsan; e interna que se niega a aceptar su destino. Aquiles vivió su vida llena de augurios, como hijo de una diosa (Tetis) y un mortal (Peleo) su nacimiento partía de un oráculo, que había predicho que el hijo de la diosa sería más importante que el padre; ante ello, dioses más poderosos (Zeus y Poseidón) se negaron a tentar al destino y casaron a la diosa de las aguas con el mortal Peleo.

A esta boda no fue invitada la diosa Eris (la discordia), pero esta se apareció de igual forma y lanzando una manzana dorada dijo que era para la más hermosa. En la disputa por la manzana entraron Atenea, Hera y Afrodita, y el juez fue un joven pastor llamado París. Afrodita gana el trofeo al ofrecer al joven el amor de la mujer más bella, Helena. Ello sería el detonante de una guerra que cambiaría el curso de muchos pueblos.

De la unión de Peleo y Tetis nace Aquiles, que crece rápido y fuerte, dada su naturaleza divina; su madre para protegerlo de todo mal lo sumerge en la laguna de la diosa Estigia, donde se vuelve invulnerable, salvo por el talón donde su madre lo sostenía. Ya mayor Aquiles, fue enviado por su padre, junto con su sobrino Patroclo, a ser entrenado por el centauro Quirón, entrenamiento por el que pasaban todos los héroes griegos. Estando en estas tierras, el augur Calcos o Calcante le decía al joven Aquiles que pronto tendría que decidir entre una vida corta y gloriosa, o una larga y anodina.

La decisión llegó pronto. Cuando el joven París, ya adulto rapta a la bella Helena y la lleva a su patria Troya; el esposo oficial de la chica Menelao y el resto de los antiguos pretendientes griegos deciden ir a rescatarla. Calcos señala que para tener la victoria hace falta la presencia de Aquiles. Su madre Tetis, sabiendo de la profecía previa de Calcos envía a su hijo a la corte del rey Licomedes, disfrazándolo de una chica que lleva por nombre de Pirra. Pero Odiseo, disfrazado de comerciante trae varios objetos a las hijas del rey, y Aquiles se ve tentado por unas armas, armas fabricadas por el dios Hefesto a petición de la diosa Tetis, que veía sus esfuerzos por salvar la vida de su hijo inútiles, descubriéndose así su identidad y partiendo para la guerra. No sin ante haber embarazado a la princesa Deidamía, el hijo de esta unión fue Neoptólemo, también llamado Pirro.

Aquiles fue como se predijo un gran guerrero en la batalla y mato a muchos héroes troyanos. Entre sus actos más recordados se encuentra el asesinato del príncipe troyano Troilo, que tenía en ese entonces diecinueve años y que una profecía señalaba que de llegar a los veinte Troya sería invencible. Pero el hecho más recordado es su furia o ira, ante el rey Agamenón, quien le había arrebatado la esclava Briseida. Aquiles no participa en más luchas, y para no perder los ánimos, su sobrino Patroclo se disfraza con la armadura del héroe. Pero el chico no tiene la fuerza del tío y muere en batalla a manos de Hector, que pensaba que era Aquiles. Ante estas noticias, dadas a Aquiles por Antiloco, un hijo del argonauta Nestor, el héroe vuelve a la batalla y mata a Hector. Arrastra el cuerpo del hijo mayor de Príamo por el campo de batalla y se niega a devolverlo; pero el rey Príamo le ruega en persona y accede. Siendo esta la historia narrada en el poema de la Iliada.

Tras estos hechos su nuevo compañero es Antiloco y cuando este muere a manos del guerrero etíope Memnón, sobrino de Príamo; Aquiles repite lo ocurrido con Patroclo, y mata a hijo de la diosa Eo, la aurora, que aún lo llora y vemos sus lagrimas todas las mañanas en el rocío matutino. Esta historia se narra en una obra perdida conocida como la Etiópida.

Pronto llegaría la muerte de Aquiles, mientras trata de acostarse con la princesa troyana Políxena, que tenía raptada desde la muerte de Troilo, París le dispara una flecha en el talón. El mito dice que esa flecha fue guiada por el propio Apolo, ya que Troilo, según algunas versiones, era su hijo con la reina Hécuba. Más tarde Filoctetes mató a París usando el enorme arco de Heracles. La armadura de Aquiles se la disputaron Odiseo y Ayax (el mayor); ganando el primero y enloqueciendo el segundo de tal forma que se suicido luego por su locura. (Sus armas: escudo y espada, son uno de sus grifos, el otro es propuesta de Mark Andrew Holmes)

Aquiles en astrología refleja primero al valor, pero también el aspecto negativo de la ira. El héroe se debate entre opuestos: la valentía y las tendencias suicidas, la venganza y el auto control. Aquiles promueve actos cuyas implicaciones afectan la vida de todos; influye en los líderes que pretenden cambios y la lucha por los derechos civiles. Por otra parte Aquiles es como el hombre joven que experimenta salir por primera vez del hogar y la presión materna, no sabe si seguir los pasos que le han guiado sus padres o si labrarse su propio destino; y es influenciado por tanto con facilidad por sus amigos. Es como el joven universitario que experimenta por primera vez la libertad de acción, pero su interior se debate entre seguir las ordenes de estudio, carrera y destino planificada por sus progenitores, o abrirse a sus propios deseos, aspiraciones y ambiciones. El valor no es sólo la capacidad de hacer actos heroicos, es la capacidad de enfrentarse a sus propios temores, aquellos que le han inculcado y lo retienen, y aquellos deseos internos que se fuerzan por aflorar y mostrar el verdadero potencial.

Plutinos, demonios en la primera puerta

En marzo de 1781 el astrónomo Sir William Herschel anunció el descubrimiento de Urano, ampliando las fronteras conocidas del Sistema Solar por primera vez en la historia moderna. Urano es también el primer planeta descubierto por medio de un telescopio. Tras el descubrimiento de Urano, se observó que las órbitas de Urano, Saturno y Júpiter no se comportaban tal como predecían las leyes de Kepler y de Newton. John Couch Adams y Urbain Le Verrier, de forma independiente, calcularon la posición de un nuevo e hipotético planeta, Neptuno, que finalmente fue encontrado por Johann Gottfried Galle en septiembre de 1846. Al igual que ocurrió con la órbita de Urano, sobre Neptuno se observaron ciertas perturbaciones de su órbita y la existencia del Planeta X (por la ‘x’ de incógnita) había sido predicha por Percival Lowell y William Pickering. Finalmente en febrero de 1930 el astrónomo Clyde William Tombaugh descubrió el que fue hasta 2006 el noveno planeta del sistema solar, Plutón. Para su descubrimiento utilizó un microscopio de parpadeo, con el cual comparó fotografías de una región del cielo que habían sido tomadas con varios días de diferencia.

Plutón fue hasta inicios del siglo XXI una incógnita y extrañeza respecto al resto de los planetas conocidos (cuerpos rocosos o gigantes gaseosos). Plutón era muy pequeño (dos tercios el tamaño de nuestra propia Luna); un mundo cuya densidad señalaba que era una combinación de hielo y roca; tenía una órbita inclinada (17°) con respecto al plano donde viaja el resto de los planetas, durante veinte años estaba más cerca del Sol que el propio Neptuno; su órbita era muy excéntrica (0,24) si se la compara con el resto que es casi circular. El tamaño de Plutón no lo pone como la causa real de las perturbaciones en la órbita de Neptuno. Plutón era muy pequeño para generar algún efecto apreciable en el gigante gaseoso; los problemas con Neptuno se debían realmente a no tener suficiente mediciones del último planeta gaseoso.

Para los años 60 se predijo la existencia de una zona de escombros similar al cinturón de asteroides (entre Marte y Júpiter), pero este ubicado fuera de la órbita de Neptuno y no de roca, sino de hielo, explicado el origen de muchos de los cometas. El cinturón de Kuiper recibe su nombre en honor a Gerard Kuiper, que predijo su existencia en los años 1960, unos treinta años antes de las primeras observaciones de estos cuerpos. Para 1992 se descubren los primeros cuerpos tras Neptuno, después de Plutón. 1992 QB1 fue el primero de una gran lista de cuerpos, inicialmente con tamaños entre 100 y 500 km de diámetro; hubo que esperar al 2000 con Varuna (785 km), 2001 con Ixión (730 km), 2002 con Quaoar (890 km); 2003 con Sedna (1700 km), Haumea (1150 km), Eris (2340 km) y Makemake (1420 km), 2004 con Orco (900 km) y Salacia (930 km); para que Plutón finalmente se encontrara con su verdadera familia. Todos estos grandes mundos son de hielo y roca, están inclinados y tienen gran excentricidad y se les conoce con el nombre de Plutoides, planetas enanos similares a Plutón ubicados tras Neptuno.

Plutón tiene entre sus peculiaridades una relación de resonancia con Neptuno, por cada dos vueltas de Plutón, Neptuno a dado tres vueltas. A medida que se descubrían cuerpos en el cinturón de Kuiper se encontraba que uno de cada cuatro tenía relación de resonancia similar a la Plutón. A todos estos cuerpos se les llamó por el genérico de Plutinos. El nombre se refiere sólo a la resonancia orbital y no implica otras características físicas, sino que se inventó para describir los cuerpos más pequeños que Plutón (de ahí el diminutivo) con órbitas similares. La clase incluye el propio Plutón y sus lunas.

La teoría supone que al Neptuno emigrar al exterior del sistema solar expulsó y dispersó los restos que existían en ese exterior; durante este proceso, algunos de ellos fueron capturados en órbitas resonantes; siendo la resonancia 3:2 la más fuerte y más estable entre todas las resonancias y es la razón principal por la que contiene el mayor número de cuerpos.

Aunque la mayoría de plutinos tienen bajas inclinaciones orbitales, un número sustancial de ellos siguen órbitas similares a la de Plutón, con inclinaciones en el rango de 10° a 25 ° y excentricidades de entre 0,20 a 0,25; resultando que el perihelio de muchos entra en el interior de la órbita de Neptuno y afelio cerca del borde externo del cinturón de Kuiper, donde los objetos (Twotinos) tienen resonancia más inestable con Neptuno (2:1).

Entre los más grandes Plutinos tenemos a Plutón, señor del todo el grupo y dentro del propio cinturón de Kuiper. Le siguen Orco e Ixión. Por tradición se sugirió que los miembros de este grupo recibieran nombres de deidades infernales; pero por otro Huya recibió el nombre de una deidad atmosférica de los pueblos guajiros; aquí no valió lo que hicieron con Haumea, en versión opuesta. Por su parte Radamanto es un cuerpo pequeño que en su momento fue clasificado como un plutino, y por ello su nombre como uno de los jueces del infierno; pero mediciones más precisas finalmente lo descartaron del grupo. El número de plutinos actualmente ronda más del centenar; entre ellos seis cuerpos más a los citados superan los 400 km de diámetro y los hace candidatos probables a engrosar la lista de planetas enanos. Aún sin nombre, estos cuerpos esperan su turno al bate para que los astrólogos digan su influencia sobre los mortales en esta tierra.

Gráfica del tamaño (Diámetro) de los Plutinos mayores contra su distancia media al Sol y su ángulo de inclinación contra la eclíptica

Gráfica del Perihelio y Afelio de los Plutinos comparados con otros TNO (Objetos Trans Neptuno)

Cuadro 1° Comparativo de los principales Plutinos

Nombre Diámetro (km) Perihelio (UA) Afelio (UA) Periodo (Años) Fecha de Descub.
Plutón 2360 29,7 49,2 248 18 feb 1930
Radamanto 210 32,8 44,9 242 17 abr 1999
Huya 510 28,5 50,0 246 10 mar 2000
Ixión 730 29,8 49,2 248 22 may 2001
2001 QF298 420 35,3 43,7 248 19 ago 2001
2002 XV93 440 34,6 44,3 248 10 dic 2002
2003 AZ84 800 32,5 46,5 248 13 ene 2003
2003 UZ413 610 30,7 48,2 248 21 oct 2003
2003 VS2 670 36,4 42,9 250 14 nov 2003
Orco 800 30,4 48,0 245 17 feb 2004
2007 JH43 505 38,1 40,6 247 10 may 2007

Cuadro 2° Comparativo de los principales Plutinos

Nombre Nodo Ascendente [*] Posición del Perihelio [*] Excentric. de la órbita Inclinación de la órbita Fecha del Perihelio
Plutón 110° 223° 0,25 17,1 08 may 1989
Radamanto 10° 89° 0,16 12,8 25 ago 1948
Huya 169° 237° 0,27 15,5 20 feb 2015
Ixión 71° 11° 0,25 19,7 11 oct 2070
2001 QF298 164° 206° 0,11 22,3 11 feb 1910
2002 XV93 19° 211° 0,12 13,3 11 mar 2069
2003 AZ84 252° 267° 0,18 13,5 03 ago 2107
2003 UZ413 136° 283° 0,22 12,0 10 jun 1942
2003 VS2 303° 56° 0,08 14,8 23 jul 2004
Orco 268° 342° 0,23 20,6 24 mar 1897
2007 JH43 65° 64° 0,03 18,2 30 mar 1891

[*] Ambos ángulos referidos con el Sol como centro de referencia. Con respecto a la Tierra pueden presentarse variaciones de unos ±5° según la posición de la Tierra para el momento de ocurrencia del evento. Los ángulos se mide respecto al punto de Aries .

Desde el punto de vista astrológico los planetas visibles estuvieron vinculados a cualidades humanas tangibles. Júpiter representaba en orden y la justicia; Saturno con su paso más lento era la mente consciente, representado como un anciano, se le vinculaba a la experiencia y el juicio que da la edad por encima de las emociones, que eran más propia de los mundos más cercanos (Mercurio, Venus, Marte, Luna y Sol).

Cuando aparecieron Urano, Neptuno y Plutón, fuera de la vista ordinaria, sus influencias se vincularon a aspectos del alma; de la imaginación, de la creación artística, de las creencias en el más allá; lo que no podía ser explicado por la mente consciente, era influenciado por esos mundos; que por su lento andar no afectaban al individuo, sino a las sociedades.

Tras encontrar a su verdadera familia, Plutón se renueva, no solo astronómicamente, sino astrológicamente. En principio Plutón, no sólo por el nombre, sino por los hechos presentes al ser descubierto, se le vinculó con la renovación y el cambio; y para ello se produce la destrucción de lo viejo para el nacimiento de lo nuevo. Así mientras los mundos de roca nos atan a las emociones, los gigantes gaseosos a la mente; Júpiter y Saturno a la mente consciente; mientras que Urano y Neptuno al inconsciente. Los cuerpos tras Neptuno se vinculan al alma y al espíritu.

Los pequeños mundos entre y más allá de los gigantes gaseosos señalan a la dualidad; los Centauros tratan de unir los distintos aspectos de la mente (consciente e inconsciente), los Twotinos ubicados en el extremo exterior del cinturón de Kuiper (resonancia 1:2) nos muestran que existen aspectos no se pueden nunca dar juntos.

Entre ellos los Plutinos son convierten en ese el primer muro de contención que hay que vencer antes de ir a la liberación del espíritu; son los que empiezan a separar la mente del alma misma. Por ello son la barrera primera, son los jueces que nos juzgan; ellos son como los dioses del libro de los muertos egipcio; pesan las acciones en vida y juzgan el alma del difunto. A continuación se expone la influencia de esos mundos más brillantes entre los Plutinos, que son los guardias de la primera puerta para el avance del alma en su crecimiento.

Cuadro 3° Comparativo de los principales Plutinos

Nombre Influencia principal
Plutón Nos centra en lo que es importante, para avanzar se deben tener metas claras, nos obliga a cambiar, aunque sigamos atados a lo conocido y ante la incertidumbre por el futuro, nos da el impulso que hace falta para avanzar o terminar de caer finalmente para luego podernos levantar.
Radamanto Busca la verdad escondida tras los actos observados. Enredos e intrigas rodean las verdades que quieren salir; falta saber si estamos preparados para descubrirlas y aceptarlas.
Huya Huya no es un demonio como sus hermanos, sino un ángel que ha descendido al submundo y nos muestra los ciclos que repetimos en la vida una y otra vez, sin romper el circulo vicioso que nos ata desde siempre.
Ixión Es el karma, nos que muestra los pecados que arrastramos y que nos limitan. La transformación que requerimos parte de entender quien somos realmente y aceptarnos como tal, con nuestros defectos y virtudes.
2001 QF298 Nuestra realidad se voltea, lo que creímos cierto y estable ya no existe. Esta nueva realidad exige que uno la acepte con todas las responsabilidades que conlleva; pero sin perder el quien somos realmente.
2002 XV93 Los errores del pasado regresan para cobrar su cuota; ello puede poner nuestro mundo de cabeza, la falta de decisión en atacar el viejo problema puede provocar que el mismo crezca sin medida.
2003 AZ84 Todo lo que has deseado parece llegar a cumplirse, pero pronto un incidente fortuito te hará evaluar todo lo que creías era la felicidad, y no estarás seguro de si es el camino escogido es la decisión correcta tanto anhelada.
2003 UZ413 Has cometido un error y este a cambiado tu vida de golpe; quieres por todos los medios volver atrás y hacer que nunca ocurrió; pero para avanzar debes reconocer el pecado y pagar las consecuencias que ha provocado.
2003 VS2 Para salvar algo hay que unir fuerzas con los amigos y los rivales; si no se logra la unión es posible que todos pierdan aquello por lo que todos luchan y se han peleado.
Orco Nos muestra las cosas externas que afectan nuestro avance de conciencia. Algo no quiere cambiar, pese a todos los intentos, finalmente la perseverancia permite abrir una puerta que no se esperaba y por ella avanzar.
2007 JH43 Para avanzar debemos retroceder a los inicios del camino; a la infancia y la juventud. Para entender el problema presente no hay nada mejor que buscar el origen y descubrir lo que aún nos ata inconscientemente al pasado.

2002 TC 302, el planeta de las crisis políticas

Descubierto el 9 de octubre de 2002 por el equipo del Observatorio Palomar, coordinado por Mike Brown, (84522) 2002 TC302 es un objeto del disco disperso que se adentra dentro del cinturón de Kuiper, su perihelio es de 39,2 UA (similar a la distancia media de Plutón) y luego viaja fuera de cinturón alcanzando un afelio de 72,3 UA, para un periodo orbital de unos 416 años. A diferencia de otros objetos descubiertos por el grupo de Brown, 2002 TC302 no ha recibido nombre ni apodo, ni siquiera de los astrólogos, que cuando los científicos fallan, ellos algún apodo le ponen ellos; así 2002 TC302 es un abandonado y olvidado mundo tras Neptuno.

2002 TC302 es sin embargo notable por algunas razones de peso; en primer lugar presenta una resonancia con Neptuno de 5:2; de la cual no hay otro cuerpo de tal tamaño con esa relación; y en segundo lugar las medidas estimadas de su tamaño lo ubican en 1100 km de diámetro, casi la mitad de Plutón. Siendo un candidato importante a engrosar la lista de planetas enanos y otro de los grandes cuerpos que aun no tienen nombre y nadie sabe por que de ello. Aunque sus descubridores señalan que las estimaciones dan gran error y como ocurrió con otros, el diámetro final podría ser mucho menor, cercano a los 800 km. 2002 TC302 tiene como la mayoría de estos grandes cuerpos un órbita muy inclinada respecto a la ecliptica, con unos 35° es cercana a Eris, y como su compañera de mayor tamaño, presenta una excentricidad elevada en su órbita, siendo de unos 0,30.

El igual que la mayoría de cuerpos en esos confines helados, su superficie muestra la presencia de compuestos orgánicos que le dan su brillo rojizo en los espectrómetros; su historia es similar a muchos otros, los compuestos de carbonos más volátiles se congelan a esas grandes distancias y son oscurecidos por la radiación del viento solar.

Desde el punto de vista astrológico 2002 TC302 para Mark Andrew Holmes parece indicar estrés dentro del contexto político; por su parte el portal Transneptunian-astrology lo vincula a situaciones de aprendizaje autoregulado, esto es que el propio estudiante se establece las metas y las formas para lograr sus propósitos académicos; el estudiante reconoce la relación entre el esfuerzo hecho y el logro alcanzado; de esta manera va vinculándose a su necesidad interna de avanzar y cuanto debe invertir para lograrlo.

En estos momentos 2002 TC302 se aproxima al perihelio al que llegará a mediados del 2058; y que ocurrirá casi saliendo del Tauro (astrológico), que es un símbolo que representa la consolidación. El último acercamiento de 2003 TC302 ocurrió a inicios de la década de 1640; periodo marcado por la guerra civil en el Reino Unido y la caída de Carlos I, quedando la monarquía británica supeditada al parlamento; un modelo de gobierno donde el poder legislativo pasa a controlar las acciones del ejecutivo; algo que se ha instaurado en todas los gobiernos democráticos actuales. Otro hecho interesante es que en 1641 Descarte publica sus escritos Meditación Filosófica; donde discute la naturaleza de Dios, el dualismo Mente-Cuerpo y da el discurso del Método, convirtiéndose en obra clave para la filosofía y la ciencia occidental.

También estuvo cerca del 1226; durante este periodo el imperio Mongol invade Europa Oriental; se inician las cruzadas y el feudalismo alcanza su mayor preponderancia. En la década de 810 el cristianismo se alzo como la gran religión de Europa, que se unifica baja Carlo Magno y donde se fomenta el feudalismo como forma de gobierno. Para 395 muere Teodocio el Grande y el imperio romano se divide en dos. Así estos mundos tras Neptuno no afectan al individuo mismo sino a la sociedad mundial; el efecto de 2002 TC302 al acercarse siempre ha modificado la forma de pensar del mundo occidental; cambiando la forma de hacer política y vinculado a momentos de grandes tensiones internas y externas entre las naciones. Su grifo es un anagrama de sus letras, y es una ola que avanza para caer como cascada en profundidades desconocidas de las cuales no parece haber salida.